lunes, 11 de julio de 2011
PREGUNTA
martes, 5 de julio de 2011
SINRAZÓN - (Parte 3)

lunes, 27 de junio de 2011
SINRAZÓN - (Parte 2)
martes, 21 de junio de 2011
SINRAZÓN
El club “Sinrazón” reabrió sus puertas, luego de ser aceitadas las bisagras, pintada de verde esperanza la entrada, y eliminado el polvo acumulado en el infeliz recinto, durante cinco años.
Se había cerrado por falta de afluencia popular. Los diez socios restantes, hicieron lo posible por mantener a “Sinrazón” con vida, pero fue inútil. Un domingo de otoño, embarrado de humedad y embargado por las deudas, sus puertas se cerraron y el mundo siguió andando.
Hoy ya recuperado, invita a la comunidad de Villa Cimera para el sábado diez a las nueve de la noche augurándoles pura diversión. El costo de la entrada será la consumición que el socio pida a su mesa ya reservada con anticipación. El menú constará de empanadas, vino tinto, Tiramisú de postre y café. La consigna, llegar disfrazado.
Los carteles pegados en el pueblo enteraron a todo el que sabía leer del acontecimiento. El entusiasmo fue tal, que en la mercería “Marita”, única en el lugar, la gente hacía cola para comprar lo necesario y poder confeccionar el disfraz que luciría el próximo sábado.
Antonia trató de disimular su rolliza osamenta con el traje de “Gatúbela”. La capa necesitó cinco metros de brillante satén negro para tal efecto, sin lograr su cometido, pero ella estaba feliz. Por fin estaría cerca de su amado, idolatrado y tan querido amor.
Todas las mañanas lo veía pasar desde la panadería en la que trabajaba. Él siempre iba apurado, y si alguna vez había entrado a comprar pan, ni siquiera la había mirado. Esa noche puso especial esmero en arreglarse y colocar detrás de sus orejas su colonia preferida, “Cocoa y Vainilla”. Antonia olía a torta recién hecha, estaba para comérsela.
Juan eligió el disfraz de médico. Para la ocasión se compró un delantal blanco y colgó de su cuello un estetoscopio, único testigo de una carrera que nunca empezó, provocando la frustración de la familia entera.
Antonia llegó una hora antes. Se ubicó en una mesa cerca de la pista de baile. Pensativa, trataba de imaginar cómo haría para llevarse a la boca la sabrosa empanada con la máscara de Gatúbela puesta. Bueno después de todo bien podía renunciar al mayor placer de su vida. Al pensarlo, una lágrima escapó quedando presa debajo de la tela.
Cuando entró Juan, quedó paralizada. ¡Qué apuesto era así vestido de médico!
La música daba lugar al comienzo del baile.
Antonia no podía dejar de mirar a Juan, a su lado las empanadas pasaban, pasaban y pasaban…
De pronto fijó sus ojos en Juan. Él sonrió y muy decidido, se fue acercando a Gatúbela que esperaba ansiosa. Ella se paró audaz y empezó a caminar cruzando el salón. Cuando estuvo a dos pasos de Juan estiró sus brazos con un gesto que parecía decir: ¡Aquí estoy tómame!
Juan siguió de largo. Antonia se quedó dura, sin poder moverse, sólo alcanzó a escuchar ¡Mi amor, como demoraste, no sabés lo ansioso que estaba esperándote!
Dicho esto, Juan se fue del brazo de una rubia despampanante.
Pasó a su lado una vez más… sin mirarla.
lunes, 20 de junio de 2011
SINRAZÓN

El Club Social y Deportivo "Sinrazón" de Villa Cimera en breve abrirá sus puertas para solaz de los nuevos socios.
jueves, 19 de mayo de 2011
CUENTO TREN - (3) - EL INTRUSO
–¿Puede usted ayudarme? –pregunta Birgit ansiosa
–Sí señora, tiene suerte. Mi padre es el comisario de Villa Cimera. Sólo tengo que hacer un llamado, en tanto le asigno una habitación, supongo que la necesitará.
En el trayecto la muchacha le cuenta al hombre lo que cree le ha pasado a su guía. Con pesar dice –lo dejé solo, bueno solo no, en realidad allí quedaron las mochilas, los documentos, su celular y la medalla plateada que lo identifica como diabético.
jueves, 12 de mayo de 2011
martes, 10 de mayo de 2011
TIEMPO DE VIDA

Los leños se van apagando poco a poco. Su crepitar se debilita, Laura se levanta de un salto y corre llevando más leña para avivar ese fuego. Su fuego.
sábado, 30 de abril de 2011
ALUCINACIÓN - c/Graciela

“La veo claramente, estoy acostada sola. Una sombra que es la tuya se acerca a nuestra cama. En la oscuridad veo el brillo del arma letal que se acerca lenta pero segura. No puedo hacer nada, sólo esperarla. Una cruel sonrisa ilumina tu rostro, ya casi cerca del mío. Tu boca me busca. Tu perversa lengua recorre el interior de la mía luego se detiene paladeando el momento siguiente. Tus manos, amadas manos, fuertes, varoniles, inequívocas, clavan un puñal en medio de mi pecho. Desde allí, primero hacia arriba, luego hacia abajo, sin apuro a los costados y queda trazada una cruz perfecta. Yo en tanto te miro hacer mansa, sin miedo, segura de vos, casi con admiración. Una sonrisa diabólica destella en tu conocido rostro y te vas.
Te vas con mi corazón.”
Me despierto empapada, todo está en su lugar, hasta vos. Tu dormir es tranquilo nada lo perturba. Por un momento te odio. Cada noche de cada día el sueño se repite y vos dormís en paz sin que nada te moleste. Tengo que contártelo, de lo contrario nunca acabará este martirio. Dicen que cuando un sueño se repite con sólo contarlo desaparece.
Vano intento. Te reíste de mí aludiendo que no debía darle importancia, que sólo era una pesadilla, que ya pasaría que… no quise escucharte más y me fui. No entenderías.
“Ya estás otra vez en mí… conmigo. No importa te espero, pero esta vez no será con la tranquilidad de siempre, esta vez te haré frente. Basta de sumisión, de inseguridad. Maldita alucinación, si no querés ser mi amiga, serás mi enemiga.
Ya llega amor, estoy acá en el lugar de siempre, pero no te preocupes “ella” no me molestará más.
Aún no, todavía no es tiempo, tengo que esperar que termine su trabajo, que no sospeche. Ahora sí. ¡Fuera de mis noches maldita!...”
Esta vez me despierta el calor tibio de un líquido que moja mi cuerpo. Un grito se escapa de mi boca ensangrentada. Y ahí estás vos, a mi lado, con el pecho abierto en cruz.
Mis manos perciben los últimos latidos de un corazón… el tuyo.
(Modificado para la consigna)
viernes, 15 de abril de 2011
LA RUTA - C/Ale y Alicia.
lunes, 21 de marzo de 2011
LA MAGIA DEL INSTRUCTIVO - c/Alejandra.

Corre el año 5007…
- Moel llegó el calzado que pediste. Viene acompañado de un apuesto joven. Será quien realice la inédita prueba.
- Que pase Amis, no lo hagas esperar.
Percibo en la nuca un aliento tibio y dos brazos fuertes me toman por detrás.
Un aroma agradable pega en la atmósfera turbulenta. No me muevo. Podría hacerlo, pero tengo miedo que este manual humano no comience su rutina de instrucciones.
Mi cuerpo se estremece perplejo, violentos remolinos me poseen y me recorren en ráfagas cruzadas. Estrello mi encrespada furia contra su rocoso cuerpo y rompo en olas de placer en una marea sin control. Su fortaleza ciclópea me sostiene preparando un nuevo embate. Cuervo al acecho ya sus manos están en mi espalda en un recorrido lento, interminable. Suben hasta el cuello y bajan por mis pechos que esperan impacientes. Sus dedos acarician las piernas y se quedan en los pies en un masaje cálido y sostenido para luego detenerse en cada dedo, presionando el arco, envolviendo el tobillo, subiendo y bajando sin descanso. Siento que van a devorarme pero me quedo esperando que acabe el masaje. Resabios de gotas resbalan por mi cuerpo ya en calma, su boca las absorbe en tanto dice:
- Espero los disfrute. Buenas noches.
(Cuento escrito hace muuuuuuuuchoooooo tiempo)
Iris Faba.
viernes, 18 de marzo de 2011
NADA - C/Alejandra.

Anhelando la recorran tus dedos
Memoriosos
Iris Faba.
jueves, 10 de marzo de 2011
LA ESTRELLA DE MAR - C/Adela.

domingo, 6 de marzo de 2011
RECUERDOS DE BARRIO


Camino.
Una música conocida me lleva hasta el bar de Humberto y Defensa. El bandoneón deja oír los primeros acordes de un tango lastimero y sentido que va pintando con su “Tinta Roja” adoquines del pasado en el gris del ayer. Caen las notas empujando recuerdos de un tiempo que pasó.
Dos malevos se dan cita en la noche oscura, a uno lo llama la venganza, al otro el dolor de la mujer infiel. Los hombres se miran sin verse. No quieren saber el color de la piel de ese otro que oculta la inquietante dolencia de un cuerpo con tajaduras del pasado. El olvido faltó a la cita. Los ojos se encuentran desafiantes, seguros, midiendo distancia.
En instantes comenzará a mancharse de rojo el negro empedrado con la sangre del rencor y el odio contenido que persiste. El saco envuelve el brazo del amparo, aunque poco ha de servir cuando el cuchillo atraviese las entrañas en la noche fatal. Noche oscura sin luna. Casi no se ven los malevos, pero se presienten. Los pasos medidos los acercan y los pegan cuerpo a cuerpo. Caen al mismo tiempo. No se conocían, ahora los acerca el fin. Saben que son de buena tinta cuando las notas de aquel tango inconcluso les trae en el instante final, el recuerdo de aquella que amaron hasta morir. Malena tiembla al ver los cuerpos inertes. Una última mirada y se va casi corriendo. Sobre sus espaldas pesa la culpa de un hombre no querido, y el dolor de un amor perdido. Amó a Julián. Lo conoció en un tugurio del Bajo Flores, era noche de carnaval.
Le había pedido a Pedro, su marido, que la llevara al festejo, él accedió de mala gana. Se perdía el partido de truco con amigos. Nunca salían juntos. No había pasado demasiado tiempo en el lugar de la fiesta cuando Pedro le dijo que se aburría. Le pidió dos horitas, el bar estaba a tres cuadras de allí y era seguro que todavía los amigos lo esperaban. Pasala bien, es toda gente conocida, vuelvo a buscarte, dijo y se fue. Malena se quedó sola apenas unos minutos, Julián se acercó para invitarla a bailar, se miraron a los ojos, él la tomó con fuerza de la cintura. Un tango de dos por cuatro y el abrazo sensual hicieron el resto. Se amaron. Pedro los vio juntos un domingo en el que volvía a su casa dos horas antes de lo previsto. Juró matarlo. Juramento que cumplió y pagó con su vida.
Camino.
Balcarce, y la vieja casa que me vio nacer. El almacén de Don Taquito, nos peleábamos por ir a comprar porque sabíamos que venía “la yapa”. Me gustaba ver como envolvía los fideos dándole forma de empanada al papel. Dice mi mamá que me lo anote Don Taquito. Mamá siempre con la libreta, claro si no tenía un peso partido al medio.
Mi barrio huele a magnolias, el árbol florido de la escuela perfuma el aire. El olfato pide más y se lo guarda. Tal vez porque al cruzar la calle empedrada, espera en su casa de la vieja iglesia San Pedro Telmo, el Cristo Redentor. Allí la ofrenda de la blanca magnolia y su perfume llenan de luz el espíritu. Una larga alfombra roja me lleva hasta el altar sagrado, el mismo que conserva a través del tiempo la emoción en el recuerdo del vestido blanco y un sí quiero para toda la vida.
Camino.
San Telmo, barrio de taitas y matones, ya no quedan. Sí, algunos conventillos con chapa en la puerta “Aquí vivió…” Sí el parque, ahora lleno de artesanos sin permiso.
¿Te acordás papá?...tardes de domingo de calesita, museo y juegos que disfrutábamos con vos.
Eras todo nuestro. Te extraño. Más tarde el progreso te pasó por encima y la autopista te partió al medio. Sí quedan también los recuerdos sin tiempo y algún poema afligido para sentirte cerca.
Barrio, mi barrio San Telmo
Aquel que huele a nostalgia
Y un bandoneón que hipa lento
La melodía de un tango
Barrio, mi barrio San Telmo
Calle de esquina empedrada
Del café en la madrugada
De manos entrelazadas
Barrio, mi barrio San Telmo
Te extraño.
Amurado a mi destino
San Telmo
Hoy me hacés falta.
Iris Faba.
martes, 1 de marzo de 2011
UN GAUCHO MALO - C/José Luis.
Don Hilario se sentó con su mate amargo y el abrigo de su poncho, en la rueda de amigos que le pedían que contara alguna experiencia vivida. Bonachón, el paisano accedió gustoso.
Esta historia me pertenece, ya que le pasó a mi mesmísima persona, y yo soy mi único testigo de lo ocurrido, pero es la purísima verdá, como que me llamo Don Hilario Gómez. Aún hoy se me paran los pelos cuando lo recuerdo.
Era un atardecer de pleno invierno, yo iba con el camión por el camino llano que lleva al pueblo, como toditos los días. Tranquilo, ya que oscurece más temprano con los fríos y no quería matar ningún bicho que se me cruzara de mientras no saliera de la solitaria Pampa. De pronto y sin aviso, se me atraviesa una potente luz, justito delante de mi viejo camión. Paré ahicito nomás y me quedé duro mirando. La extraña luz era tan fuerte que alumbraba todo el camino por delante y por detrás. No me animé a bajar y me quedé todito el tiempo allí pa observarla bien. Después me enteré que se la nombraba “La luz mala”, debió de ser por el susto que recibía uno cuando la veia, en el medio del campo y sin un ánima bendita cerca. Al día siguiente, ya precavido, cuando llegué al lugar me paré de golpe – por supuesto sin bajarme del camión – qué les viá contar, ella me esperaba, se encendió con más fuerza entuavía y yo no me le achiqué. Le pregunté qué quería de mí. Le dije que me hablara, qué era lo que más quería saber. No me contestó. Pero nos hicimos amigos. Yo atracaba mi camión y me ponía a conversarle, a contarle mis penurias. Hasta que un día, venía yo medio chispiau, un trago de vino tinto, por el frío ¿vio? cuando justito en el lugar en que aparecía “mi luz buena” – ya le había cambiado el nombre – se presenta ante mis propios ojos, una luminosidad fosforescente que me ciega, entonces sí que me asusté, les puedo asegurar por mi tata, que en cuantito la vi supe que no era la mesma, algo había cambiado, creo que el calor que desprendían sus rayos. Sentí que me quemaba vivo. Entonces no lo pensé más, me subí al camión y entré a correr, correr y correr acelerando a cuarenta, forzando al pobrecito con sus ruedas gastadas y no acostumbrado a tanta velocida .
No me detuve hasta llegar a mi rancho, y al abrazo calentito de mi china, que me esperaba a la luz del farol, luz conocida y amiga no como aquella.
Se que le prometí a la Jacinta que no volvería a pasar por ese camino, pero no se. A veces me vienen ganas de salirle al encuentro y esta vez si que no sería igual. De verla de nuevo ya sabría con quién me topo, y no hay ánima que me asuste ni me acorrale pué.
Esta vez nada ni naides me pararía, juntaría coraje y la enfrentaría pa preguntarle que anda queriendo de mí, que me deje tranquilo de lo contrario no respondo por lo que pudiera sucederle. Créanme que lo haría. Lo juro, como que me llamo Don Hilario Gómez. Un gaucho que llegado el caso puede ser más malo que la tan mentada “Luz mala”.
Iris.
domingo, 27 de febrero de 2011
LA PIEDRA

El hombre está solo. Abatido arrastra la pesada piedra hasta el haz de luz que generoso se cuela por la entrada de la lúgubre y helada caverna.
El hombre toma el peso del hacha entre sus ajadas, lastimadas y perdidas manos y comienza a golpear la rústica mole. Golpea una y otra vez tratando de encontrar alguna forma, algún color, algún signo de vida.
El hombre está cansado. Muy cansado. Apoya sus piernas en la piedra y por un segundo el frío las sacude. Mira con piedad sus pies desnudos, toma el hacha entre sus manos, la apoya en ellos y con saña comienza… ¡A pegar… a pegar… a pegar!...
El hombre grita de dolor. Sonidos guturales ásperos y despiadados rompen el silencio y se mezclan con los huesos astillados, arterias machacadas sin forma ni existencia, y sangre caliente que brota sin detenerse para macerar la tierra seca en el espacio cerrado.
La piedra comienza a cobrar vida. El hombre ya no la ve.
