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miércoles, 5 de diciembre de 2012
La historia de una perífrasis
Una noche como cualquier otra,
un aire otoñal clandestino
parecía desbordarlo todo.
Había un farol entre dos manos tibias,
la poca luz iluminaba dos hojas café,
dos hombros,
dos espaldas,
dos miradas.
La luna rondaba de vez en cuando,
y a veces caía una estrella,
(¿cuántos deseos esa noche
se habrán cumplido?).
Pero pasó el otoño
y el invierno sucumbió
con el presente,
hasta que los árboles
se llenaron de flores rosadas,
que luego maduraron con tristeza,
recordando la misma noche de otoño.
Ni el agua dulce
ni el calor tibio del mar
pueden contenerse a ese momento,
ambos brotaron lágrimas
en honor a esas dos hojas café,
dos hombros,
dos espaldas,
dos miradas.
lunes, 22 de octubre de 2012
Sobre el límite de la "verdad".
Nada es completamente cierto, la lógica de la verdad sigue un parámetro difuso, casi complaciente, de la manera más irónica que se puede esperar. No existe lo que los demás dicen que existe, a no ser que tú mismo lo hayas comprobado, necesitas reafirmarlo de algún modo, salir de la existencia de los otros, para dejar de convivir con la "verdad" causante de tus males, de tus dolores, de tus sueños, que a ratos son interrumpidos por la duda.
La duda, no tiene otro límite que ponerte a ti mismo dentro de la periferia de las preguntas existenciales, el problema principal de todo esto, es que, sientes ser parte de la existencia, ¿y si no lo eres? Al menos podrías preguntarte cuán parte te sientes de ti mismo, si es que eres algo, o alguien, o al menos una proyección del ser "canónico" humano.
Nunca te atrevas a llegar a la frontera sin antes haber aclarado tu forma, tu espacio, tus propios límites; busca una huella que puedas seguir, un atajo que te muestre un camino diferente. La soledad, muchas veces te descubre, te devela una no- existencia única que parece reencontrarte a ti mismo. Finalmente, te lleva a co- existir con ella para buscar el "sentido", pero siempre aparece el mismo problema, ¿cuál es realmente ese sentido?
En la vida (el medio de los abismos), TODO resulta probable, el único límite es el SER, (los filósofos siempre hablan de esto, de forma impersonal). El tema es que ese TODO debe ser construido, desde juicios valóricos, desde conceptos, que en realidad son anti- conceptos de vida, porque no te llevan a ninguna parte, más que a contribuir a una sociedad abandonada.
Todo a mi juicio termina abandonándose, tal como nosotros nos abandonamos, nos olvidamos de ser y seguir siendo. La sociedad se deja llevar, se desliga, se posiciona solo en una parte, a la que llamamos "verdad". Por esto, la búsqueda de sentido, no es nada más que una búsqueda vacía, que se encontrará siempre con el "sin sentido" de existir.
Lo único lógico de estas experiencias, es que si estamos seguros de que no encontraremos lo que estamos buscando, de alguna forma nos encontraremos con algo que finalmente nos haga olvidar, apartar, enmarcar, el fin último de ser algo "verdadero". Ninguna persona es completamente verdadera, a no ser que deje de existir. En este plano, la existencia toma un boleto de tren en pleno invierno y termina tirándose entre los rieles, para convertirse en un cadáver congelado y al menos "conservado" para crear una historia. La historia, los rastros, las huellas, los hechos pasados en general, terminan fabricando una verdad posible de un sujeto, pero nada ni nadie podrá decir que aquella persona existió; todo queda a la deriva, el cuerpo es un gesto, una pista más; pero la mente y el corazón se quedan con esa verdad nunca encontrada, se lleva todos esos secretos.
Seguramente, si dejáramos de buscar la verdad afuera, y la buscáramos dentro de nosotros, un secreto -al menos- sería revelado. Todo lo que parece probable, en realidad lo es, pero las probabilidades que elegimos quizá sean las incorrectas, -aunque no sé hasta qué punto exista lo correcto-. Solo existe una forma: apartarse de esas posibles verdades. Lo posible también se construye, lo cual implica que lo certero es un concepto antónimo a la verdad. Por lo tanto, cuando buscamos "el sentido", estamos lejos de encontrarlo realmente, a no ser que manejemos los códigos de la "rebelión", es decir, de derribar todo lo que esté en nuestro camino, aquello que nos impide ver las otras cosas posibles, aquellas que nos hacen elegir el abandono y la derrota. Entonces, la única verdad que debemos buscar es la que ya está dicha, lo que somos, lo que queremos ser, lo que pretendemos entregar. Se trata de una verdad que no se puede ignorar, porque sería negarse a uno mismo.
domingo, 5 de agosto de 2012
Yo declaro
Te amaré toda esta tarde
adelantando el mañana siguiente
porque los días pasan,
porque esta misma tarde se acabará;
pero te amaré también otra tarde,
cuando me encuentres.
Te amaré con besos amapolados,
con el tiempo creciendo junto a la luna;
juntaré tardes pasadas,
mañanas recien nacidas,
noches trasnochadas,
para que el tiempo se alargue.
Te amaré con tu nuevo nombre,
con tu extraño corte de pelo,
te amaré siendo joven o viejo
y te amaré esta tarde
por todas los días y noches
que deseo amarte.
adelantando el mañana siguiente
porque los días pasan,
porque esta misma tarde se acabará;
pero te amaré también otra tarde,
cuando me encuentres.
Te amaré con besos amapolados,
con el tiempo creciendo junto a la luna;
juntaré tardes pasadas,
mañanas recien nacidas,
noches trasnochadas,
para que el tiempo se alargue.
Te amaré con tu nuevo nombre,
con tu extraño corte de pelo,
te amaré siendo joven o viejo
y te amaré esta tarde
por todas los días y noches
que deseo amarte.
jueves, 26 de julio de 2012
Cruce al olvido
Me perdí en la calle de tanto mirar los letreros,
abandonado aquí bajo la ciudad alarmista de los asuntos.
-Vivo caminando-.
La noche viene llegando y los semáforos se asoman,
libremente le dan paso a mi melancolía.
-Vivo a pasos-.
La luna pareciera vigilarme sigilosa, como envidiando
mi poca facultad para alegrarme.
-Vivo anochecido-.
El rocío moja mi cara involuntariamente, castigándome,
y tengo que retirarme del aire libre.
-Vivo aún-
No siento mis pasos, ni hambre, ni frío. Nada
en mi cuerpo parece quejarse.
-Mal nacido-
La media noche llega nuevamente, siguen velas
encendidas en la bruma.
-Oscurecido-
El agónico llanto de una mujer delgada
logré reconocer tras leer mi nombre, allí...
-Fallecido-.
domingo, 22 de julio de 2012
Morir sin ley
Me detengo a
mirar una sombra
que se enciende
de rabia y me quiere atrapar
solo quiero
esperar a que venga por mi
me desgarre la
piel y me quite el sentir.
Yo me dejo llevar
porque entiendo el por qué
de saber que uno
es libre cuando se deja vencer
no hay descanso
ni paz mientras duele el temor
lo que quiero es
que vuelva a cerrar mis ojos.
Ya no quiero
llorar sin saber qué decir
solo siento en el
alma que deseo partir
la sombra ya
viene y me siento a esperarla
ya quiero besarla
y morir sin ley.
sábado, 9 de junio de 2012
“Un para siempre”
Las fotografías y el tic tac del reloj, me hacen volver a este tiempo incesante, que lo único que logra es hacerme estallar de rabia y de impotencia, con una profunda tristeza, más allá de la melancolía. Si tan solo estuvieras aquí, si tan solo...
Un leve pestañeo me hizo recordar que lo único que
realmente me hace feliz es amarte, a pesar de este terrible aguacero
que causan tus lágrimas. Aunque pasen mil tormentas a destrozar
nuestro nido y a recoger lo poco que nos queda, jamás se llevarán
lo que hemos vivido juntos. Han pasado los años suficientes, todo un
sinfín de posibilidades para que los antagonistas de esta historia
lo arruinen todo. Pero nosotros no seremos historia, somos
infinitamente “un para siempre”.
Cada una de las cosas que te vuelven a revivir son
pasajeras, escuchas el leve sonido de un respiro tras tu puerta, ya
no sientes frío ni calor, ni hambre ni fatiga. Te vuelves a sentir
como en un principio de tu vida, en el que todos están pendientes de
ti, cuando en realidad solo lo harán por un poco tiempo más. Al
nacer eres el centro de atención, y cuando dejas de ser niño toman
en cuenta solo tus faltas y errores. La muerte es a veces una
solución, pero una constante tortura para los que se quedan
recordándote.
Nunca quise que pasaras por esto, no pretendía que te
quedaras esperándome en aquél cuarto, yo sabía que la tortura para
mí se estaba terminando, pero también estaba consciente de que la
tuya comenzaba desde allí, en esa hora y ese tiempo. Ya te lo he
dicho, lo de nosotros es “un para siempre”, con toda esta
distancia que hay entre nosotros, tú siempre serás parte de esta
eternidad que vivo, aquí bajo los anhelos del hombre, bajo las
pisadas de todos, bajo el olvido y bajo el recuerdo.
Aquél pestañeo decidió verte por última vez, repasar
nuestra historia dentro de unos pocos segundos, mirarte borrosamente
y sonreír a la vida antes de terminar sonriéndole a la muerte. Sin
embargo hoy, deseo que te olvides de ese momento, que dejes de mirar
las fotografías, que dejes la culpa enterrada junto a mi tumba, o
por último bota todo ese estorbo a la basura, porque si en algo
puedo contribuir a tu extensa melancolía, es diciéndote aquí en
silencio o en sueños, que me dejes marchar, para que vaya a cotizar
los precios de nuestra nueva casa, aquí en este lugar tan bonito. El único destino del hombre es la
muerte, y llegará ella algún día a regalarte un pasaje de boleto igual
que el mío, nos volveremos a reencontrar, porque nuestra historia de amor es “un para siempre”.
sábado, 26 de mayo de 2012
Arte de morir
Haces de ti un hombre con lengua monstruosa
divagas casi al estero del mal,
tus garras tienen cuidado de acariciar
tu piel, que partida ya está.
El sudor de tu frente se seca al caer
y cuando cae la tierra se quema,
es que no se trata de pena, el trabajo
lo hace así parecer.
Tratas de compartir cosas con algo
y a veces quedas pegado a la pared,
los soles cambian de estado de ánimo,
la luz parece a ti temer.
Aliento, cuerpo, y prolongado letargo
entre tu "yo pasajero" y el son,
el baile tiene cuidado de danzar
con un hombre que llora en lo amargo.
Y te vas, cayendo de planeta en planeta
la última cuerda se acaba de cortar,
no puedes siquiera suicidarte, porque
el arte, te terminó de matar.
divagas casi al estero del mal,
tus garras tienen cuidado de acariciar
tu piel, que partida ya está.
El sudor de tu frente se seca al caer
y cuando cae la tierra se quema,
es que no se trata de pena, el trabajo
lo hace así parecer.
Tratas de compartir cosas con algo
y a veces quedas pegado a la pared,
los soles cambian de estado de ánimo,
la luz parece a ti temer.
Aliento, cuerpo, y prolongado letargo
entre tu "yo pasajero" y el son,
el baile tiene cuidado de danzar
con un hombre que llora en lo amargo.
Y te vas, cayendo de planeta en planeta
la última cuerda se acaba de cortar,
no puedes siquiera suicidarte, porque
el arte, te terminó de matar.
sábado, 12 de mayo de 2012
Yo no conocía el miedo
El
pequeño Dan pasó toda su niñez bajo la cama, se ocultaba cada vez
que su padre llegaba a casa. Conoció la peor parte de la raza
humana. La monstruosidad y la violencia, eran para él un fiel
retrato de ese hombre, que siempre llegaba para agredir a su madre y
destrozar todo lo que estaba a su paso. Dan siempre repetía en voz
baja: un hombre como él no debería existir.
Mientras
pasaba el tiempo, la cama se hacía pequeña para Dan, y llenaba el
armario de cajas vacías. Cuando tenía 10 años, el pequeño ya
tenía más de cinco mil cajas guardadas, algo absolutamente
impresionante, pero ¿para qué juntaba tanto cartón? Lucía, su
hermana menor, tenía en ese entonces, cinco años, era la protegida
de Dan. Él nunca permitió que su padre conociera a la pequeña
Lucía, la ocultaba bajo la cama, como él lo hacía a su edad.
Un
día Lucía le preguntó a su hermano, para qué tenía tantas cajas
en el dormitorio, y él le respondió que eran para construir su
propio hogar. Ambos acumulaban cartones de todos los tamaños y con
cinta adhesiva unían los bordes. Casi faltaba poco para terminar los
últimos detalles. Dan y Lucía ya tenían el dormitorio forrado de
cartón, las paredes estaban cubiertas de cuatro capas por lado, solo
la puerta tenía seis capas, cada pila pegada con pegamento casero
(engrudo), hecho de harina y agua caliente.
Ambos
pasaban cada noche a solas, porque su madre ya había muerto hace un
año. Dan miraba a la gente de la ciudad por la ventana, deseaba
deambular en el exterior de su casa de cartón, pero esperaba
pacientemente que su hermana creciera un poco más. Al cumplir Lucía
los diez años, y Dan los quince, se atrevieron a salir para conocer
la gran ciudad. Dan encontró trabajo en una pastelería y Lucía
entró a la escuela. Todo había cambiado para ellos, el miedo ya no
existía.
Conocí
a Dan en una entrevista de trabajo hace cinco meses, y escuché
atentamente su testimonio, cada palabra me hacía estremecer, porque
su sonrisa liberaba un miedo interminable. Fue en ese entonces,
cuando me atreví a preguntarle, qué era para él sentir miedo, qué
sentía específicamente, y me dijo: yo no conocía el miedo, pero me
dediqué toda mi infancia y adolescencia para que mi hermana jamás
lo conociera.
Llevábamos
mucho tiempo trabajando juntos, Dan se convirtió en un pilar
fundamental para la empresa, nos casamos a principios de este año y
Lucía se convirtió en una gran amiga y compañera. Sin embargo,
algo pasaba con él, últimamente se aislaba demasiado de nosotras,
se encerraba en el dormitorio, y tenía un montón de cajas
acumuladas en el cuarto vacío de huéspedes.
Intenté
hablar con él para preguntarle lo que estaba pasando, y me dijo que
tenía que forrar la casa de cartón para que mi hijo y yo no
conociéramos el miedo, yo simplemente le dije que no se preocupara,
que el miedo viene inserto en nosotros, que es parte de la humanidad.
Dan se alteró muchísimo y me respondió: el miedo no viene inserto
en nosotros, nos enseñan a sentir miedo, pero lo peor de todo, es
ver al miedo en persona. Yo solo quiero que ustedes no lo conozcan.
No
entendía nada de lo que estaba pasando, hablé con Lucía, y me
contó todo lo que ustedes ya saben. Dan había cubierto la
habitación de ellos con cartón cuando había muerto su madre, y
quería sentirse protegido y al mismo tiempo proteger a Lucía. Fui a
buscarlo para hablar con él, para decirle que lo entendía, que
lucharíamos juntos, que lo amaba por sobre todas las cosas. Cuando
llegué a casa, él lloraba amargamente y solo me dijo: No quiero que
conozcan a mi padre.
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