jueves, 8 de septiembre de 2011
QUE ES UN AMANTE...
miércoles, 7 de septiembre de 2011
AZUL NEOPRENE
"Caminaban silenciosos sobre un cementerio de piedras filosas. Signo de vientos, pero no de agua. Las palabras ya no existían en sus mentes, ni sonaban en sus bocas. Ni siquiera recordaban haberse visto nacer."
Apenas pude abrir un ojo de lo adormecida que estaba.* El GRIB holográfico había invadido la habitación con imágenes de nubes sobre las Cataratas de Iguazú. El ruido de agua, cayendo, era prácticamente insoportable, tanto como para despertar un regimiento. Su función de despertador, era altamente efectiva. (* Gridded Binary).
El GRIB…. Era un programa vetusto dentro de un aparato también vetusto, pero el único aparato que conservaba en sus programas las Cataratas de Iguazú… y por eso me gustaba… y por eso, no lo cambiaría por nada del mundo, aunque me ahogara en la imagen, y protestara por el estrépito.
La nueva generación no sabía de ellas, tampoco conocía el sonido particular de agua a raudales. Para mí, era imposible olvidarlo. Posiblemente, por esto, se repetía a menudo ese sueño de solitarias almas sobre filosas piedras .Lejos había quedado la parábola del agua para explicar los misterios de la vida. Ni siquiera los océanos, eran ya océanos, por tantos procesos de potabilización.
Retiré con pereza pero con cuidado, el alambique que cubría la nariz y la boca. El aliento, por ahora, era nuestro oro. Convertirlo en agua, nuestra vida.
El grupo estaría esperando, debía apresurarme. El grupo, los grupos…. ¿Quién hubiese pensado que me uniría a un grupo? Las cosas se veían difíciles. Existían los conquistadores, los guerrilleros, los esclavos y nosotros: “Los menos”. Aquellos, que nunca usarían armas ni intentarían conquistas, ni perderían libertad. A ellos, pertenecía de pertenencia, sin dueños. Mejor la muerte, que despedazarse entre hermanos por hilos de agua, espesadas de sangre derramada… mejor la muerte a cualquier acto, más aberrante que nuestra propia subsistencia.
Parecía imposible, pero aprendí a convivir con ellos y la rutina diaria impuesta, mientras esperaba, esperábamos un milagro científico. Un milagro, de todo ese abanico loco de investigaciones, donde la pureza de la maldad se trenzaba en tira única con la pureza de la bondad, de tal manera que, cualquiera de las dos, pasaba desapercibida o ignorada en pos de la subsistencia.
Todos nos habíamos convertido en ciegos, sordos y mudos. La tierra parecía un cuero viejo, perdurando en terroríficos y catastróficos noticieros porque aún, existía combustible para energía.
Aún… La esperanza sobre aquellos que habían viajado a Marte, se había desvanecido. Nunca, nadie volvió.
Intentábamos, conservar algo de tradición y sociabilización rapados, y limpiando la piel con un mejunje de aceite con arena. La única manera de convivir con la mugre y no depender de nadie, ni siquiera por el agua necesaria que solicitaba nuestro organismo. Todos vivimos de nuestros alientos, sudores y orines. Es el principal objetivo de nuestras reuniones. Somos una unidad
domingo, 28 de agosto de 2011
La vida es redonda.
Matías corrió a la orilla a buscar la pelota después del último gol. Sus amigos del balneario de Santa Teresita lo apuraron con un grito mientras alzaban las ojotas que habían delimitado la cancha. El atardecer se había convertido en noche demasiado rápido y Matías demoró en distinguir aquello que asomaba entre los caracoles y había detenido a la pelota. Gritó a sus amigos ya arrodillado y escarbando para desenterrarlo.
Los cuatro chicos discutían en el comedor de Matías cómo sacar el corcho de esa botella, sin romperla, y poder leer lo que parecía un papel enrollado en su interior. Hacían conjeturas sobre algún náufrago en una isla desierta pidiendo auxilio o en una broma que, entonces, les quitaría la ilusión de aquel misterio. Decidieron romperla en el patio y Matías se convirtió en el propietario de un tesoro: un mensaje escrito en el año 1960 que, increíblemente se había conservado dentro de esa botella durante cincuenta años. Se sintieron arqueólogos. Acababan de ser protagonistas de un hallazgo prehistórico.
―¿A mí?
―Acá, abuelo. En la compu, en Facebook. Recibí un mensaje. Alguien envió un mensaje a todos los que nos llamamos Tedesco. Pregunta si tengo algún pariente llamado Pablo Tedesco.
―A ver, mostrame Pablito. Y por qué me va a estar buscando a mí si yo no tengo computadora.
―Porque es así, abuelo. Si alguien quiere contactarse con algún amigo de hace mucho tiempo, lo busca por Facebook. ¿Ves? Acá ponés el nombre y el apellido del que buscás, te sale toda una lista y vas viendo quién puede ser. Si lo reconocés en la foto o por los datos del perfil le pedís una solicitud de amistad.
―¿Cómo del perfil?
―Cuándo naciste, a qué escuela fuiste, de qué ciudad sos, dónde vivís ahora…
―¡Ah! Pero si yo no escribí ningún perfil.
―Por eso, abuelo. Manda un mensaje a todos los que nos llamamos Tedesco a ver si alguien te conoce. Mirá, te leo: “Estoy buscando a Pablo Tedesco. Debe tener alrededor de setenta años. Sus padres viajaron desde Italia a la República Argentina cuando él tenía tres años. Se instalaron en un barrio llamado La Boca de la ciudad de Buenos Aires. Encontré una botella con un mensaje que tiró al Río de la Plata contando que quería ser pintor como Benito Quinquela Martín. Me llamo Matías, tengo nueve años y mi mamá me dejó publicar esta búsqueda. Si lo conocés, avisame”.
¿Y, abuelo? ¿Qué le contesto?
En la casa de su hija había muchos de sus cuadros. Casi todos óleos de Caminito y del puente sobre el Riachuelo, algunas acuarelas de viejas épocas y dos témperas de barcos anclados. Los recibiría allí porque su casa, impregnada con olor a trementina, era pequeña y las telas se amontonaban apoyadas sobre los zócalos en un desorden que sólo él comprendía. Su hija le repetía: “Es un lugar para pintar, no para vivir, papá”, y aunque siempre había hecho oídos sordos, en esa ocasión aceptó: se trataba de un acontecimiento que lo había mantenido conmovido desde hacía varios días.
Matías viajaría con su mamá y sus tres amigos para conocerlo ese fin de semana largo. Llegarían durante la tarde y era tal el revuelo por los preparativos que salió a la vereda a esperarlos solo.
Siempre había elegido alejarse del bullicio, ir a su ritmo, aquietarse y encontrar en su propia voz las respuestas.
NO MIRES
Las dos parejas, caminaban por el muelle que extendía unos metros la playa, sobre el agua. El viento, humedecido de sal los impregnaba de mar en cada beso, que lograban robarse. La luna, redonda y plena, iluminaba la romántica escena.
Él, hombre de avanzada edad. Ella, jovencísima
Ella, mujer madura. Él, mucho más joven
La carcajada al unísono de una de ellas, llamó la atención de la otra.
Se observaron. Cruzaron miradas.
Él, murmuró espantado a su joven amante: “¡Mira la vieja con el pendejo! ¡Qué espanto!
Ella, miró de reojo, y susurró a su joven amante: “¡Pobres herederos, del viejo! ¡Qué zorra!
sábado, 27 de agosto de 2011
LOS MENDIGOS
OBLIVION
cuando los semáforos en la aturdidora cabezaciudad funcionan tan al pedo correctamente
viernes, 26 de agosto de 2011
¿Cumpleaños?
Ya sé la fecha de el de Gra, la de Alejandro y la mía, los que quieran decirme las propias, por mail o contestando este mismo mensaje, háganlo y armo una agenda-recordatorio-saludadora para repartir buenos deseos a los cimereños.
Solo mes y día es suficiente, si quieren agregar el año todo bien y si no también
Tus 64
Graciela
Me super gustó que avisaras de tu cumple
Es como recibir una invitación, bellamente inesperada
Bella, porque en este mundo virtual, es acercamiento real
Los sesenta y cuatro y sus frutos
Inesperada, porque nos incluís en tu felicidad real
Un compañero, en unos de sus comentarios a un cuento mío, dijo: Con la imaginación se anda a tientas porque es aprender a caminar en otro mundo que tiene sus reglas y otras dimensiones .Es fácil perderse
Cambio imaginación por Virtual ( prácticamente lo mismo)
Gracias por no perderte y alumbrarnos el camino
Un inmenso abrazo a vos y a tu familia
miércoles, 24 de agosto de 2011
Mis 64
DUBITANDO
Nunca logré dirimir si la acción de Héctor Carrasco, era filantrópica o egoísta. Alojaba un vagabundo cada primero de mes–para adecentar–en su lujoso hotel.
Para los huéspedes, era atracción y motivación. Quizás, producía adrenalina desarroparse de lujo, cada tanto.
Me gustaba ese caos que ocasionaba el contraste, y que hacía único el lugar. Pero, más singular lo hace, las historias que logro recopilar de esos extraños, para la editorial en la que trabajo. Historias inimaginablemente reales, que lograban conmover hasta el corazón más duro. Y vendían, sí que vendían.
El sol cae lánguido en esta tarde de primavera, entre cocteles, risas y murmullos. Sin embargo, atentos a ese hombre delgado y barbudo que nos mantiene en estado de vigilia.
Ante la pregunta puntual de un huésped, el vagabundo (sin nombre) responde: –Podía imaginar el mundo, como un inmenso madero flotando en el océano cósmico. Y a mí, como un nudo suelto, una rama que fue rama, incapaz de adherirse. Endeble y libre, tan libre como la dubitación posesa que embarga los sentidos hasta la muerte. Porque es la duda, la que perdona a la fuerza de gravedad que te amarra aunque desees alejarte. Porque es la duda, la que te hace responsable de tus actos. Y es la duda, la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar. Endeble y libre… expuesto a las tempestades que germinan soledad. Y la soledad, creciendo evanescente, y evanecida con palabras, que conectan como puente posibilidades incognoscibles con el rastro de lo visible. Palabras, que abonan la creencia de que es posible otros espacios en donde no existen fuerzas que atraigan o repelan. Y la soledad, arropándote y arrullando hasta el otro tiempo. Podía imaginar sí… ¿Acaso, no es el hombre, creador de su propia realidad?... La madera está presente y es imagen, de todos los cadalsos y calvarios de este mundo–
No logré tomar nota, una estúpida lágrima salada, me avergonzó.
martes, 23 de agosto de 2011
¿Volveran?
Hace tanto que nadie postea nada que se me vino Becquer a la cabeza... Estoy a full con otros temas y medio desconectada, ¿Andamos todos igual?
Bueno, espero que por lo menos el poema sirva para saludarnos :)
Volverán las oscuras golondrinas
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y, otra vez, con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquéllas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate:
¡así no te querrán!
Gustavo Adolfo Bécquer
(1836-1870)miércoles, 10 de agosto de 2011
POESÍA (extraño elemento el Litio)...
un ser traído del super cielo.
Hecha de reveses y de inciertos
de besos y de miedos
Suspiro y arrullo de un cantar de ciegos...
Erosserena es la señal herida
envolvente material que agobia los sentidos.
Reciclada por los hombres
traicionada sin motivos
Acongojado vampiro retraído.
Erosserena maldita! le gritan
uno a uno los recuerdos.
Perturbada presencia resentida
Inconclusa armonía de la suerte
Metáfora de una verdad mitad mentira.
Erosserena es más que lo que piensas
se inspira en la senda de los que no molestan.
Renacida del odio y del olvido
sueña con un mundo sin sentidos
Cree que vive (y está muerta).
Las mellizas Wolf, Rossano Di Rosso, Jan -el sensible- y Krístobal.
En el hotel donde se hospedaba Celina Wolf se llevaba a cabo un congreso de oftalmología, que había saturado las instalaciones y las líneas telefónicas. La imposibilidad de utilizar los celulares la hizo esperar varias horas hasta que la operadora pudo comunicarla con su hermana melliza, Cris.
Acababa de ducharse y con la toalla aún enrollada en la cabeza, corrió al teléfono:
―¡Hola! ―atendió descubriendo su oreja.
―¡Hola, Celina! Soy Cris. ¿Qué pasa? Estoy preocupadísima por el mensaje que dejaste. ¿Cómo estás?
―¡Ay, Cris! ¡Qué suerte que pudieron comunicarnos! Acá hay un lío bárbaro por unos médicos y un congreso que tienen totalmente copado el hotel. ¡No tengo señal de wi-fi! Estoy desesperada.
―Pero, ¿qué es lo que te pasa?, ¿está ahí con vos, Rossanno?
―No. Él está tomando sol en la pileta. Yo no puedo ni asomarme porque estoy muy descompuesta por el viaje. No pude dormir nada. Además algo me cayó mal y no paro de ir al baño. Cris, me quiero volver.
―Celina, ya hablamos de esto. Son las vacaciones de tu marido, tenés que acompañarlo. Además no es tan grave, estás en un lugar maravilloso, te vas a poder comprar de todo. Acordate lo que te encargué, traeme todo en talle médium porque estoy más flaca. ¡Ah! Y no te olvides la cámara para Jan. Está inaugurando su muestra y no tiene tiempo de nada, le prometí que vos se la comprabas allá. Pobre, está tan entusiasmado que ni siquiera puede ir al negocio. Viste cómo es. En época de exposiciones se pone más sensible que nunca, a veces ni vuelve a casa, se pasa la noche seleccionando fotos…
―¡Cris! ¿Lo único que te importa es lo que te pasa a vos?, como siempre, desde chicas, mamá siempre lo dijo. ¡Sos una egoísta! ― Celina se sentó en la cama, lloraba con el auricular en la oreja y el pelo le chorreaba sobre los hombros― ¿No entendés que estoy harta de ser la señora de Di Rosso? ¡Me voy a divorciar!
―¡No, Celina! ¡Pensalo, por favor! ¿Qué vas a hacer sin él? ―intentó Cris.
―Qué “vamos” a hacer sin él ―corrigió Celina.
―Ay, Celi, calmate. Ponete la biquini, esa tan linda fucsia que te regaló Rossanno después de la cirugía. Dale, andá un rato a la pileta con él y tratá de cambiar la cara. Te mando un beso, tomá sol vos que podés.
Alrededor de la pileta, una hilera de reposeras blancas, contrastaba con el bronceado de sus ocupantes. Rossano Di Rosso untaba su prominente abdomen con “Caribean Hawwaing Bronce”. Se acomodó sus anteojos de sol y, disimulado, cubrió también su frente y su calvicie para evitar ardores. Se sacó las ojotas Adilettes, que todavía llevaba puestas en sus rechonchos pies y las acomodó a su lado. Alzó la mano, en la que lucía un anillo con piedra de rubí en el dedo meñique y llamó al camarero.
― ¿Cómo me has dicho que te llamas?―le preguntó al joven cuando acudió con libretita y lapicera en mano.
―No le dije mi nombre, señor ―contestó mientras Rossano lo observaba con detenimiento― Krístobal, soy el mettre de piscina, señor.
―Krístobal, un Martini –encargó ―Y ¿a qué te dedicas en tus ratos de ocio? Porque un chico tan guapo como tú no puede dedicarse únicamente a servir Martinis, ¿verdad?
―Soy cantante ―dijo tímidamente― y actor. Hago un pequeño número de stand up en el show del hotel, esta noche, durante la cena. ¿Con ingredientes?
― ¿El show lo haces con ingredientes? ―rió a carcajadas Rossano― Bueno, bueno, habrá que verlo entonces. Era una broma, Krístobal. No pongas esa carita, que te afeas. No, tráemelo solo.
En la mesa de los Di Rosso, el plato de Celina permanecía servido. Había dejado que se enfriase sin tocarlo y bebía, de a sorbos, el champagne con el que Rossano acompañara la cena. El vestido largo y ceñido era un modelo exclusivo de las Oreiro, había pasado la tarde en el spa, en sus manos y sus pies resaltaban uñas impecables color carmín y el cabello brillaba por las luces del escenario que se encontraba a escasos metros. Miraba a su alrededor sin mucho interés y bostezaba tapándose delicadamente la boca.
― ¿Qué?, ¿ya tienes sueño? ―increpó Rossano mientras terminaba su volcán de chocolate y dulce de leche.
― ¡Sabés que el avión me hace mal, Rossano!
― Ma sí, ¡qué humor!, Celina. ¿Por qué no vuelves al cuarto y duermes? Mañana te sentirás mejor. Yo me quedo al show.
― Hasta mañana ―Celina se secó la boca con la servilleta y se paró al mismo tiempo que anunciaban la continuación del espectáculo.
―Chau ―contestó Rossano viéndola desaparecer entre las mesas.
Al joven Krístobal no le cambió la vida, pero Rossano fue generoso con él durante su estadía en el International. Esa temporada pudo ahorrar lo suficiente y no lo pasó mal. Se encontraban al finalizar el show, casi todas las noches y hasta que Rossano regresaba a la cama en la que Celina dormía profundamente.
Celina salió de shopping a diario y, para el regreso, había ocupado tres maletas tamaño grande. No olvidó la Nikon para su cuñado, Jan, ni las ofertas en talle M. Pensó que, después de todo, su hermana tenía algo de razón, durante la charla telefónica de ese día la había convencido. Ni bien pisara Buenos Aires le pediría que la acompañase. Ambas necesitaban volver al cirujano, era imprescindible algún retoque.
martes, 9 de agosto de 2011
Sobrevolando Consignas (2)
Inevitable Declinación
Le iba mal, increíblemente mal, de una manera indescriptible, como para avergonzar a quien tiene un repertorio con las peores desgracias.
Pero las modas no perduran y lentamente hubo ganados por el descreimiento, la duda y cerca del final lo peor, la indiferencia.
En plena declinación, a punto de pasar a otra cosa, lo salvó el asombro.
Se acabaron los Porotos.
Escuchó una voz que le decía: Una sola oveja dondequiera encuentra hierba.
¿Se habrá arrepentido?
El día que desapareció el Obelisco.
Así se promocionaba. Pero la gente quedó extasiada cuando lo reflejó un espejo deformante colosal. Se olvidaron del espectáculo de la desaparición.
Negocio redondo para el mago, por un fallido consiguió un éxito. Se entusiasmó.
En el primer punto de una gira que iba a ser mundial, fue abucheado y en medio de un escándalo suspendió la representación.
Otro público, otro obelisco.
Cuando llora el Limonero
No se mueve ni una hoja pero cada gota que cae al suelo es una palabra al lado de la otra: “Si venís a consolarme ya no hay mal que consolar…”
domingo, 7 de agosto de 2011
Sobrevolando Consignas (1)
El Lápiz de Corcho
Érase un lápiz que negábase a escribir nada sólido que hubiera de permanecer. No tuvo más remedio que elegir la soledad y entregose a la pasión solipsista de la escritura sin ton ni son.
La Muerte de la muerte
Muerte, no nos abandones, no nos prives del recato, del silencio, del murmullo de la melodía que viene por ráfagas de una luz distante.
Un Amor puede ocultar otro
Alejado de mi por kilómetros de olvido a veces escucho su ruego. No contesto. En sueños me observo exigiéndole que no me moleste, hay mil reencarnaciones posibles y no es su hora. Me contesta que solo hay diez y voy por la novena.
Autorretrato de un Tímido.
Soy la viva imagen de mi tío Francisco. Que es decir la de mi padre. No me pregunten como era. ¿Acaso no les sobra con mi pinta estrafalaria sin falsos aditamentos?
EL ARCHIPIÉLAGO EFÍMERO
sábado, 6 de agosto de 2011
ANOCHECER DESGARRADO
lunes, 1 de agosto de 2011
Museo del Ingenio y la Producción Cimereña




Con libros de lectura como este de 1914, se educaron bisabuelos y tatarabuelos de los actuales Cimereños.
Vaya con estas imágenes, un ejemplo de lo que despliegan las 240 páginas al ansia de saber de los alumnos, y a la pasión por formar las generaciones del mañana de aquellos maestros.
Visítenos en nuestro local temporario de la estación en el horario de 14 a 18 hs.
La Comisión de Fomento.
“Mens Agitat Molem”





