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lunes, 3 de octubre de 2011

LA ABERRANTE SUTILIDAD DE LA PALABRA RESPETO

Miedo

Los ojos de la muchacha se desorbitaron de terror al ver a su padre con el cinto en la mano. Observó a su madre estirar los brazos y levantar las manos, en débil intento por defenderla.

La hebilla brillaba su dorado en el aire

– ¡Soy tu padre! ¡Exijo respeto!–gritaba entre golpes, el hombre

–No debiste hacerlo hija–sollozaba la madre apoyada en el marco de la puerta.

Tolerancia

–La cosecha ha sido magnífica este año. Mucho le debemos al glifosato. Caro pero rendidor –dice el patrón, sacudiéndose la tierra de la ropa

–Sí patrón. Lástima la lucha con estos vagos de merda que recogimos para la cosecha. Imagínese, viven en ranchitos y quieren agua potable y buena comida y baño con ducha. ¡De ésta, le vamos a dar! ¡Vagos!... Y encima amenazan con la AFIP. ¡ Ya no hay respeto por nada!

–Ahhh¡ Qué lucha! ¡Si señor! ¡ Hay que ser muy tolerante en esta vida!. No solo ellos, sino esos brutos con quintitas linderas, que dicen que el glifosato envenena sus tierras y a sus hijos. ¿Estamos enfermos acaso nosotros? ¡Usurpadores envidiosos, eso son!. Escucharme, esos piqueteros de merda que paguen hasta el aire que respiran ¡Ya van a ver lo que cobran por infelices y vivos!

– Como usted mande. ¿Le preparo la vaquillona para el juez?

–Claro, siempre hay que tener un palenque donde rascarse.

Acatamiento

El poder clasista

El lenguaje clasista

Y

Vos, yo, ellos, todos.

– Y esos unos ¿Por qué gritan? –

– Por favor. Háganlos callar –

N/P; Y con este relato me despido de todos ustedes. Un inmenso abrazo a los que están y a los que se fueron

sábado, 17 de septiembre de 2011

MAÑANA

< Mañana, mañana, mañana>
La inmensa biblioteca huele a nogal y cuero. Detrás del escritorio un paisaje de Frasca, ilumina el ortodoxo conservadurismo del recinto. La luz solar se cuela por el amplio ventanal, colocando su énfasis en las estatuillas de bronce, de aquí y de allá.
Él, lee ensimismado el libro de Roger Penrose , sentado en su sillón preferido. Su camisa luce impecable, como impecable es su léxico. Maravilla su oratoria y su memoria. Es un hombre rico, poderoso y admirado.
Saturnina lo observa desde la puerta entreabierta. Siempre desde la puerta entreabierta. Sacrílega susurra:” Luis, debemos hablar”. “–Mañana– “es la respuesta. Y esa respuesta es, horizonte para ella

Ya no recuerda si la nariz de Luis es recta o aquilina. Tampoco si sus ojos son oscuros o pardos. No hay más ruido en la casa que el silencio. Ya no hay risas ni besos ni proyectos.
Saturnina, lavó la última ausencia. La enjuagó, la estrujó, la estiró y, la colgó en la soga de la ropa. Transparente de limpia, se mecía con la brisa.
Mientras tarareaba el epitalamio de su boda, allá por donde no sabe cuándo, se secó las manos en el delantal y encendió un cigarrillo. Volutas densas de humo, cómodas de tiempo y haraganas de viento, parecían encerrar el estribillo: “Barreremos nuestras sombras, de las que las ratas se han alimentado; barreremos nuestra vergüenza, y en su lugar prepararemos una enramada para el amor, un espléndido lecho nupcial”… Miró sus manos, corrió cortinas, abrió ventanas y se acostó en el lecho nupcial.
Hundido el rostro en la almohada perfumada, Saturnina supo que, la única ausencia que no podría lavar, sería la de su propia muerte.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

AZUL NEOPRENE

"Caminaban silenciosos sobre un cementerio de piedras filosas. Signo de vientos, pero no de agua. Las palabras ya no existían en sus mentes, ni sonaban en sus bocas. Ni siquiera recordaban haberse visto nacer."

Apenas pude abrir un ojo de lo adormecida que estaba.* El GRIB holográfico había invadido la habitación con imágenes de nubes sobre las Cataratas de Iguazú. El ruido de agua, cayendo, era prácticamente insoportable, tanto como para despertar un regimiento. Su función de despertador, era altamente efectiva. (* Gridded Binary).

El GRIB…. Era un programa vetusto dentro de un aparato también vetusto, pero el único aparato que conservaba en sus programas las Cataratas de Iguazú… y por eso me gustaba… y por eso, no lo cambiaría por nada del mundo, aunque me ahogara en la imagen, y protestara por el estrépito.

La nueva generación no sabía de ellas, tampoco conocía el sonido particular de agua a raudales. Para mí, era imposible olvidarlo. Posiblemente, por esto, se repetía a menudo ese sueño de solitarias almas sobre filosas piedras .Lejos había quedado la parábola del agua para explicar los misterios de la vida. Ni siquiera los océanos, eran ya océanos, por tantos procesos de potabilización.

Retiré con pereza pero con cuidado, el alambique que cubría la nariz y la boca. El aliento, por ahora, era nuestro oro. Convertirlo en agua, nuestra vida.

El grupo estaría esperando, debía apresurarme. El grupo, los grupos…. ¿Quién hubiese pensado que me uniría a un grupo? Las cosas se veían difíciles. Existían los conquistadores, los guerrilleros, los esclavos y nosotros: “Los menos”. Aquellos, que nunca usarían armas ni intentarían conquistas, ni perderían libertad. A ellos, pertenecía de pertenencia, sin dueños. Mejor la muerte, que despedazarse entre hermanos por hilos de agua, espesadas de sangre derramada… mejor la muerte a cualquier acto, más aberrante que nuestra propia subsistencia.

Parecía imposible, pero aprendí a convivir con ellos y la rutina diaria impuesta, mientras esperaba, esperábamos un milagro científico. Un milagro, de todo ese abanico loco de investigaciones, donde la pureza de la maldad se trenzaba en tira única con la pureza de la bondad, de tal manera que, cualquiera de las dos, pasaba desapercibida o ignorada en pos de la subsistencia.

Todos nos habíamos convertido en ciegos, sordos y mudos. La tierra parecía un cuero viejo, perdurando en terroríficos y catastróficos noticieros porque aún, existía combustible para energía.

Aún… La esperanza sobre aquellos que habían viajado a Marte, se había desvanecido. Nunca, nadie volvió.

Intentábamos, conservar algo de tradición y sociabilización rapados, y limpiando la piel con un mejunje de aceite con arena. La única manera de convivir con la mugre y no depender de nadie, ni siquiera por el agua necesaria que solicitaba nuestro organismo. Todos vivimos de nuestros alientos, sudores y orines. Es el principal objetivo de nuestras reuniones. Somos una unidad

domingo, 28 de agosto de 2011

NO MIRES

Las dos parejas, caminaban por el muelle que extendía unos metros la playa, sobre el agua. El viento, humedecido de sal los impregnaba de mar en cada beso, que lograban robarse. La luna, redonda y plena, iluminaba la romántica escena.

Él, hombre de avanzada edad. Ella, jovencísima

Ella, mujer madura. Él, mucho más joven

La carcajada al unísono de una de ellas, llamó la atención de la otra.

Se observaron. Cruzaron miradas.

Él, murmuró espantado a su joven amante: “¡Mira la vieja con el pendejo! ¡Qué espanto!

Ella, miró de reojo, y susurró a su joven amante: “¡Pobres herederos, del viejo! ¡Qué zorra!

lunes, 1 de agosto de 2011

La sombra del blanco ( Capítulo cinco)

Después de caminar un largo tiempo entre máquinas, probetas y tubos de ensayo, ingresaron a una oficina al final del salón, el mismo estilo que las demás, absolutamente vidriada.

– ¿Y? Ana– preguntó Edgge, escudriñándola

–Pasmoso–No supo qué contestar– ¿Qué significa todo esto? ¿Saben que quedé ominosamente sola en este mundo y van a cortarme en pedacitos?

–Le dije que iba a ser muy franco…aunque suene aberrante. Existe un interés muy especial para que ese hombre desaparezca de este mundo. Cómo ve, le estoy descargando media mochila. La posibilidad existe y es real. Limpia, sin culpas ni cargos. El gran tema, es que no conseguíamos el voluntario…hasta que llegamos a usted. Su plena soledad es lo que necesitábamos, para que no exista una marcha atrás, ni un atisbo de arrepentimiento. Si usted siente que puede ser capaz de extraer de la palabra venganza el concepto y darle forma, proseguiré. Es indispensable la convicción

–Continúe Edgge. Ya le dije, estoy muerta y los muertos no sienten arrepentimiento

–El hombre es adicto a cirugías plásticas. Sabemos que dentro de tres semanas le practicarán una rinoplastia . Es nuestra oportunidad. Usted sería escaneada a una escala tan pequeña como la de una partícula e introducida en el cerebro de él

– ¿Qué?

–Usted no, Ana. Una exacta réplica suya nacida de sus células. Una perfecta réplica de todos sus sistemas y tejidos del tamaño de una plaqueta, con una pequeña variante. La réplica, debe ser modificada con algunas células pertenecientes al asesino, para que el organismo no la rechace ni la reconozca como invasora.

– ¿Y que lograría la réplica?

–Lo que usted disponga, Ana. Usted la programa con su convicción. Tiene seis días para construir la idea. Esa cantidad de días, precisa el proceso de cultivo de células para lograr la impresión de la réplica.

Estaba cansada. Se tiró en la cama de esa habitación que no era la suya, sin embargo, ya la sentía propia. Una cama cálida y confortable, y su olor en la almohada. Necesitaba estar quieta, muy quieta. No moverse. Pensar. No había nada que tuviese el menor sentido, o si lo tenía, estaba demasiado cansada y rendida para reconocerlo. Cerró los ojos.

“Dicen que la vida es tenaz, Dicen que la vida siempre encuentra un medio. Dicen que si se le concede media oportunidad e incluso menos, crecerá y existirá y evolucionará en cualquier lugar, incluso en los sitios más inhóspitos e inverosímiles. Quédate muy quieta. Sigue flotando en tu mente”…

Despertó transpirada y con la garganta irritada como si hubiese gritado hasta quedar muda.

Algo había cambiado mientras dormía.

Todo lo que contenía la habitación, todos los objetos, adquirieron una dimensión que no habían tenido desde su llegada. Se incorporó. Los ojos abiertos de par en par, saltando de un lugar a otro. Una mesa de luz perfectamente barnizada, sobre la misma una botella de agua y revistas de tapas coloridas. Un angosto placard con espejo adosado a una de sus puertas como un brillante reflector de espacios. Una pequeña biblioteca de madera rebosante de nudos oscuros, y atiborrada con libros de lomos desgastados. La mosca intentando posarse en uno. La ventana abierta, el aire empujando las cortinas.

Tomó uno de los libros: Boudica. Primera heroína de la historia de gran Bretaña. Prasutago, rey de los icenos, un hombre acaudalado, había hecho coheredero con sus dos hijas al emperador Nerón, esperando de esa forma conservar su reinado y su fortuna familiar. Pero su deseo fue ignorado, su viuda Boudica azotada y sus dos hijas violadas. Boudica encabezó una brava revuelta. Mostrando su cuerpo magullado y a sus hijas violadas arengó:”. Ganareis esta batalla o pereceréis. Eso es lo que yo, una mujer, pienso hacer.” Setenta mil romanos fueron asesinados.

La claridad fue pasmosa, demasiado. Barrió su interior como río de luz, incluso pudo observar resquicios del sueño anterior al final de su cabeza, diluyéndose. La venganza tomaba forma, se vestía y agitaba su sangre pidiendo salir.

N/P: Termina en cap. seis

viernes, 29 de julio de 2011

Posibilidades

–Tienes la tarea de escribir tu historia. Todo lo que recuerdes de ella y con el mayor detalle posible

Mientras hablaba, Irina sacó un pincel muy viejo de su bolso El mango de madera, amarronado y gastado tenía un brillo de tinta china y lo que parecía una pátina de años de grasa, de dedos y manos. Sin embargo, las cerdas estaban limpias y mostraban una forma perfecta

– ¿Dónde?

–En esa lámina de corcho. Y debes apresurarte. Mañana al mediodía debe estar listo

– ¿La tinta?

–Sin tinta

– ¡Es cómo escribir en el aire!

– Es una posibilidad. Sí

– ¿Cuál sería, otra posibilidad?

–Que esa lámina de corcho convierta tus más oscuros sentimientos en un lápiz de corcho…y te libere

miércoles, 27 de julio de 2011

La sombra del blanco ( Capítulo cuatro)

Ana no tiene la menor idea de quién era en realidad ese hombre, parado a su lado, que decía llamarse Alan Edgge. De pronto se percataba de que nadie preguntaría por ella. “La misantropía de siete años hace que hasta la realidad te olvide”, pensó. Un escalofrió la sacude. Estira las manga de su abrigo para cubrir las manos temblorosas.

–Ana, voy a ser absolutamente franco en esta conversación que mantendremos, usted y yo. Después, primará su decisión. Si desea irse, la acompañaré hasta la puerta de salida.

La luz se cuela por las rejas del ventanal de la oficina salpicando paredes y objetos con extraños matices dorados que hieren sus ojos. Los entrecierra y, ve el bolso sobre el escritorio. Su bolso

–Ana, la encontraron con un arma en la mano. Sí, está allí, dentro de su bolso. Un excelente amigo de la justicia no permitió que cometiera una locura. En estos momentos, si él no hubiera intervenido, usted estaría presa. ¡No!, no diga nada, permítame seguir–Esa nota de dureza en la pronunciación del no, chocó a Ana–. Soy miembro activo de un grupo de investigadores. Hemos seguido el caso del doble homicidio desde el inicio. No por usted, sino por el asesino: Un hombre inmensamente poderoso, capaz de corromper hasta el alma más inocente. Demasiados asesinatos, ninguna condena –Alan Edgge, dedicó una mirada al portarretrato sobre el escritorio y prosiguió–La pregunta insignia de este grupo de investigadores es: ¿Posibilidades? Para usted Ana, en estos momentos, existen dos posibilidades. Una, es tomar su bolso y marcharse, La otra, es atreverse a ser voluntaria del proyecto. ¿Se ha preguntado qué define la palabra venganza? ¿El significado… o el concepto? ¿Qué es para usted, justicia? ¿Qué es venganza?...porque justicia no es venganza y venganza no es justicia.

Ana lo miró desconcertada. Apenas logró contener un pestañeo

–Yo no…–consiguió murmurar

– Disculpe Ana, la estoy confundiendo. Lo que intento decirle es que sé por lo que está pasando. En estos momentos, usted, está en el submundo de las palabras, entre sus letras negras, negrísimas y, rabiosas. Mientras esté allí, no logrará su objetivo sino logra saber extraer el concepto x de la “palabra x”, que se repite en su mente. Puedo ayudarla

– ¡Ahora hablará de justicia divina y que la vida sigue, doctor!- silabeo con fuerza entre dientes–Ese cuentito lo escucho desde hace siete años.¡ Estoy muerta ¡ ¡ Entiende usted!

Los ojos celestes de Edgge se veían serenos, claros y serios cuando continuó.

–Le hablo de convicción y ciencia, Ana. Sé qué es difícil entender. Es como ofrecerle un vaso lleno de cuadraditos de papel y decirle que es agua y, que debe tomarla. Acompáñeme.

Los dos salieron del despacho casi al mismo tiempo. Caminaron doce metros por una galería que desembocaba a una puerta de hierro con llave. Edgge giró la llave, empujó la puerta. Un estrecho pasillo levemente iluminado con luces guías, se presentó a la vista de Ana. Caminaron por él en fila india hasta una nueva puerta con llave. Edgge sacó una llave del bolsillo de su pantalón, la acomodó en la cerradura y la hizo girar, pero antes de empujar la puerta, la miró. Ana devolvió la mirada indicando que no sentía miedo.” Bueno-se dijo para si-Así son las cosas. Tienes que ser fuerte un poco más”, siguiendo a Edgge. Ingresaron a un pequeño y frío recinto cuyas paredes estaban forradas de lockers. Un fuerte olor a químicos la hizo estornudar. Edgge , abrió uno y la proveyó de barbijo, guantes, gorro y un guardapolvo azul Con señas le indicó que se los colocara , al mismo tiempo él lo hacía.

El laboratorio parecía una inmensa sala de hospital, sin camas. Blanco, blanquísimo. Sobre los laterales se hallaban divisores totalmente vidriados que a su vez formaban laboratorios individuales. Hacia allí se dirigieron

–Ana. Aquí trabajan químicos, físicos, genetistas, ingenieros y médicos especializados. Todo lo que aquí le muestre, parecerán piezas de un rompecabezas. Cuando le explique cuál es el proyecto, usted podrá, asociar cada pieza y armarlo. Pero venga, quiero mostrarle la joyita

Un aparato parecido a un tomógrafo aunque totalmente cerrado con un material transparente que no era vidrio, estaba conectado a varios ordenadores y a otra máquina que tenía el aspecto de una impresora.

– Esa impresora es una bioimpresora 3D, trabaja igual que cualquier impresora común, pero en vez de usar papel, utiliza células procesadas. Esa cápsula parecida a un tomógrafo escanea órganos y profundidad de la piel. La imagen escaneada se traduce en una imagen digital 3D para calcular la cantidad de capas de células que se necesitan imprimir

viernes, 22 de julio de 2011

Matices ( según consignas)

Solo hay que sentarse a observar. Fijar la vista en el punto más lejano. Dejar que la penumbra se esparza, se adueñe del lugar más cercano después del más lejano. Cuando los ojos se habitúan a la misma, aparecen pequeños paisajes plenos de matices. Así la descubrí. En una lágrima del limonero de mi vecino que busca en mi jardín las flores de azahar que un día le robé. Desnuda, bella, bellísima, brillaba como nácar.

Me acerqué y la tomé en mis manos con sumo cuidado, pero la lágrima se rompió. Cayó sentada sobre el pequeño mar de agua en el hueco de mi mano

– ¡ Quién eres?– pregunté curiosa y compungida por lo sucedido

– La muerte de la muerte– dijo, sacudiendo su cabello iridiscente. Y desapareció

sábado, 16 de julio de 2011

El Arcón ( C/ bandada de recuerdos)

Érase una vez, hace poco tiempo…

En el pequeño país de los trastos viejos “El Arcón”, se acomodó un nuevo vecino, Manuel, el ratón.

El vecindario se componía de “Romántica”, el vestido de novia que creyó en el amor. “Fracasado”, un frasco de vidrio vacío,
quién suponía contener suspiros. “Brutus” un libro semiderruido que había perdido la tapa. “Gitana”, un disfraz de hada que en su mejor momento arrancó sonrisas a niños, y “Familiero” un desvencijado portarretrato familiar despojado de almuerzos y cenas.


Todos ellos, observaban admirados y asustados como Manuel espiaba por el ojito de la cerradura, paraba su colita - ¡no hay moros en la costa! - y, zig, zag, zig, velozmente se perdía volviendo con un rico pedazo de queso, mientras el gato peinado ronroneaba cerca haciendo su ronda.

Los trastos viejos, sucios y amarillentos, vivían quietecitos, en silencio por miedo a que los arrojen a la basura. Ni entre ellos hablaban.

Despacito, de a poquito, fueron acercándose a Manuel. Primero grandes partidas de truco. Luego, largas tertulias conmocionaban el pequeño país. Parecía que el silencio y la quietud habían quedados dormidos.

Manuel, que era amable y bondadoso compartía con ellos gran parte de su tiempo, pero la demanda de sus nuevos amigos era tanta que con el transcurso de los días, se dio cuenta que su zig, zag, zig ya no era tan veloz. El gato peinado se relamía gozoso tras su cola.

Decidió tomar distancia y entrenarse con tesón, hasta que su zig, zag, zig volviera. Además, en una de las salidas había conocido una ratona que quizás, quizás, hiciera cueva con ella. Dijo no a las invitaciones de sus amigos y trató de pasar el mayor tiempo posible sin hablarles, con la excusa amable de su entrenamiento.

Las tristes y pálidas caras de sus amigos que volvieron al silencio silencioso de la vida que alguna vez fue gloriosa y ahora no, lo hizo reflexionar.
– Ésta no es la solución. ¿Cómo ayudarlos? – pensó. Problema, que quizás para ellos no lo era pero, para él sí. En definitiva él era un simple ratón escurridizo, fisgón.

Manuel pensó y pensó y pensó.

En la mañana, espió por el ojillo de la cerradura, paró su colita y zig, zag, zig corrió en busca de queso. Se sentía tan liviano que hasta burla le hizo al gato peinado, robando pedacitos de torta en sus narices.

Al mediodía invitó a todos sus amigos a comer queso y torta, quería hablarles.

–Queridos amigos, pronto me iré de aquí, hay una ratoncita que me tiene del coco, pero antes de irme me gustaría que ustedes pierdan el miedo de ser arrojados. En definitiva todos tenemos algo en común, la búsqueda de felicidad. Al miedo hay que atravesarlo.

– ¿Cómo hacerlo? Ya no nos quieren – dijeron al unísono.

– ¿Que recuerdan de su pasado ?

– Bla, bla, ble, ble, bli, bli, ta, te, ti, cric, crac.

– ¡Por favor! ¡De a unoooo! ¡No los entiendo! Exclamó Manuel tapándose los oídos. Definan con una palabra.

– Amor y cuidado de nuestros dueños–- dijo Familiero.

– Si, si, siiiiiiiiii.–- gritaron todos.

– Bien, y ¿qué es lo último que recuerdan cuando fueron colocados aquí?

– Ahora es una estrella, o está en una estrella.- dijo Romántica.

– Si, si, siiiiiiiiii - dijeron los demás–-¡La culpa es de las estrellas!¡Odiamos a las estrellas! – volvieron a gritar.

Manuel no podía salir de su asombro, ¿culpar a las estrellas que eran tan hermosas...? Él recordaba que una vez había escuchado decir un padre a su hijo…” - Ahora tu abuela está en el cielo. ¿Ves esa esa estrella? Siempre estará contigo…. Pero lo hacía como un gran regalo indescriptible de amor a su hijo.
Mmmmmmmmm, estrellas, recuerdos...

– Amigos, tengo la razón del porqué. Escuchen. La explicación está en Brutus. Ustedes saben que los ratones tenemos cerebro simple, pero muy buen instinto. Cuando estamos frente a Brutus, es imposible no leer su frase remarcada. “La culpa, querido Brutus, no es de nuestras estrellas, sino nuestra”. Significa que la mano que lo colocó aquí, lo hizo para resguardarlo, y le pide disculpas por no haberlo cuidado lo suficiente. De la misma manera, a todos ustedes. Además, en una de mis tantas salidas, leí grabado en el techo del Arcón la palabra "Recuerdos" .Significa que ustedes tienen un título que deben respetar. Y hacer honor. Aquí no hay desamor, hay muchísimo amor de quienes los guardaron.

Manuel ya no está con ellos, cada tanto los va a visitar con su prole. La vida en el Arcón ha cambiado, hay días de recuerdos, de compartir experiencias. Gitana canta cuentos. Romántica aprende a bordar. Brutus enseña teatro. Familiero cuenta anécdotas y el frasco Fracasado, se ocupa de recoger sonrisas.

Ahhhhh, olvidaba, cada uno de ellos ha hecho un lugarcito para nuevos recuerdos.

jueves, 14 de julio de 2011

La sombra del blanco ( Capítulo dos)

▬ ¡Abre Boudica! ¡Abre! ▬. El grito de Dion hizo girar velozmente a Boudica y correr hacia la puerta de entrada. Ni bien abrió, los gemelos cayeron sobre ella, tumbándola. No hubo gesto de lamento de parte de ellos, ni de cortesía. Boudica los miró desconcertada
▬Shhh. Shhhh▬ señaló Amatista con el dedo en la boca. El inmenso silencio destacó el peligro. “Wom Wam Wom Wam…” Ese ruido metálico ya lo conocían.
Amatista corrió la visera del gorro hacia atrás, cómo si eso le permitiera escuchar mejor. Refulgió en la pesada sombra el blanquecino de sus corneas dirigidas a Dion. Temblaba. Apretó enérgica su mano con el fin de infundirle fortaleza. Los REM los habían perseguido. Estuvieron muy cerca, pero no eran ellos lo que la preocupaba. Su cuerpo se despertaba a inquietudes desconocidas, las cuales, no poseían nombre ni palabras que lograran definirlas. , Se sentía desequilibrada y no estaba preparada para ello. Su existir se regía por combinaciones exactas y predecibles. Esa era la clave de su subsistencia. Tropezar con los REM había sido consecuencia de un accionar no responsable. Se había caído y esto, demoró a su gemelo. Posiblemente por esta ebullición caótica que recorría su ser, la necesidad de retirarse de la misión la urgía. Ya lo había manifestado a Boudica, pero ésta fue tajante en su contestación: “Yo sé cuándo termina para mí”
▬Ya se fueron ▬ susurró Boudica
Pasado el peligro, Boudica intentó tomar la mochila que contenía el botín. Dion no se lo permitió. Estiro sus manos marcándole distancia. Su obligación era entregar la mochila a Boudica. Solamente ella tenía la potestad de abrirla y , solo lo hacía en el santuario. Esta vez, él abrió la mochila. Del interior extrajo un pequeño ser luminoso. Amatista se apresuró a tomarlo entre sus brazos con mucho cuidado. El pequeño sonrió y la estancia se iluminó por completo. Las paredes relucieron como nácar y el ambiente se perfumó con un suave aroma dulzón.
Boudica observó con desagrado la escena. Por fin entendía lo que estaba sucediendo. Ante esa inmensidad de luz, el rostro de los gemelos se había transfigurado. Sonreían descaradamente felices. El ser los impregnaba de placer y energía
En un ligero accionar, Boudica arrancó de los brazos de Amatista al pequeño, corrió al santuario encerrándose en el mismo. Los gemelos corrieron tras ella.
▬Nooo Boudica. Noooo▬ gritaban al unísono, mientras golpeaban la puerta desesperados
El santuario no era ni más ni menos que un espantoso nicho de seres luminosos muertos.
Boudica comenzó a despedazarlo sin remordimiento alguno. No permitiría que el maldito asesino, poseyera una sola luz de esperanza
La puerta forzada retumbó estruendosamente en el suelo, apagando gritos con el ruido.

lunes, 11 de julio de 2011

La sombra del blanco ( Capítulo Uno)

Ana Art pide unos segundos más antes de ser introducida en la cápsula. Pero no se trata de un atisbo de debilidad lo que la lleva a hacer detener el complejo mecanismo del laboratorio subterráneo de la fundación. Desliza su índice por el párpado inferior izquierdo y oculta la última lágrima que se juró dejar en libertad. Tiene dos motivos encriptados en su corazón de madre para someterse a la máxima prueba”. La memoria de sus dos hijos es como una gran turbina que ha empezado a girar lentamente y que poco a poco… ▬ ¡Boudica! ▬gritó ▬, aunque nadie escuchó.

Boudica, tenía absolutamente claro cuál era su misión. Pero en un territorio inasible a la mirada, hostil al conocimiento y estéril al deseo profundo de gran victoria., necesitaría ayuda. Los gemelos isómeros Dion y Amatista, serían los aliados adecuados para el efectivo cumplimiento del objetivo. A pesar del aspecto aniñado y frágil, los gemelos manifestaban ser exquisitos cazadores. Cazadores de oficio, con todo lo asombroso y escabroso que implicaba ese hecho.

En ese lugar, en ese mundo, el tiempo no existía. Y si existía, era imposible calcularlo. Todo era inestable, extraño, impredecible. Intermitentes tormentas eléctricas creaban la sensación del día y, profundas oscuridades pobladas con perversas criaturas depredadoras, marcaban supuestas noches. Los REM eran las criaturas más perversas y crueles de esas noches. Con pesado andar metálico trituraban a su paso lo que existiese a su alcance. Solo el refugio los protegía de esas bestias apocalípticas. Alguna que otra vez, cuando las noches no eran tan densas, Boudica pudo observarlos. Eran tan invisibles y devastadores como viento huracanado, con esa incomprensible dualidad de lo etéreo develado en formas que son aberrantes por no ser propias. El aquelarre producía desenfrenadas estampidas que hacían temblar hasta el punto más recóndito de ese universo

Construyeron el refugio, por seguridad, lejos de las redes comunicacionales, lo que dificultaba maniobras y traslados. Tenía una extraña forma acaracolada-símil una oreja- con tres ápices largos y finos en la parte superior que parecían herméticamente cerrados, sin embargo eran los ojos del refugio: Tubos operculados con fibras especiales que emitían fotones. Permitían una visión del exterior en 360°, perfecta y vívida. Los fotones eran recibidos por la materia exterior que de inmediato los volvía a emitir hacia el refugio, causando una reflexión fractal pixelada, hasta el máximo horizonte. Una nítida copia de la realidad- dirigida-, que opacaba cualquier plano

Tres entradas falsas presidían a la correcta abroquelada con tres pesadas puertas. En su interior, una larga y laberíntica caverna, escondía la sala de reunión, tres habitaciones y un santuario, al que solo podía acceder Boudica ,

La noche cayó inesperada y densa como brea líquida. Dion y Amatista aún no habían llegado y un tonto sentimiento de abandono crecía en ella con el mismo ímpetu de la duda cotidiana. ▬<< ¿Volverían esta vez?>>▬, se preguntaba. El peligro no solo anidaba fuera de refugio. Dos hechos postreros habían llamado su atención y obligado a estar alerta: La mirada gélida e impersonal de los gemelos poseía un reflejo distinto, un brillo que antes no existía. Luego, la urgente pregunta de Amatista “¿Cuándo terminará todo esto?”.

▬<< Debo estar atenta >>▬ se dijo. Luego de trabar la última puerta del refugio, despidió el recelo por la boca en una quejosa y entrecortada exhalación-. ▬<< Difícil arrancarlo de las entrañas>> ▬pensó. Su cuerpo retrucó la acción, con un vertiginoso espasmo que la estaqueó a la pared convirtiéndola en fácil blanco para las filosas flechas de la memoria. Mordió sus labios fuertemente. Tan fuerte que un hilo de sangre brotó inmediatamente, distrayéndola. En ese tiempo y en ese lugar, Boudica sabía que no habría más recuerdos que el de su nombre. Todo lo valorado y lo perdido estaba hecho carne en ella. Pasado, presente y futuro eran un todo en su sangre.

La oscuridad era total, pero Boudica en ella se movía como gato. Había nacido para estar en las sombras. Eran ellas, absurdamente, sus victorias más preciadas aunque fuesen infierno y desazón. Caminó unos pasos por el salón circular y se perdió por un túnel lateral que conducía a las habitaciones.

No muy lejos de allí, Dion y Amatista corren. Ese era su trabajo: cazar, confundir, huir. Amatista ya no sentía satisfacción en ello. Una rara sensación desconocida la estaba poseyendo. Lo que antes era claro y preciso, se había convertido en un peso oscuro y confuso que le quitaba efectividad. Dion cargaba en su mochila el botín y no parecía sentir lo mismo . De algún modo supo que Dion daría la vida antes de entregar lo que guardaba en la mochila

.

viernes, 8 de julio de 2011

Parapente ( tres)

El colorcito ocre otoño de la plaza Concepción, fascina a Ermelinda de tal manera que siente sus pies despegar del piso. Y vuela, como esas hojas que desean de la brisa la última caricia, antes de acostarse en la tierra y dormir el sueño eterno del retorno. Y vuela para espiar los nidos descobijados, y vuela a secar las lágrimas de las ramas que van quedando desnudas.

Ese caos tan perfecto de consumaciones, la perfuma del cítrico esperanza cuando su cuerpo se desvirtúa en el nudo de una corteza de lapacho-gallo de primavera-que le permite alimentase de su esencia

Nada es objeto o cosa en este estado, todo es alma, espíritu, sinfonía, rezo de resurrección

El rojizo del ocaso, coloca a sus pies el último ocre de esa hoja que quiere morir junto a ella. La despide con el largo velo escarchado de la noche asomada.

▬Ermelinda ¿Y parapente?

▬ Hoy viajé con él

miércoles, 6 de julio de 2011

Parapente (dos)

Un carromato tirado por dos caballos se asoma por una calle lateral de la plaza Concepción y se detiene justo frente frente al kiosco.

▬Es extraño ver este tipo de carromatos, en estos tiempos ▬ Le dice Ermelinda al señor relativamente joven que ha bajado de él y a ingresado a Parapente

▬ Es posible, pero es la única manera que encontré para iniciar la carrera de lo imperturbable

▬ ¿Imperturbable? …No entiendo

▬Leyó alguna vez a Lydia Davis. En “La carrera de los motociclistas pacientes “Davis dice: ( ) “Acostumbrarse a contemplar el mundo visible con un maravilloso potencial para la velocidad entre las piernas y, sin embargo, avanzar con tanta lentitud que cualquier cambio de posición resulta prácticamente imperceptible y el mundo permanece también imperturbable, salvo por la luz que proyecta el sol en su viaje, y al final de la lenta jornada hasta el sol parece haber sido lanzado con un arco rapidísimo”

▬ Claro. No lo hubiese pensado nunca. A la máxima o mínima velocidad todo parece quieto. Me gusta su desafió. No debe ser fácil▬

▬No lo es. ¿Podrá venderme una bolsa de caramelos ácidos y un cartón de cigarrillos negros?▬

▬Claro… ¿Y adonde se dirige?▬

▬Pasearé por la Villa y seguiré camino al sur▬

▬ Le recomiendo, para ver, el museo del ingenio y la producción Cimereña. Tiene nombre adusto, pero es divertido▬

▬ Gracias. Adiós▬

Ermelinda mira pensativa el bonete parecido a un barquito que hizo Pipi el pintor con una hoja de diario para proteger su cabeza de la pintura. Todavía no ha terminado la pared del fondo. Repasó la charla con el desconocido y saludó la idea con una sonrisa: “Cuando ese demorón pida que le pague, le voy a decir que deberá esperar mi regreso. Pues me iré a dar la vuelta al mundo en su barquito de papel”“

viernes, 1 de julio de 2011

Parapente

A centímetros de cualquier piel bulle vertiginoso el cambio, y a Ermelinda Santos le gustaría zambullirse en él, aunque sea en parapente. Sobrevolarlo, rozarlo, oler esa adrenalina en la estela de su viento, hoy potestad de los jóvenes, es lo que desea. Le duelen los huesos, camina lento, y su vista ya no es tan buena después de la muerte de Nando, su marido. Si bien Gloria, su vecina, no encuentra razón a ese pensamiento, y ríe, y dice "-Es la vejez nena-", Ermelinda sabe que no es así. Nando era la luz de sus ojos, el catalejo y el prisma. Pero, está decidida, la decidieron los fríos silencios del mate mañanero que servía a Nando en la cama, antes de que se levante para ir a trabajar. También, sombras y enormes penumbras colgando pancartas de obligada resignación. Y, la decidieron muchas cosas más, principalmente la vida. "La vida es ciega, no sabe si alguien es viejo o joven, si ama o no ama, si llora de alegría o tristeza. En su ceguera acaricia y golpea. Y empuja, no importa si los huesos duelen o se pierda el equilibrio", pensó. La idea se le presentó clara y nítida el día que, en la verdulería, recibió un huevazo en la cara. El niño que lo había revoleado, inquieto y revoltoso, se quitó de la boca el chupetín y se lo ofreció mudamente a modo de disculpa. A pesar del gran alboroto de otros clientes y de la madre del niño, ella no dijo nada. Limpió su cara, se metió en la boca el pegajoso y salivado chupetín, pago y se fue sonriendo. Posiblemente le hubiese dolido ver los pucheritos del nene al quedarse sin el dulce.
-¿Y? Ermelinda-interrogó Gloria
-Ya decidí. Un Kiosco -
-¿Un kiosco? Estás loca. Un laburo de merda que no deja ganancia-
-No me interesan esas ganancias. El dinero del seguro de vida de Nando , más la pensión, alcanzan para vivir esta vida y otra. Quiero otra cosa. Ya tengo el nombre. Se llamará Parapente. ¡Imagina cuánto vértigo al alcance de mis manos! Dejando de lado a fieles clientes como los niños, no hay peregrino ni sabandija. Laburante o vago. Millonario o pobre. Monja o prostituta que no pase por un Kiosco…
Su Parapente, ya tiene un lugar. En la esquina norte, frente a la plaza Concepción
Continuará después de la habilitación.

miércoles, 6 de abril de 2011

LA RUTA Y LAS PARTÍCULAS

Sostengo que el momento justo, el elemental, es generado por el invisible universo de partículas—sea el plano que fuere—intentando modificar o mutar una realidad (en este caso, la nuestra). Las imagino arreando ideas a mentes abiertas, iluminando salidas en laberintos mentales, provocando casualidades para el descubrimiento. ¿Por qué? Conjeturo que es cómo ordenar el tránsito en la ruta del tiempo profundo: STOP. NO SIGA . ABISMO. GIRE. Parafraseando a Boyle sus analogías:” Cómo el alfabeto, que con unas pocas letras puede escribir toda la literatura”. “Cómo la llave y la cerradura, hecha la una para la otra”. Posiblemente, ese momento elemental, venga de la mano del Dr. Edgger. Cambiar mi genética, es la meta.
La posibilidad de generar sangre humana (cantidades industriales) a partir de células de la piel, produjo un sustancial cambio en todos los órdenes de la vida del planeta: Político-Social. Económico. Evolutivo. Pero, el mayor impacto, más espinoso que los robots con piel humana irrigada con sangre, fue el intento de inserción social de las dispersas y discretas comunidades vampíricas, donde pertenezco. No fue fácil, tampoco muy difícil. Hubo detractores hostiles, pacíficos, y demás. Pero también defensores de la misma naturaleza y demás. De todas maneras, una buena estrategia suma innumerables voluntades. Los de mi raza, poseemos dos tesoros que los humanos (o ciertos humanos) desean por sobre todo las cosas: inmortalidad e inmensa riqueza. Y, aquellos llamados líderes, vieron en nosotros este mayor anhelo. Los mismos que llamaron oro rojo a la sangre que irrigaba la piel de los robots. Y los mismos que no fabricaron humanoides con órganos artificiales para trasplantes, producidos por las impresoras tridimensionales desde una computadora. Sí, impresoras que no solo imprimen sobre papel, sino que van reproduciendo un objeto (un hueso o un riñón, por ejemplo). Supongo que así son los humanos. Arañan los límites, se encaraman a ellos, pero son contados con los dedos quienes los sobrepasan..
No fue la idea de abundancia de sangre, nuestro principal alimento, la que nos decidió solicitar igualdad social. ¡Fue la excusa! El motivo, lo que nos movilizó, era y es, la necesidad de pertenecer. La necesidad de sentir por la simple y patética certeza del humano: nacer para morir. Los avatares de los tiempos fueron cambiando también nuestra comunidad. La comprensión de la racionalidad del concepto de finitud como cualidad de vida (Vida finita, vida limitada) y, su inestabilidad como concepto, evangelizó nuestra cultura. La expresión de finitud, se convirtió en cambios, evolución, futuro, energía, fe, esperanza, sueños, anhelos, procreación y más, muchísimo más. En la finitud la paradoja del tiempo profundo y el tiempo lineal, se concilian. Se convierten, de alguna manera, en la expresión de infinito dolor e infinito placer de una madre pariendo.
El doctor Edgger es especialista en senescencia. Yo seré su conejito de India, el primer eslabón de un posible gran cambio. El mío y el de la mayoría de mis congéneres: morir, ser mortales. Y, el de aquellos humanos que desean la inmortalidad.


N/P: Aunque parezca que esta narración no guarda sentimientos o emociones; sí los tiene.
Quizás no logre leerse como un cuento, sino fuere así, léase como el principio de un cuento ficción que puede convertirse en realidad o como el principio de algo, el enunciado de un cuento que hubiese podido ser muy bien escrito por los que saben.
Es real que se ha conseguido fabricar sangre de una célula de la piel (ahora está en períodos de prueba su bondad)
Es real lo de la impresora tridimensional, que produce objetos desde una computadora, imprimiendo sobre células. Leer sobre el científico Anthony Atala .
Senescencia: Ciencia que estudia el envejecimiento y la forma de evitarlo o retrasarlo ( telomerasa y telómeros a la orden del día)

miércoles, 30 de marzo de 2011

SUDOKU

“Dice una antigua leyenda: Cada tanto, de una misteriosa pupa, nace una polilla que se alimenta de los tejidos de la mente. Un azazel profano que no pertenece a ninguna fe. No es malo ni bueno. Es, y existe tal cual es” (L. A)

De la vieja estación solo queda en pie el andén de cemento y piedra, ahora altar de lagartos overos adoradores del sol.
El quetren del tren retumba fantasmagórico sobre las vías abandonadas. Collar de plata que recorrió-de una punta a otra- las tierras del mundo. Los verdes túneles de álamos y eucaliptos, salvo alguna que otra hierba mala, conservan el arquetipo de la imagen del camafeo de hierro madera y bronce, que guardó sin espanto, alguna vez, vida en su interior. Niños, jóvenes, adultos, ancianos. Risas, tristezas, anhelos, esperanza, amor. Humanidad.
Alejados los fantasmas, el silencio es abrumador. Parecería que la anaconda del tiempo hubiese triturado hasta los gorriones, horneros y picaflores que abundaban en lo que otrora fue… ¿Y qué fue? La duda excava entre escombros escondidos en la selva de alfalfa, ortigas y cardones.- ¿Qué fue?-Fueron las manos de Juan bajo mi blusa. El olor a jabón blanco de su ropa, el aroma a manzanilla en mi cabello. Fue la urgencia joven rompiendo la rutina de la siesta veraniega en la sacra oscuridad del confesionario de la iglesia. Ciegos recobrando la vista en el milagro del tacto. Fueron las zambullidas en el río y la margarita desojada hasta el “te quiero mucho”, tatuado a fuego en nuestras bocas unidas. Y Juan corriendo por el camino lateral a las vías, con sus manos en alto, despidiéndose hasta el próximo verano. Y yo, estampada a la ventanilla del tren jurándole amor eterno.
Quetren Quetren Quetren Quetren. No volví. Me tragó sin oxígeno ese mar de cemento astuto y vil del bienestar y el progreso. Permuté la fiebre de sus manos por el frío de las mías.
De regreso, tacho tren y escribo libertad- Tacho cemento y escribo Juan.

sábado, 26 de marzo de 2011

UNA NUBE, UN ÁRBOL, UNA PIEDRA, Y EL PERCEPTO

“Sucede que en los momentos en que se espera un golpe muy fuerte pero desconocido, la mente se prepara instintivamente y abandona de manera momentánea la facultad de sorprenderse”… (Carson Mc Cullers. “Reflejos en un Ojo Dorado”).-

El teléfono suena una, dos, tres veces. Joaquina no atiende. Corre las cortinas del ventanal de la sala y aplasta la nariz contra el vidrio. La calle está vacía. Puede escuchar el ronroneo del tránsito de la autopista cercana, y sentir en sus manos la ínfima vibración que produce el viento cuando choca contra el vidrio. Tedio y más tedio invade su existencia. Atrofia sus sentidos hasta deshabitarla de sensaciones. La deja amorfa. Como si ese tedio, hubiese desplegado la antigua profundidad- germinante y evolutiva por su misterio- hasta convertirla en una insoportable anchura que -aunque vasta- aplana las gradientes hacia la vida irrechazable. Se siente perdida en ese fluido tibio de la nada que no quema, ni hiela, ni duele, ni causa placer. Hoy, para Joaquina, la muerte está dejando de ser invisible en esa soledad nueva y extraña.
Observa sobre la mesa la invitación que dejó Inés, para asistir a una exposición de pinturas: Humanidad muerta por Ariel Miranda. Galería Challen. No lo conoce, pero le gustaría asistir. Algo poderoso ha llamado su atención. No ha logrado distinguir si fue el nombre de la muestra, o porque el artista no pone a la venta su trabajo.
Repasa en su mente las críticas mientras elige un vestido negro para ponerse: < “Su arte es como la materia oscura del universo: sin matera oscura no hay luz” (Gabriela Z. de TI)>. < “La muestra parece un zumbido silencioso, como un reactor nuclear “(Gordillo H. de INP). <” Luego de cinco años de invisibilidad, el enigmático escultor y pintor Ariel Mirada expone en la galería Challen una nueva y apasionante muestra a la que ha denominado “Humanidad Muerta”. Lamentablemente, ninguna de sus obras de arte está a la venta” (La comarca)>.
Frente al espejo, imagina cómo plasmaría en lienzo una humanidad muerta: Una ciudad de casas bajas a la altura de las nubes, poblada de ancianos llorando. Bajo la misma, al viento, una guirnalda de figuras humanas con un celular- cada uno- cómo corazón, y ojos paneles solares. Incapaces de comprender que esa lluvia de llanto, los incomunicará y los deshará en los charcos.
Se coloca el collar de perlas que ha heredado de su madre. Ya no recuerda su rostro. Ya no recuerda rostros, ni lugares ni momentos felices o infelices. No ha sido el tiempo el que le ha robado todo eso. Han sido los instantes, obligados por ella a ser presentes. Se declara culpable bajo una tenue nube de Opium- perfume preferido- que impregna con delicadeza su atuendo. “Culpable por no saber ser culpable”- se dice - recogiendo el cabello con una cinta de terciopelo negro.
El teléfono vuelve a sonar, una, dos tres veces. Lo ignora. Se ha quitado el corazón