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jueves, 27 de septiembre de 2012

AUNQUE HAYA AGUA



AUNQUE HAYA AGUA
Jorge Umberto Malpeli


La mañana estaba fresca. Ya no llovía pero ahora se sentía el viento  frío del sur.
¡Adela! -gritó Rocío,  al mismo tiempo que sostenía en su mano, el mate recién cebado. Al escuchar la respuesta de su hermana continuó -anoche me levanté a las cuatro y al mirar por la ventana, lo vi. Allí estaba de nuevo.
¡Ay, Rocío, Rocío! ¿Se puede saber a qué mierda te levantás a las cuatro? -preguntó Adela.
-Me parece que el Rozerem no me hace nada, voy a tener que cambiar de píldoras -reflexionó Rocío en voz alta -y si no duermo bien, ando todo el día hecha una boluda. Pero eso no es lo que quería contarte, si no que lo descubrí otra vez, al pobre infeliz esperando en la vereda, frente al cabaret, por la calle Tres Sargentos.
 
¿Y qué tiene de especial? -cuestionó Adela, y agregó – desde que falleció tu marido y viniste a vivir conmigo, lo hemos visto varias veces, muy de madrugada, adosado a esa pared.
 
-Lo que tiene de especial, es que anoche llovía a cántaros sobre Buenos Aires -replicó Rocío. Vi como corría el agua por la Tres Sargentos arrastrando todo a su paso, hacia el bajo y casi se lo lleva a él también. ¿Te acordás que siempre estaba fumando? ¡Ja!  anoche la lluvia le prohibió el cigarrillo! Te aseguro que de lejos, lo encuentro parecido al finadito. Lo distinto es que mi marido usaba sombrero y hubiera podido fumar bajo la lluvia ¿No te parece?.

-Dejate de joder. Roci, si él jamás te esperó de madrugada y menos bajo la lluvia -apuntó Adela.
-Eso es cierto -admitió Rocío. Y yo tampoco “laburaba” en algún “pirigundin” cuando me conoció. Y quedó abstraída, recordando, quizás, lo joven que era en aquel tiempo, cuando entró a trabajar en el consultorio.
 
¡Pero que “metedura” tiene con la mina esa! ¿Te acordás cuando la vimos la primera vez? -preguntó Adela.
-“Sola, fané y descangayada, la vi esta madrugada salir de un cabaret”, como dice el tango, tal cual. ...¿Vos viste el auto importado del que se la levantó? Antes de subir, le tiró dos besos al pobre tipo, uno para cada mejilla, al modo de Sabina.

-“Fiera venganza la del tiempo, que te hace ver deshecho, lo que uno amó” ¡Cómo me gusta ese tango! y afirmó -todavía algo tendrá, que le gusta tanto a los señores....
 
Qué querés que te diga, a mí ese hombre, me da pena. Ni siquiera lo conozco, ni he visto su sonrisa, pero esta noche no tomo la pastilla y mañana, aunque haya agua en la calle -dijo Rocío -te juro que bajo y me lo levanto.

 


Esta Noche Me Emborracho.
Tango – 1928
Enrique Santos Cadícamo.
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martes, 4 de septiembre de 2012

SOBRE BUENOS AIRES UN SABADO MAS

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SOBRE BUENOS AIRES UN SÁBADO MÁS.

Jorge Umberto Malpeli

El ómnibus detenido en un  hotel de Retiro  espera a   treinta  mujeres españolas que llegaron a Buenos Aires para participar del IIº Congreso  por los Derechos Cívicos de la Mujer. Habían contratado para esa tarde de sábado,  una visita guiada  a  la bóveda del Cementerio de la Recoleta dónde descansan los restos de  María Eva Duarte.  

Ubicadas las damas  en sus respectivos  asientos, la guía tomo el micrófono y dijo:

-Hola Buenas tardes.  Les doy la bienvenida a Buenos Aires. Yo soy Nancy ,  el  es Mario y  las voy a acompañar al Cementerio de la Recoleta para ver la Bóveda 42 de Evita, como la llamamos los argentinos y el mundo.

Entonces el  bus se llena  de tango.   Por sobre los acordes del bandoneón que perteneció al Gordo Troilo, y  que los hace el mismo Piazzolla, se escucha la voz de  Eladia:

ARGENTINA  -  BUENOS AIRES
“Me sucedo en su sangre, lo adivino.
Y presiento en mi voz, su propio eco.
Esta voz que una vez, me sonó a hueco
Cuando le dije;  Adiós “Nonino.”

El ómnibus tomó hacia  el centro y dobló por Balcarce .
-Esta es la  Plaza de Mayo y a la derecha la Casa Rosada - dijo la guía.
-¡Ese es el balcón de Evita! -exclamó una pasajera y con  preciosa voz y buen acento español  comenzó a cantar:

“No llores por mi Argentina,
mi alma está contigo.
Mi vida entera te la dedico
 no te alejes, te necesito...”

A Evita la vi en el año 47 en la Plaza Oriente de Madrid  -dijo una mujer mayor  -y agregó  -siempre recuerdo cuando le contestó a la señora del caudillo “su marido no es un gobernante por los votos del Pueblo sino por imposición de una victoria”  
Solo se animó a romper el silencio  una de las  señoras al preguntar mirando  la Plaza de Mayo vacía   -¿Y las Madres?  -Los jueves  -respondió Nancy,   -pero no se olviden que ahora vivimos en democracia...ya casi no vienen... 
-¡Pues  si,  que  esas mujeres  tenían coraje ...y otra cosa!  -exclamó la española.

El bus dobló por la calle  México.  -Esa era la Biblioteca Nacional  -señaló la guía  -Jorge Luis Borges fue su director durante muchos  años y precisamente allí escribió su poema  “Dones,”  cuando resignado se dio cuenta que se estaba quedando ciego...
Nancy tenía sus ojos azules abrillantados cuando  en  un susurro,  casi para sí, recitó; 

“Nadie rebaje a lágrima o reproche 
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.”
“De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas en su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos,
que perecieron en Alejandría”.

Recorrió  el bus  la calle Junín  hasta detenerse en el  1760. -Bien, aquí estamos señoras,  en el cementerio de la Recoleta. Construido sobre  tierras donadas por Juan de Garay,  segundo fundador de la ciudad de Buenos Aires a Rodrigo Ortiz de Zárate. Luego se instaló aquí el convento de los frailes recoletos...   –Sí, descansen en Paz – le tradujo a una española que leía en latín   “Resquiescant in Pace”  por encima de su  hombro.
Cuando quiso retomar el relato ya las mujeres entraban al cementerio. 
Avanzaron por la calle central sin detenerse ante el Cristo Redentor.  Algunas se persignaron.
Esta bóveda  de enfrente pertenece a la familia Roverano  -dijo Nancy   -allí  pueden ver la escultura que representa a un joven inmigrante, uno de los tantos que poblaron Argentina.
-Parece un gallego,  ¿Roverano era español ? preguntó una señora.  -No lo sé -  dijo la guía  -pero en Buenos Aires hay un pasaje llamado Roverano y está en la Avenida de Mayo. Ese es un  paseo que les recomiendo hacer  -agregó –caminar por la más española de  todas  las  avenidas.

-Finalmente el féretro con el cuerpo trashumante de Evita  descansa aquí, en Argentina -dijo Nancy -en la bóveda 42,  que pertenece a su familia.

Permanecieron un instante en absoluto silencio. Después algunas rezaron el Padre Nuestro y el Ave María al mismo tiempo que colocaban flores rojas y amarillas  y celestes y blancas. 
Con sincera devoción  cada una tocó con sus manos la imagen de Evita, tal como lo hacen los peregrinos en Santiago de Compostela tocando  la estatua del Santo.

Una de las mujeres preguntó: - ¿Hay fantasmas en el cementerio?
-Sí señora  -respondió Nancy    -pero  no  por  esta zona.        ¿Vamos saliendo?

Otra vez en el  bus un tango de  la gata  Varela, que se deja y no se deja, dice con su voz grave como un  do de bandoneón ;

Ya da la noche a la cancel
su piel de ojera
Ya moja el aire su pincel
y hace con él la primavera
¿Pero qué?
si están tus cosas pero tú no estás
porque eres algo para todos, ya
como un desnudo de vidriera...
¡Luche a tu lado, para ti,
por Dios y te perdí!

El bus enfila hacia el bajo.
Dobla por Leandro N. Alem hacia el hotel.

En un  paredón escrito con gruesas letras en tinta negra se lee:  “Viva  el Che”. Y con  tinta  roja, roja “Todo está guardado en la memoria”.

Mientras  el  último  tango dice:

“Arranco la cinta del último atado
y un aire pesado me  anuncia humedad,
mientras a mi lado desfila la gente
que asalta Corrientes un sábado más.

Un sábado más, un sábado más,
sobre Buenos Aires un sábado más.

Un sábado más, un sábado más

sobre  Buenos Aires un sábado más.”
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“Adios Nonino” Tango.                       “ No llores por mi Argentina”.    
Música:  Astor Piazzolla.                       Tim Rice – Andrew Lloyd Webber.
Letra: Eladia Blázquez.

“Dones”.                                            “Afiches” Tango .
Jorge Luis Borges.                               Música: Atilio Stampone.
                                                            Letra:  Homero Expósito.
“Un sábado más” Tango.
Música: Chico Novarro.
Letra; Chico Novarro.

 


lunes, 6 de agosto de 2012

SHERLOCK HOLMES EN LA PATAGONIA

Sherlock Holmes en la Patagonia
Jorge Umberto Malpeli

¡Perdón! Se disculpó el mozo mientras retiraba con sumo cuidado, por el traqueteo del tren,   las tasas de te,  platos,   potes de mantequilla y dulce de mosqueta, y quitaba de la mesa algunos restos de tostadas.
 Sherlock Holmes  y el Dr. Watson habían terminado de desayunar en el comedor del “Arrayanes” convoy  que corre desde Buenos Aires a San Carlos de Bariloche. (Argentina)
-Elemental, mi querido Watson -dijo Sherlock mientras encendía su pipa sin que nadie le preguntara: Evidentemente este es un tren inglés.
-¿Ah, si? -exclamó su acompañante disponiéndose a escuchar otra de las interminables deducciones de Sherlock.
Aún no había abierto su libro de lectura y  ya  lo interrumpía.
-Continúe -dijo entonces resignado.
-Habrá notado en la estación,  que la locomotora es una Stephenson  Modelo 1920 y que  los vagones fueron fabricados en Edimburgo.
Las luminarias son las nuevas lámparas Moore de 12 voltios.
Las tasas y platos son de  la fina porcelana de Chelsea, bien gruesas como a mi me gustan y el té que nos sirvieron también es inglés, importado de China.
¿Observó los guantes blancos que llevaba el mozo? pues son  de Manchester. ¿Y sus zapatos negros? estoy seguro que son  de la Casa Burton. Por lo tanto el tren es inglés, elemental Watson   -concluyó
-No todo; la mantequilla, los quesos, el dulce de mosqueta y las ricas tostadas eran argentinas - dijo Watson solo para molestarlo. Además los cubiertos que utilizamos eran Alemanes; Solingen para ser mas exacto –agregó con aire de suficiencia.
-Mi querido Watson -contestó Sherlock -ya lo había notado, pero no quise mencionarlo porque pensé que Ud. estaba al tanto de los acuerdos firmados después de la guerra; Solingen de Alemania provee de cubiertos a todos los trenes ingleses del mundo
Después Sherlock hizo silencio.
Watson, por fin abrió su libro.
Holmes  observó por la ventanilla de su izquierda las primeras lomadas que aparecían en el terreno anunciando la Cordillera de los Andes, echó una bocanada de humo y volvió con  sus deducciones -Doctor dijo –observe esos vacunos, ¿ve al toro rojo cereza  en ese campo verde? Es fácil distinguirlo por su color y cara y pecho blancos, pertenece a la raza Hereford que introdujeron los ingleses en Argentina.
 Esa raza tuvo sus orígenes en el siglo XVIII en el condado de Herefordshire, con los trabajos realizados por Mr Tomkins .
Así es -dijo Watson cerrando su libro y su  interés por la lectura.  

Todo había comenzado varios meses atrás cuando al regresar Sherlock desde Covent Garden, más precisamente de la Royal Opera House a su departamento de Baker Street 221 B en Londres, su entrañable amigo, el  inspector Maigret lo esperaba con un sobre blanco en su mano.
-Señor  -dijo (a pesar de ser amigos el inspector siempre lo trataba de usted) –una  carta  expreso 
desde Argentina
-Debe ser de mi amiga la Sra. Clarke  -dedujo Holmes  -que está de vacaciones en San Carlos de Bariloche. Después de leer el mensaje con la misma rapidez de siempre, le pidió al inspector : -necesito dos pasajes de primera clase en el primer barco que salga para la Argentina, si son para el próximo sábado mejor. Estaremos a tiempo para los deshielos y la luna llena de marzo.  Que allá me esperen con un equipo completo para acampar, una cámara fotográfica, y una máquina de cine de ser posible,  sumergible.
-Gracias inspector -agregó -y entró al edificio.

Tenían reservaciones en el hotel Llao Llao 5 Estrellas,  ubicado sobre una colina entre los lagos Moreno atrás y Nahuel Huapi al frente, a unos 25 km. de la ciudad de San Carlos de Bariloche.

Mientras el Dr. Watson bajaba hasta puerto Pañuelo para conseguir transporte fluvial, y después de despedirse de  la Sra. Clarke,   Sherlock se dedicó a estudiar y revisar antecedentes. Con  la lupa que siempre lleva consigo observó detenidamente las copias fotográficas que le enviara la Sra. Clarke y leyó nuevamente la nota que agregaba en aquella oportunidad.
Las tres copias obtenidas en el lago Nahuel Huapi, mostraban imágenes del Nahuelito,    una versión local de Nessie el monstruo del lago Ness y que  fueran dejadas en la recepción del periódico “El Cordillerano”   por un hombre que no se dio a conocer.
Sherlock descubrió,  hurgando en la biblioteca del hotel,  que la existencia del monstruo había sido mencionada desde hace siglos en  leyendas indígenas. También leyó las crónicas de Martín Sheffield, un sheriff norteamericano que llegó a Sudamérica persiguiendo a unos célebres bandidos y que en su momento relató haber avistado al monstruo.
Según expertos locales simplemente se trataría de la sobre vida de un plesiosaurio, género de reptiles sauropterigios que vivieron durante el triásico extinguiéndose hace unos ciento ochenta millones de años. El cráneo fosilizado más completo de uno de estos animales se encontró en el cajón del río Grande, cerca del límite con Chile, en la Cordillera de los Andes.
Al otro día se embarcaron para la isla Victoria. (Previamente Sherlock  había averiguado  que  el   nombre de la isla   no le fue impuesto en homenaje a su reina) 
El barco se detuvo primero en  la península de Quetrihué.    Holmes tenía especial  interés  en conocer el bosque  de Arrayanes (Myrceugenella apiculata)
Se trata de una formación de árboles casi  única en el mundo, con ejemplares de más de cien años  La corteza de este singular árbol es fría, lisa y color canela, con manchas blancas irregulares,  muy suave al tacto,  su follaje es  de bello color verde,  flores blancas y sus frutos son de agradable sabor. Se trata de un bosque casi puro ya que éste árbol no permite que otras variedades  prosperen a su alrededor. El caprichoso juego de luces y sombras que se aprecia en los días soleados es un  espectáculo  increíble  y hasta fantasmagórico. 
Acamparon al NE de la isla,  donde es mayor la profundidad del lago.
Sherlock se entretuvo arrimando un fósforo encendido a unos palos de coihue y piñas de pinos secas. Por un instante recordó cuando era boy scout y hacían fuego frotando dos maderas en los bosques vecinos a St Giles Highgate,
Mientras Watson preparaba el té,   Sherlock encendió su pipa y contempló pacientemente las extrañas estrellas de éste hemisferio. 
Extrajo su libreta de la mochila, escribió algo y realizó unos cálculos que anotó en el margen  de la hoja; prolongando cuatro veces y media la longitud de la constelación Cruz del Sur, el punto imaginario localizado en el horizonte indicará siempre el Sur. Después lo  comprobó con su brújula..
Siete días permanecieron en el bosque de la isla.
En Bariloche  los aguardaba  el Comandante  interesado en conocer el resultado de la investigación.
Investigación que por otra parte había dejado de ser secreta gracias a los buenos oficios de la Sra. Clarke.
Sin embargo Sherlock Holmes  nada  dijo  de los resultados. Solo se limitó a expresar que el informe final lo remitiría desde Londres después de realizar necesarios estudios  e imprescindibles comparaciones.
Al otro día abordaron el tren Arrayanes, primera clase, directo a Buenos Aires.

En Bariloche nunca se recibió el informe final.

El periódico “El Cordillerano” publicó en su edición del día 8 de Julio de 1930 un recordatorio por la muerte de Sir Arthur Conan Doyle acontecido en la víspera en la ciudad de Crowborough ( Sussex – Inglaterra).

Tampoco el Dr. Watson se comunicó con la Sra. Clarke, que por otra parte, se quedó a vivir definitivamente en Colonia Suiza.

No obstante y según la opinión actual de científicos de la zona es muy probable la existencia de un grupo de estos animales (no menos de cien) en el Nahuel Huapi, el inmenso lago que baña la costa de la ciudad de San Carlos de Bariloche en la Patagonia Argentina.
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Jorge Malpeli. Patagonia Argentina


viernes, 29 de julio de 2011

APRENDIENDO A NADAR

Aquella mañana de otoño el río Negro estaba tan, pero tan quieto, que más que un río parecía un tranquilo lago de agua dulce.

Flotando mansamente una hoja de Sauce Llorón dormitaba cerca de la costa.

Un pequeño pez, tratando de aprender a nadar daba vueltas y más vueltas, ligerito, alrededor del casco de un bote hundido.

-¿Qué haces? –le preguntó la hoja de mal modo cuando al pasar a su lado el pez la salpicó.
-Perdóname, estoy aprendiendo a nadar -le contestó el pez al tiempo que se secaba la transpiración por tanto esfuerzo.

-No seas tonto, no vale la pena pensar tanto y trabajar y trabajar. Es más fácil flotar y flotar y dejarse llevar por la corriente -replicó la hoja, dándose vuelta para seguir durmiendo.

Al llegar el invierno comenzaron las lluvias. El río aumentó su caudal. La fuerte correntada empujaba todo hacia el mar.
La hoja de Sauce Llorón, sin saber nadar era fácilmente arrastrada a su destino fatal.
Mientras que el pececito con muchas ganas y empeño, nadando y nadando en contra de la corriente se acercó al casco del bote hundido y en un remanso del río esperó con tranquilidad que la tormenta pasara.
MORALEJA: Se tu mismo. No dejes que te lleve la corriente.

miércoles, 27 de julio de 2011

EL ASTRÁLAGO

-¿Te quedarás allá? Le sorprendió la pregunta de quien acababa de sentarse a su lado. Ella había observado el folleto que le entregó la azafata sobre la Patagonia y que él estaba leyendo.
Después soltó una de las patillas de sus anteojos que sostenía entre sus dientes y con una mano se los colocó, mientras que con la otra sostenía el mismo desplegable aunque un poco más arrugado. Moviendo su cabeza como para quitarse el cabello rubio de la frente, repitió la pregunta -¿Te quedarás en la Patagonia? Antes de responder y aún no había decidido hacerlo, recordó, por un instante, que en la tarde anterior había abordado el bus en el que ahora se encontraba y esperaba confiado, que a la mañana siguiente lo dejara en la terminal de Viedma. Alcanzó a ver, eso sí, los ojos azules de ella, tan profundos, como los lagos del sur -pensó.Como se reconocía bastante huraño, poco hablador y con muy pocos artilugios de seducción, asumió que le esperaba una larga y pesada noche. En ese momento ni se le ocurrió pensar lo equivocado que estaba. Sin razón aparente, respondió: -Mirá, la Patagonia es inmensa y tardaría meses en recorrerla, solo voy por unos días. Y no sólo respondió, sino que agregó temerariamente: - como no me gusta hablar con desconocidas, me voy a presentar, Nahuel Epulef, como se llamaba mi padre, abogado, 45 años, soltero, nacido en la Patagonia pero radicado en Buenos Aires. Ella soltó una risita coqueta. –Ok, está bien, está bien –dijo -me llamo Julia Sandoval, arquitecta, rubia natural, no digo mi edad y también nacida en la Patagonia y para festejar este encuentro casual de dos patagónicos, te propongo algo: contame de tu vida y yo te contaré de la mía y prométeme que lo harás sin mentir. Y agregó mirando por la ventanilla -recién salimos de la Capital. Antes te mostraré mi tatuaje ¿querés ver?- Hizo ademán de desprenderse la blusa.¡Sí, sí! -exclamó Nahuel entusiasmado, esperando ver algo más que el tatuaje de la arquitecta. Pero no. Solo se corrió un poquito la prenda y le mostró. -Que mal se ve –opinó él. Rió ella otra vez y dijo; -No, no, en realidad no es un tatuaje... “y el Señor puso una mancha en Caín” -añadió -es una mancha de nacimiento. Si mirás bien, verás que es un astrágalo pequeño, de cordero tal vez. Según me contó mi madre; estaba embarazada de mí, cuando mataron a mi padre en un juego de tabas, allá en el sur. Bueno –dijo – y ahora contame de vos. -Ahora si, lo veo claramente - se corrigió el abogado, es una pequeña taba ¡Qué increíble!. Te cuento, -optó definitivamente por el tuteo - mi madre me trajo a Buenos Aires, cuando tenía cinco años y nos quedamos para siempre. De mi padre poco me contaron... que estuvo involucrado en un hecho de sangre... que había muerto en la cárcel, etc, etc., pero en realidad nunca mas supimos de él y mi madre perdió todo interés. Trabajó como “doméstica” en una casa del barrio Belgrano, y yo mas grande, en una “parrilla” de Constitución. Así pude terminar la secundaria y después la universidad y me recibí de “otro abogado mas”. Recientemente, un colega de Viedma, me informó que había encontrado el expediente judicial relacionado con mi padre. Te lo explico mejor; al ser habida la persona objeto del delito, dice el código, el Juez de la causa tiene la obligación de describir detalladamente su estado y las circunstancias, que tuvieran relación con el hecho condenable. Por eso viajo hacia allá, a Viedma, que era la capital del territorio, para acceder al expediente y conocer toda la reseña del auto de procesamiento y posterior sentencia recaída contra mi padre. En ese momento de su relato, la arquitecta, bostezó, inclinó la cabeza, desparramó su pelo rubio sobre él y se quedó dormida. Nahuel la tomó suavemente por los hombros y ya no pudo cerrar sus ojos en toda la noche. Julia se despertó cuando el bus circulaba por el puente viejo, cruzando el río Negro.
Tengo que apurarme, si quiero invitarla a cenar -pensó el abogado diseñando mentalmente su estrategia.
Por la mañana, con su querido amigo y colega, se dirigieron al archivo de la primera circunscripción judicial de la provincia, para encontrar y leer el viejo sumario.
Antes de entrar buscó en su bolsillo y tocó suavemente la tarjeta que le había alcanzado Julia a último momento.

El expediente había sido caratulado ; “Cabo Gervasio Gastamiza S/ un hecho de sangre; Riña seguida de muerte.”
Solo en una habitación del archivo, colocó el escrito sobre una antigua mesa de madera. Cómo le gustaba intentar suerte en el juego, reparó en el número de inventario del mueble, pobremente pintado en una pata,- 22 el loco- aspiró profundamente el olor a humedad de los papeles como si fuera un gas venenoso capaz de borrar todos los sufrimientos de su padre de un solo golpe y entonces leyó:


Viedma, Territorio Nacional del Río Negro, l5 de Septiembre de l945. Señor Comisario: Sobre un hecho de sangre.
A media mañana me apersoné al establecimiento “Sauce Blanco,” ubicado como a dos leguas de este destacamento.
Para la señalada de lanares el dueño había invitado a dos vecinos linderos para oficiar de testigos, como marca la Ley. Ya estaban ensartados cuatro corderos de la raza merino, según me relató el asador Nahuel Epulef (a) el indio, quien desde hace años estaba de agregado al establecimiento.
Como para el medio día los peones habían terminado con la señalada y de colocar las gomas de capar en los corderos. Debajo de unos matorrales y plantas de piquillín, los sufridos, no dejaran de balar durante toda la noche.. Abocado a la consigna revisé, por las dudas, la cancha de tabas, que había sido refrescada, utilizando agua del molino y una regadera de cinc de 10 litros con una flor de color verde. Primero sirvieron empanadas, calientes, jugosas y picantes, vino “patero” y limonada para las damas. Después chorizos, cordero y galleta de campo. Y de postre pastelitos y postre vigilante. Las mujeres se fueron para las casas y los hombres a jugar a la taba. Comenzado el juego por plata, algunos ganaban y otros perdían. Los veteranos apretaban entre sus dedos los billetes doblados, listos para copar apuestas.
Che Sandoval -gritó el paisano Sosa; –en el horcón te dejo la huesuda...Entonces vino de tirador Julian Sandoval, (a) “el yerba,” quien dijo bien fuerte como para que lo oigan todos;
-Gracias don Sosa, pero yo sólo tiro con la mía - y aportó a la pista un astrágalo de buen tamaño, calzado en plata por un artesano de San Telmo.
Con esa metió tres suertes seguidas. –Y agregó; hay más de un cien a buena, a ver si copan paisanos y a usted doña Quintina le fío hasta que esquile –le gritó a la señora que se había arrimado “solo a mirar”.
Esta si que no es una taba culera. ¡Venus! -gritó después de clavarla en suerte. -Está cargada –murmuró por lo bajo “el indio”Epulef. Los jugadores lo escucharon claramente y el “yerba” también lo escuchó.
Por un momento, pareció que todo se detuvo. -Indio piojoso –lo paró Sandoval en seco y se le fue al humo. Masticando un palito, Epulef lo esperó tranquilo, como ignorándolo pero sorpresivamente, extrajo de su cintura un cuchillo de regular tamaño, con el que hirió mortalmente al “yerba,” que cayó en la cancha, bañado en sangre.
El acero de treinta centímetros le había penetrado por debajo del esternón con el filo hacia adentro, directo al corazón.Tras el hecho el “indio” Epulef huyó rápidamente hacia unos matorrales cercanos. Al atardecer se entregó voluntariamente y está detenido e incomunicado, a la espera de lo que disponga la autoridad competente. Secuestramos el astrágalo y el arma homicida. Autoricé a que llevaran al finado al pueblo, para el velorio. Sin más, firmo el presente con dos testigos hábiles de éste vecindario, que encontraron este informe (bien) muy bien redactado. Cabo Gervasio Gastamiza , servidor.

Nahuel no siguió leyendo. Total ¿para qué?

-Señora, quiere ordenar? –preguntó cordialmente el mozo. Sentada en una mesa para dos, junto a la ventana mirando al río, Julia Sandoval respondió mirando la silla vacía;
-Estoy esperando a otra persona, después lo haremos, gracias.
A poca distancia de allí, y casi al mismo tiempo, al cruzar el ómnibus el puente viejo, con destino Buenos Aires, Nahuel Epulef sentado casi al final del pasillo miró por última vez las oscuras aguas del río Negro.
Se sentía cansado, muy cansado. Si pudiera elegir una palabra, disgustado, sería la adecuada.
Pasó su mano por sus gruesos cabellos, bigotes y barba rala, que habían sido negros, rasgos propios de su raza y con un largo suspiro, - en fin -se dijo -estoy envejeciendo... otro fracaso mas y van....qué se yo...

Luego se entretuvo rompiendo en pedazos cada vez más pequeños el folleto sobre la Patagonia que al subir, le había entregado la azafata.

domingo, 17 de julio de 2011

EL SINDROME DEL ALTILLO C/ BANDADA DE RECUERDOS

Mariana, doctora en psiquiatría subió las escaleras sin encender las luces. Además cerró sus ojos. Quería descubrir, para su tesis, qué siente una persona subiendo escaleras a oscuras. Preparaba una tesis sobre el Síndrome de Pánico que puede ser disparado por el temor a quedar ciega.
¡Tía Irina! ¡Soy Mariana! -gritó bien fuerte para vencer la sordera de su tía.
Cuando abrió la puerta del altillo la vio sentada en su hamaca de doble rulo, mirando por la ventana hacia la calle Perú.
La anciana algo debe haber escuchado porque preguntó ¿Quien es?
-Soy Mariana -repìtió la joven y agregó -¿Qué hace sola en el altillo?.¿No tiene frío?
-Mi querida sobrina la soledad solo existe en la mente de cada uno -contestó Es muy abrigada esta mañanita que me tejí, che. Acá lo paso muy bien, mirando y recordando cosas de antaño.
¿Sabés que no recuerdo cuando retiraron el buzón rojo de la esquina?
-¡Ay Tía! La gente ya no escribe como antes -dijo Mariana -ahora todo es e-mail, chatear o celular.
-Mirá esta foto.
El papel brillante mostraba una joven apoyada en un auto Ford negro modelo 46 con la puerta abierta, que con su mano alzada ponía sombras a sus ojos.
-Es de tu madre cuando tenía 16 años.
-Parece mayor -dijo Mariana y preguntó -¿porqué tan blanca?
-Querida, a los 15 años ya éramos mayores y la moda era vernos blancas, blancas, como enfermas...
¿Bajamos? -preguntó la anciana -otro día volveremos, y te mostraré mas cosas ¿Quieres?
-Si, me encantaría.
Debo terminar mi tesis sobre el Síndrome del Altillo. Este es nuevo -pensó Mariana.

jueves, 14 de julio de 2011

ASI LLAMA EL DESTINO A TU PUERTA

Aún era noche cerrada cuando José Lorenzo, el cura del Colegio La Piedad, se arremangó la sotana y saltando por sobre los charcos que se habían formado en el empedrado, por la lluvia caída durante la noche, llegó hasta la puerta del Monasterio.
Edificado durante el siglo XVIII en las afueras de la ciudad, y tal vez por la misma atracción arquitectónica que ejercía, se fue rodeando de casas, comercios y servicios de toda clase. En un terreno de unas cuatro hectáreas, donado por una adinerada familia porteña, el convento eremítico fue construido por nobles artesanos gallegos según planos traídos de España. Por eso lo encontré tan similar a los vistos en Europa.
A la derecha estaba la puerta y la torre del campanario con algunos ornamentos y el reloj en su parte superior.
A través de un pórtico importante se ingresaba al patio; a su alrededor los claustros con arcos de un punto sobre columnas de ladrillos y las celdas individuales de las monjas. La primera, un poco más grande, la ocupaba la Madre Superiora. Varias Santa Ritas ( fucsias y rojas), Rosas, Glicinas y Jazmines que trepaban hasta el techo, junto a los Azahares del aljibe, perfumaban los silenciosos atardeceres monacales.
Detrás, había un segundo patio con habitaciones para las novicias, cocina, comedor y salón de talleres.
Una pared al fondo separaba el convento de la “quinta de las monjas” bien conocida por sus Olivos, Nogales, Almendros, Manzanas rojas y verdes (para la compota), Naranjas, Ciruelas, Vid y tres Higueras casi centenarias, además de varios tablones con hortalizas. En un rincón supo haber un establo, ya vacío.
Del otro lado, se veía un gallinero limpio y poblado, y a pesar de ello, las jóvenes seguían trayendo huevos de regalo los días anteriores a sus bodas, para pedirles a las monjas que rezaran por ellas y que haya buen tiempo en ese día tan especial.
El Oratorio con bancos de madera dura lustrada, pasillos al medio y a los lados, concluía en una tarima con un humilde altar que mostraba sólo un Cristo en la Cruz, un Cáliz cubierto con fina carpeta blanca y a su derecha un atril con el Misal Plenario.
El padre José Lorenzo tocó la puerta con tres golpes seguidos y un cuarto más espaciado como si ejecutara el primer tema de la 5º Sinfonía de Beethoven. Que, según su autor “así llama el destino a nuestra puerta” o como sostiene Vicent Witmman en su libro Más Beethoven: “así llama la Muerte a nuestra puerta”.
Yo, personalmente, prefiero ésta última versión y agregaría: “con insistencia y premura”.
Era un llamado en clave que alguien del otro lado esperaba. El antiguo reloj de la torre señalaba las 2.45.
Lo cierto es que desde adentro nadie preguntó, tal como se acostumbraba: ¿quién es el peregrino que llama a estas horas?.
Muy lentamente, en la oscuridad, el portón se abrió.
Para esa época del año el sol asomaba por sobre el horizonte después que el monasterio comenzara sus actividades.
El patio de los claustros aún estaba totalmente a oscuras. Sólo una pequeña luz de velas encendidas se filtraba por debajo de la puerta del Oratorio.
El cura cerró el pesado portón con mucho cuidado, después colocó el pasador y recién entonces, se dio vuelta para que su boca buscara otra boca.
Delicadamente, ella tomó la mano que el cura extendía y descalza y en puntas de pies, lo guió hasta su habitación.
Pasaron frente a la celda de la Madre Superiora sin respirar siquiera.
Solamente se escuchó el canto del gallo que provenía del otro patio, puntualmente, como todos los días y ladridos de algunos perros por el bajo.
Disponían de tres horas.
Victoria, así se llamaba ella, había ingresado a la Orden por exigencia de su padre, ya fallecido; “para que pudiera resistir las tentaciones del Diablo que está en todas partes y más aún en la ociosidad de las jóvenes, y renunciara a sus bienes particulares; que no comiera carne y que, con el trabajo cotidiano y los rezos diarios lograra salvar su alma.”
Pero ahora, libre de ese mandato, había elegido el camino del amor terrenal.
Eran las 7.30. Faltaban pocos minutos para que el sol asomara cuando el cura sin su sotana, con pantalones negros y camisa oscura encendió las luces del Oratorio.
Ya entraban las monjas para la Santa Misa. Primero la Madre Superiora, después las hermanas y, finalmente, las novicias.
Sólo se escuchaba el murmullo de los rezos y el roce de sus ropas en los bancos de madera.
En el altar, el cura tomó el atril que tenía el Misal Plenario ubicado a su derecha y lo colocó a su izquierda. Era la señal.
Entonces, miró la Cruz, se arrodilló y bajando su cabeza rezó varios Padre Nuestro y Ave María.
Luego, se levantó, giró, miró a los ojos a la Madre Superiora que no entendió esos gestos y sin decir una palabra, caminó hacia la salida.
En el último banco lo esperaba la novicia.
José Lorenzo, que ya no era cura, corrió el pasador, Victoria abrió el portón y tomados de la mano, simplemente salieron.

sábado, 11 de junio de 2011

EL PURA ESPUMA

EL PURA ESPUMA.

Si arrastre por este mundo, la vergüenza de haber sido,
y el dolor de ya no ser, bajo el ala del sombrero,
cuantas veces, embozada, una lágrima asomada,
ya no pude contener...

Como casi siempre ocurre en estos casos, la trenza vino por una cuestión de polleras.
Aunque algunos dijeron, sólo para justificarlo, que fue un malentendido del Evaristo Gatica. Yo creo que no.
No me pondré del lado de uno o del otro y trataré de contar los hechos tal como me los relató mi entrañable amigo, Tito Saúl, que sabía andar de mercachifle cargando sus mágicas canasta de mimbre por esta zona. Una vez cometí el pecado de comprarle algunas baratijas para regalar y desde entonces me acosó con sus jabones de olor y frascos de agua florida. Y cortes de telas, por supuesto.
Por aquellos años saliendo del centro de Viedma hacia el sur, había un barrio que, no tengo ningún empacho en decirlo, no era peligroso para extraños y forasteros, siempre que tuvieran el esmero de presentarse con anticipación y manos limpias a los “taitas matones” del lugar, que eran quienes regenteaban toda clase de negocios turbios y obtener así el pase.
Después de la guerra civil española, llegó al barrio Manuelita Caamaño, una linda española, raramente alta, de tez blanca, cabellos y ojos muy negros. Su tía, Francisca Martínez viuda de Caamaño, como le gustaba firmar, dijo que era de Galicia, precisamente de Pontevedra, sin agregar nada más. Sin embargo, la niña, lo supe por otras vías, había llegado proveniente de las hermosas calas de arenas blancas y árboles que llegan hasta el mar, llamadas playas Mean. Pero para no abundar en explicaciones incomprensibles para los locales, su tía refería, repito, a Pontevedra como su lugar de origen. Quince años después sucedieron los hechos que ahora cuento.
La “galleguita” como apodaban las vecinas, a todas las muchachas que venían de España, sin importar si eran de Galicia, Asturias, o Maragatas, trabajó en los quehaceres domésticos de la casa, lavando y remendando para afuera.
Tiempo después se empleó en la panadería de la esquina que forman las calles Congreso de Tucumán y Bartolomé Mitre, un poco mas al centro, llamada “Les biscuits” propiedad de un francés, también recién llegado; René Lozere, quien le enseñó a hornear con leña, sabrosas croissant, crocantes baguettes y panecillos cubiertos con semillas de sésamo, amapolas, o zapallos.
Habrá sido el buen trato, o la amabilidad del francés, quien juró ser soltero y sin compromisos, que enamoraron a la “galleguita” quien al poco tiempo pasó de asalariada a socia del negocio.
Como siempre ocurre en estos casos “el diablo metió la cola” y lo que en definitiva terminó como una hermosa historia de amor feliz entre inmigrantes, ( no se porque me adelanto), por poco concluye en tragedia.
Para el mes de marzo, días antes de la boda, se apareció por la panadería el Evaristo Gatica, que para entonces, si bien, en realidad no era el “capo di tutti capi”, como un atrevido sofisma de si mismo aparentaba ser el más malo del barrio.

-¡Quiero batirme con usted! -le dijo en la cara al francés.
Manuelita, dejó la bandeja de “medias luna”sin completar y antes de retirarse para el fondo alcanzó a murmurar sollozando; - ¡nunca le di lugar!.

Calculó mal el Evaristo, porque el francés lo miró de frente y sin bajar un tranco de pulga sus ojos claros, preguntó -¿Con qué armas? -No vaya a ser que el guapo ese, creyera que le tenía miedo; que peores peleas las había pasado en la resistencia de París.

-Será a cuchillo mañana a las seis, en el patio de los Funes -contestó vacilando Gatica. Menos mal que había preparado con tiempo las palabras a decir, porque el francés, lo había desorientado de primera, con su firme repuesta.

A la mañana siguiente, antes de las seis y para no desgraciar la casa, Lozere entró por el portón directamente al patio. Habían llegado mas temprano; cuatro testigos, dos por cada parte, y conversaban, de política seguramente, con el Comisario que también quería estar presente, por si corría sangre. (Tengo todos sus nombres pero no viene al caso mencionarlos).

En el viejo álamo plateado del fondo todavía están grabados con cuchillo caliente, supongo, el año y los nombres de los ganadores de otros duelos. Algunos se repetían más de tres veces. No así el de los vencidos. Total ¿Para qué? ¿Quién se acuerda de los muertos?

Bien arreglado y emperifollado con aroma de rico perfume francés, René Lozere, después de saludar a los presentes, se paró más acá de la raya trazada en la tierra, envolvió su antebrazo izquierdo con el poncho marrón tejido, regalo de Manuelita, desenvainó su cuchillo de a cincuenta, con empuñadura templaria y mango de roble, traído de Thiers y esperó a pie firme.

En realidad todos esperaron hasta las nueve de la mañana.

Consta en el acta levantada al efecto, que hasta esa hora Gatica no se había presentado. Nadie se olvida de una cita semejante. -Este Evaristo es un "pura espuma" -sentenció el Comisario y así quedó.

Fue, nuevamente, mi amigo, el turco Saúl, quien relató en el boliche, tiempo después, que al Evaristo lo habían visto por Bahía Blanca, caminando como si nada, sin laderos a la vista, llevando no obstante, pegado a su nombre y apellido, como una extraña divisa el gracioso mote ganado en la porfía; el pura espuma .

El expediente fue cerrado por la autoridad policial antes de abrirlo. Sin embargo igual fue caratulado, a fin de proveer si se diera, en otra oportunidad y circunstancia como "S/ DUELO CRIOLLO: RENE LOZERE - EVARISTO GATICA, EL PURA ESPUMA"

Cuesta abajo -Tango – 1934
Carlos Gardel - Alfredo Le Pera

domingo, 5 de junio de 2011

EL HOROSCOPO

El Horóscopo Jorge Umberto Malpeli (PISCIS)
-Che “Casanova”, vestite -ordenó el oficial y agregó -tenés que acompañarnos. ¿Yo? ¿Y yo, qué hice ahora? Preguntó él, desde la cama. Más que un horoscopofilo, con el paso de los años se había convertidoen un horóscofiglio.
Aunque tenía el símbolo Taiji tatuado en el brazo derecho y leía a Ludovica, nunca entendendió el yin y el yang, ni el hombre y mujer, suave y duro, abierto y cerrado, etc. Tampoco leyó mucho del horóscopo chino; si bien sabía que era el Conejo o Liebre no recordaba si era el Planeta Venus o el Monte de Venus. Su número de la suerte el 27.
Tal vez por simple agrado y tolerancia se había sumado a los seguidores de la astrología normal y occidental. Nacido en Buenos Aires, al sur del ecuador, de igual forma admiraba y leía a los astrólogos del norte. -¿Tendría alguna importancia para las predicciones? -se preguntó en más de una ocasión.
Su adicción comenzó a los veinte años cuando “hizo la colimba”(Correr limpiar y bailar). Durante las interminables noches de “imaginaria” leyó todo lo que encontró; diarios y revistas viejas, maltratadas por todas las “clases” que pasaron por el cuartel. Pienso que enloqueció un poco tambien de tanto leer y repetir, antiguos avisos publicitarios, como por ejemplo; “No diga ¡hola!... diga Olavina.” Había también uno que le gustaba entonar; “¡Qué lindos que están tus dientes, le dijo la Luna al Sol y el Sol contestó sonriente... me los limpio con Odol” y también recordatorios fúnebres, si se quiere un poco cómicos “Fiesta Cívica Casilda. Falleció en Casilda a los 82 años. Empresa Casilda srl. participa su fallecimiento ...”
Conocía el signo de varios amigos y los perseguía leyéndoles los horóscopos en voz alta. Eran como decía él, un buen soporte psicológico; así a un desocupado le inventaba; -¡Mira que suerte! te salió que tendrás una sorpresiva reunión en tu primer día de trabajo y te enterarás de cosas importantes. Seguro es respecto del sueldo -agregaba.
Leía diariamente el horóscopo del signo de su madre, ya muerta. Su mente horoscopada y enferma, imaginaba que él, era el heredero legítimo de todos aquellos textos que le fueran favorables. En la puerta de su baño tenía colgado, como si fuera un cuadro de una naturaleza muerta, el escrito que más le gustó en varios años; “Los juegos del amor son algo peligrosos sobre todo cuando no nos damos cuenta que estamos jugando. Si tiene que llorar por un amor, simplemente llore.” Y lloraba...
Compraba varios diarios, sólo por los horóscopos y comparando sus letras elegía, a su entender, el más conveniente. Día por día y semanalmente los pegaba en una pared de su casa. Durante la semana siguiente los controlaba uno por uno y a los que no habían acertado en su predicción les dibujaba una cruz roja, y a los que sí, aunque fuese sólo a medias, los premiaba con una circunferencia celeste. ¿Habría elegido ese color por la “zona celeste situada a ambos lados de la eclíptica , de unos 16º de anchura”?
-Che Casanova, vestite – repitió el comisario y agregó en la Departamental 27 tenés una demanda por acoso sexual.
-¿Cómo puede ser? -preguntó -sí en el horóscopo de ayer me salió; “una deuda afectiva que alguien de su entorno tiene con usted hoy la salda y además, como sugerencia, agregaba, ¡tiene derecho a ser feliz!
Antes de salir con el detenido, el comisario observó ese mismo texto pegado en la pared enmarcado con una doble circunferencia celeste._________________

jueves, 28 de abril de 2011

DESTELLOS - JORGE U. MALPELI




Que cosa tan espléndida es la acuarela para expresar la atmósfera y la distancia, así los personajes están rodeados del aire y parece como si pudieran respirar.
Vincent Van Gogh

Prefería ubicarse a unos pocos pasos del carrousel, como ella llamaba a la humilde y vieja calesita de la costa.
Aunque yo sabía que al cerrar sus ojos recordaba aquel, del quartier de Montmartre, con sus banderas rojas y azules al viento, sus bancos tapizados de seda con grandes flores, los caballos negros y blancos, nerviosos, desbocados, con sus plumas amarillas y verdes sobre sus cabezas, que subían y bajaban en infinitos giros. Y a mi mano y mi sonrisa que le soplaban un beso en cada vuelta, mientras admiraba sus despeinados cabellos rubios y su blusa blanca con los tres botones desprendidos. Y las canciones de Edith Piaf; “Je me regrette rien” los que no se lamentan de su suerte, ni de lo bueno ni de sus desgracias; o tal vez "Mon Légionnaire" de aquel soldado olvidado de la gloriosa Legión Extranjera.
A María Cristina la había visto antes en algunas tardes de domingo en el Sacré Cour y esa vez me sentí animado para hablarle.
Tenía puesto el mismo viejo guardapolvo amarillento, gastado, manchado de tristes y aguadas acuarelas. Pero feliz con sus pinturas y pinceles, acordando, por fin, con el papel del atril, la sombra que se le negaba de un árbol al amanecer y la transparencia de los destellos del sol que aparecían iluminando unas pocas hojas de otoño caídas sobre los brillantes adoquines parisinos.

Ella era ante mis ojos la mas hermosa de las pintoras bohemias de la plaza y yo un argentino, errante vagabundo, eterno estudiante de filosofía. Sin amor establecido, sólo, subsistiendo en una buhardilla del pasaje numero 7 de Faubourg de Montmartre que desde su ventana, en largos y sombríos atardeceres envidiaba a las parejas que hacían cola para cenar en el bueno y barato Chartier.
Cansado de la teorías de las ideas y del conocimiento, sociedad, política y ética, de la inmortalidad y de la simplicidad del alma de Platón, antes había abandonado la filosofía hegeliana y el estudio del socialismo francés. Cansado y aburrido de repetir el mismo manifiesto comunista de Marx o releer la teoría de la Liberación escrita desde Francia para América Latina.
María Cristina era de Buenos Aires, después lo supe, recibida en bellas artes, que soñaba con regresar a la Argentina.
-¿Es una acuarela, verdad? Le pregunté fingiendo interés de compra.
Me miró sonriendo. ¿Sabés algo de pintura? Preguntó en argentino.
-No, la verdad que no. Sólo leí el nombre en el tubo: Acuarelas Faivré .
-Si, lo es -me dijo -estoy luchando con los destellos del sol, que me niega esta acuarela. A veces uso las Zeidan que son las mejores para la técnica que más me gusta de húmedo sobre húmedo, aunque en algunas ocasiones también trabajo con papel seco.

No pude resistir la tentación y creo que llegué hasta su corazón, cuando le canté al oído los dolidos versos de Cadícamo y entonces ella permitió que me sumergiera en sus grandes ojos oro-verdes, que me miraban asombrados ;

“¡Cómo habrá cambiado tu calle Corriente...!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal...!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal”

Definitivamente abandoné la filosofía y adopté la pintura con acuarela.

No voy a dar nombres ni cantidades. ¿Quién recuerda los amores malogrados aunque queden adentro?. Antes de conocerla había amado a otras mujeres y hasta algunos jóvenes inmorales y caballeros mayores me habían acosado sin éxito, ofreciéndome placeres sexuales indecentes.

María Cristina tenía 30 años cuando nos enamoramos y fue no solo mi maestra en pintura sino también en el amor
El beso largo, me decía, debes hacerlo firmemente estrechando mis labios, sin dejar un espacio vacío. -¿Cuánto dura? Yo preguntaba.
-Hasta que te quedes sin aliento y tengas que respirar por tu nariz. Si tenés que tragar saliva -agregaba -lo podés hacer sin interrumpir el beso y también y es importante, debés cerrar tu mano izquierda en mi cuello por detrás y bajar tu brazo derecho por mi cintura tratando de acariciar mis glúteos y yo tratando de evitarlo. Después el beso largo lo cambiás por el beso a la francesa, que es el que yo prefiero. Para ellos debés cerrar los ojos –siempre cierro los ojos –la interrumpí -e introducir tu lengua -continuó -dentro de mi boca explorando mi paladar, mejillas, mis dientes, buscando que mi lengua responda a los movimientos y roces de la tuya.
Pero vos ¿cómo sabés tanto? Me arrepentí de preguntar pero ya era tarde.
-Ay, Ballesteros, Ballesteros, -me llamaba por mi apellido -mon amour -me dijo -yo no viví treinta años adentro de un repollo antes de conocerte..
En aquel momento su respuesta me fastidió bastante, lo suficiente como para quedarme en silencio el resto de la tarde. Eso me pasa por preguntar –pensé. Hace tiempo que dejé de averiguar después del placer; “¿Te gustó?” por temor a que una sincera respuesta me trajera un dolor mayor.
Por un mito, que ya pasó a ser leyenda, los hombres creíamos en la asimetría de los géneros; el femenino debía procurar llegar virgen al matrimonio, mientras que para el masculino lo conveniente era investir la mayor experiencia sexual. La felonía de la mujer, en tal caso, se pagaba hasta con la muerte. Mientras el hombre, como en alguna película del neorrealismo italiano, para salvar il suo honore manchaba las sábanas blancas en la noche de bodas con zucco di pomodoro.
Así es que una tarde, mientras pintaba, comenzó diciendo: Ballesteros; la palabra acuarela deriva del latín aqua y se define como “pintura realizada con colores diluidos en agua usando como blanco el color blanco del papel”. El agua, mon amour siempre está presente en la acuarela especialmente para diluir los pigmentos aglutinados en goma arábiga; hay algunos pintores que utilizan como conservador ortofenilfenato de sodio...Y esto es suficiente por hoy. ¿Vamos al Chartier? Hoy quiero comer una omelet con champiñones y beber una birra Juliette aromatizada, ¿ y vos?
-¿Ves que tenemos gustos iguales?; lo mismo -respondí.

Fijate como yo hago; lo haré muy lentamente -me explicaba pacientemente otro día -primero fijo el papel sobre el tablero. Después trazo a lápiz suavemente la línea del horizonte, buscando la divina proporción áurea, aunque no siempre, dependiendo de lo que voy a hacer. Después y eso es lo que me gusta, tomo los pigmentos de la acuarela que voy a usar y elijo mis colores favoritos; prefiero el azul ultramar, el rojo cadmio, el oro brillante, el tierra sombra, el negro oxido, el violeta cobalto y el verde fuerte. Los diluyo y voy formando mis aguadas en tonalidades y texturas diferentes. ¿Sabés que los cuadros se leen de izquierda a derecha? como la escritura. Sé que hay otros lugares dónde se lee comenzando por la derecha, pero nosotros estamos aquí, en éste lado del mundo, donde todo empezó con Leonardo Da Vinci.
Por eso –continuó- cuando comienzo una pintura pongo especial cuidado en esa franja de la izquierda, comenzando con pinceladas rápidas, precisas y brillantes para obtener las mejores transparencias, las mejores aguadas y los mejores matices. Como un buen libro que te atrapa desde el primer capítulo; es una pequeña trampita para atraer al observador ¿Cuándo lo descubran, me perdonarán? No sé...
Entonces regresando a Da Vinci preguntó; -¿Conocés su dibujo el Hombre de Vitruvio?-
-Algo... muy poco -contesté.
-Esperá que te muestro
Volvió al rato con un enorme libraco de tapas brillantes.
-Aquí está -dijo -...en la página 37, también llamado el Canon de las Proporciones Humanas.
Lo que te quiero señalar es que en su dibujo, la relación entre el radio del círculo y un lado del cuadrado es la razón áurea. ¿Te acordás? -dijo recorriendo la figura con su dedo índice.
¡El número de oro -exclamé -el de la divina proporción!.
Exacto -dijo -se representa con la letra griega FI en honor al escultor Fidias y es el número irracional l,61803...
¿Sabías que un matemático francés afirma que encontró el FI en algunas formas arquitectónicas de la pirámide de Mikerino de Gizeh?. La misma relación está en paredes, techo y columnas del Partenón, en pinturas de Miguel Angel, Durero y el mismo DaVinci -terminó diciendo.

Sin embargo no es el número de oro el que tengo siempre presente en mi memoria... Nos llegó la infelicidad el séptimo año a contar desde nuestro regreso a la Argentina, en el séptimo año desde que vivíamos juntos en la comarca, a orillas del río Negro.
Ahora pienso que es el número 7, el más extraño y lleno de misterios. Los artistas y yo me cuento, lo asociamos con lo que buscamos en lo sepulto de la relación mágica que hay entre nuestras vidas y la cotidianidad. Es el número, en fin que controla el ritmo de todos los seres vivos sobre la tierra.
Siete son los días de la semana, siete son los días de la Creación, según la Biblia. Y el Señor expulsó 7 demonios de Magdalena.
Pero el Divino acuarelista no pudo o no quiso limpiar con solo una gota de agua pura de su regio pincel y perfectos colores, el mal abatido sobre María Cristina, precisamente en el séptimo año.
El infarto cerebral isquémico -explicó el médico -es un evento súbito causado por la falta de irrigación sanguínea al tejido cerebral.
No quise saber ni preguntar. Era más que suficiente.
Por las mañanas, minutos antes del amanecer para tratar de retener los primeros destellos del sol, se situaba debajo de una farola blanca, como ofrenda distante al tiempo y lugar de aquella otra farola blanca del numero 72 de la rue de Bellville de Paris bajo la cual naciera Edith Piaf.
Allí, en su silla de ruedas tenía todo a mano; el atril, la paleta, los pinceles, el agua y los colores.
Repetía casi siempre el mismo paisaje. Desde la orilla sur del río dibujaba a la que tenía enfrente. Algunos sauces llorones, humildes mimbres que llegan hasta el agua, el puerto, las casas
coloniales de tejas rojas que trepan por las calles de tierra en la otra barda hasta llegar arriba, a la imponente Iglesia con sus torres blancas. Eliminaba con rabia y sin misericordia el desubicado edificio cuadrado que se elevaba por sobre los árboles de la plaza principal. A veces agregaba algún velero anclado, el barco hundido, patos o cisnes de cuello negro, los cambios de la marea, lanchas con pasajeros y gaviotas volando que las acompañan en el cruce del río esperando las galletas que seguramente les arrojará un niño o un abuelo. Es sabido que son ellos los mejores amigos de los pájaros.
Pero en todas sus pinturas se detenía y peleaba delicadamente vigorosa, para atrapar los vientos patagónicos, los vibrantes reflejos del sol sobre el agua o algunos finos destellos que lograban escapar de las sombras de los árboles.

Dejaba su pintura en reposo toda la noche y la retomaba a la luz del nuevo día, observando con regocijo los brillos y transparencias, que seguramente el descanso habían mejorado.

¡Dejame desgraciado! ¡ Infelíz! Sos libre de irte a Paris, volvé al Sacré Cour -me dijo cuando le alcancé el pincel que había arrojado al pasto.
-¿Porqué Dios que me dio la gracia de la pintura, me quitó las manos? ¿Qué podés hacer al lado de una enferma como yo? agregó.
-¿Yo...a París? ...¿ y para que? –repliqué -Vos siempre serás mi única maestra; en el amor y en la acuarela, jamás, jamás podré enamorarme de otra mujer.
Creo que presintió que ese, era su último atardecer y sollozando me dijo: -Ya no puedo más. Prometeme que mañana después del amanecer terminarás con estos destellos que hoy yo no puedo pintar, en colores oro brillante y violeta cobalto. Y regarás mis hortensias.
-Lo prometo –dije.