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lunes, 13 de junio de 2011

Comentario a "Reflexiones de un lunes de junio"...

... que ignoro por qué no me deja colgar del mismo hilo... En fin, misterios de los blogs.
Lo que quería decir es:
"Quizas dando más tiempo para votar tengamos más participación, creo que un fin de semana es poco.
No tengo autoridad moral para criticar a nadie, ando bastante loca con el trabajo y por eso estoy escribiendo de a ratitos, nomás. Pero recuerdo bien que la discusión pr este concurso fue bastante brava y quizás por eso no hubo más participación.
¡Para la próxima, sugiero que discutamos menos y escribamos más!"

PD importante: ¿Alguien sabe cómo hacer "cortar y pegar" desde un word, por ejemplo? ¡Porque no me da ni cinco de bolilla cuando lo intento!

¡Besos a los ganadores!

¡Felicitaciones a Jorge, Adela y Dante!
¡Gracias a quien le gustó mi cuento y lo votó!
Mi agradecimiento a Greis, diosa de los sufragios.
A los ocho que votamos: qué poquitos pero ¡Presentes!
Igual creo que es para pensar: invertimos un montón de espacio decidiendo si publicábamos los cuentos con seudónimo o no, algunos defendieron mucho su postura en aquel momento y al final fue mayor el interés que despertó discutir las bases del concurso que participar escribiendo y/o votando.

Cariños para todos,
Ale.

PD: Imposible publicar en comentarios...

RESULTADOS SEGUNDO CONCURSO

Como dije, la votación estuvo más que reñida y fueron sólo 8 votos.
(Cuentos ordenados alfabéticamente)

CERTEZAS DE UN CRIMEN __ 2
DESTELLOS ______________ 2
LOS MEDIOS _____________ 2
AQUELLO QUE NO VEMOS ___ 1
PEQUEÑOS MILAGROS ______ 1

Atendiendo al inc. 9 de las bases:
"El ganador del primer premio podrá elegir dos de los cuatro libros que desee entre las obras citadas en el inciso 10. El ganador del segundo premio, podrá optar por uno de los dos restantes, definiendo así el premio para el tercer ganador. En caso de empate, se aplicará a tal fin el orden cronológico de presentación que tuvieron los trabajos."

GANADOR DEL PRIMER PREMIO:
DESTELLOS - Presentado el 28/4 por Jorge U. Malpeli (Melipal)

SEGUNDO PREMIO:
LOS MEDIOS- Presentado el 5/5 por Adela I. Alonso

TERCER PREMIO
CERTEZAS DE UN CRIMEN- Presentado el 13/5 por Dante Balzán (Nataza)

Greis

domingo, 12 de junio de 2011

Segundo concurso

Estimados y estimadas, siendo las 19:50 del 12 de junio de 2011





    Teniendo en cuenta que solo hubo OCHO votos, pensé que sería una buena idea extender la votación por lo menos tres días más, hasta el miércoles 15.





    ¿Qué les parece? Les recuerdo que deben enviar su voto a villacimera@gmail.com





    Greis

    lunes, 30 de mayo de 2011

    ACERCA DE MI ...y de aquello que no se ve.



    A veces la vida nos pone frente a las cosas que queremos y en realidad no nos chocamos contra las cosas, sino contra la dura pared del error que construimos delante nuestro.

    Es difícil volver al punto de partida, pero una vez que trascendimos, debemos apagar la nostalgia como se apaga la luz y quedarnos con el resultado de esa soledad, tan abstracta como ingenua, que nos damos a diario. Otra vez plantearnos objetivos, recurrir a la fuente.

    En sí, somos la mitad de un problema y la mitad de una solución y nos pasa como a la luna, tenemos un lado que se conoce y otro que no se ve, y solo algunas personas -o algunas estrellas- pueden dar cuenta de eso.

    Creo que esas personas -o esas estrellas- están a nuestro alcance y en lo particular me gustaría dar con una de ellas, animarnos a reconocer ese lado reservado, ese que todos tenemos y que nunca o tarde llegamos a descubrir en el otro. Ese lado creo, conduce a "eso" que todos buscamos. De hecho, nos hacemos internautas por circunstancias de ESTA NECESIDAD.

    Veamos entonces de que se trata todo esto [pues siempre será para nosotros algo más que un esmerado y bien intencionado juego de palabras "gánicas" ] …a veces este juego no llevará el curso que uno espera, ni tendrá el final que uno quiere (o sí).

    No importa quien este del otro lado, lo bello y lo verdadero se expresa y se percibe ...y solo ocurre este fenómeno cuando nos hacemos “receptivos”.





    Gracias por permitirme estar con uds.
    Marcelo (deleted) ...amigo de la palabra.

    jueves, 19 de mayo de 2011

    AQUELLO QUE NO VEMOS...

    Lo esencial es invisible a los ojos nos dijo Saint Exupery mediante su personaje principal en su libro “El Principito”. Sin embargo entre los tiempos y las emociones que hoy vivimos queda tan poco tiempo para ocuparnos de ver todo aquello que nos es invisible ante la mirada. La apariencia pasó a ser el único objetivo a seguir, debemos ser jóvenes eternos, exitosos crónicos, amigos del que algo nos da… Lo del principito fue una hermosa frase, sólo eso dirían los practicantes de tanta modernidad…
    Fue así que esa tarde de otoño donde las hojas amarillas todo lo cubren, la encontró caminando con ese hombre que la llevada de su cintura tomada, y charlando de los encuentros fortuitos de las almas desoladas. Sin dudas sus profesiones eran opuestas pero la literatura y la sensibilidad de ambos los había conectado como sólo unos seres afortunados pueden conectar, porque han sido elegidos antes de que la razón impere, y mucho antes de que esas miradas se crucen siquiera… El calor del uno anida en el otro, y el vacio casi ni se nota cuando el otro parte porque ese calor ha entrado en lo profundo del alma cubriéndola del sabor de la presencia más allá de lo corpóreo…Por qué había elegido a ese hombre y no otro, se preguntaba, esa tarde que lo conoció con la excusa de debatir ideas, por qué su mirada le resultaba tan familiar si era la primera oportunidad en que lo veía, por qué su necesidad de escucharlo y seguir a su lado se le hacía necesario… Y allí supo que todo lo que veía no alcanzaba para darle las respuestas necesarias a su inteligencia lógica, pues su inteligencia emocional se la respondería cuando al pasar del tiempo se le sumara el primer beso en donde ella ya lo sintió suyo.
    Supo desde entonces que no hay respuestas para lo que no vemos, pues el sentir a veces supera cualquier otro sentido, y la razón no puede dar más respuestas que la simple visión de lo que encuentra a sus pies, sin embargo si ahondamos en el alma, en el corazón, en la piel, ella nos dará la más simple de las respuestas, el enamorado siempre ve más allá de lo que sus ojos ven…

    domingo, 15 de mayo de 2011

    UN MUNDO INCONSCIENTEMENTE PARALELO. (Graciela Tórtora)





    UN MUNDO INCONSCIENTEMENTE PARALELO







    Emilia creció sin saber quienes eran sus padres. La dejaron en la puerta de una iglesia a los pocos días de nacida. El invierno era cruel y sobrevivió gracias a un perro que alertó al cura de que algo extraño pasaba en la puerta de su casa. Estaba apenas cubierta con bolsas de plástico y papel de periódico. Lloraba desesperadamente por el frío y el hambre que sentía dentro de esa caja de zapatos donde la habían abandonado.







    Emilia trabaja en una multinacional como asistente del Gerente General de la empresa. Quiere ser administradora de empresas y estudia con mucha dedicación en la U.B.A. Es callada y seria. Nadie conoce nada sobre su vida. No sacan palabras de su boca ni con sacacorchos.







    Emilia fue recogida por el sacerdote que la entregó, como era su obligación, a la justicia. Sufrió hambre y frío en el internado, hasta que a los cuatro años fue adoptada por un hermosa familia que le dio educación y cariño. Pero Emilia recordaba en su entrañas el hambre y el frío. Lo llevaba adentro y ella no sé explicaba cómo podía sentir esa sensación de frío siempre. Se arropaba en su cama en invierno y verano. Odiaba todo lo plástico y nunca supo el por qué. Si le daban un vaso plástico para tomar su leche, decía que se ahogaba al tragarla.



    Siempre estudiaba para ser la mejor alumna y lo consiguió. Abanderada en primaria y secundaria. Sus padres estaban orgullosos de ella. Fueron padres honestos que nunca le mintieron sobre su origen y nunca le negaron la posibilidad de encontrar su historia, pero ella siempre se negó a esto. Tranquilos, Juan y Elena, sus padres adoptivos, pusieron todas sus energías en darle apoyo su querida hija. La vieron crecer fuerte y segura. Vivían en un hermoso departamento en Villa Devoto, donde Emilia se crío sin darles problemas. Tuvo todos los juegos de acuerdo a sus pedidos y a su edad. Problemas económicos no existían en la familia. Juan era contador en una importante empresa americana establecida en el país hacía muchos años, y Elena era odontóloga y tenía su propia consultorio a pocas cuadras de su casa. Susana, que hacía las veces de cocinera, doméstica y niñera fue quien cuidaba a Emi, cuando volvía de la escuela. Para Emi, era una amiga muy importante que la escuchaba, la mimaba y le daba de comer. Sus amigos eran los de siempre, los hijos de los vecinos, los hijos de los amigos de sus padres, sus compañeros de estudio, que algunos se fueron quedando y otros fueron cambiando cuando entró en la universidad. En el trabajo no hizo amigos. Le molestaba que la criticaran. Sí. La criticaban porque que no se maquillaba, nunca se pintaba las uñas aunque vistiera bien y elegante. Era demasiada intromisión en su vida personal. Y no lo aceptaba.



    En los veintidós años que tenía Emilia, jamás escuchó un grito o una mala reacción de parte de sus padres ni de Susana. Era toda paz en la familia Santos. Su familia.



    El 13 de mayo de 2005 se recibió de Administradora de Empresas. Juan y Elena hicieron una fiesta enorme para festejar el triunfo de su hija y le regalaron un auto cero kilómetro. Emi estaba feliz y les dijo a sus padres que no iba subir al auto hasta que no tuviera el permiso para conducir. Elena se sintió apenada, porque pensó que por lo menos se sentaría la volante, pero ya estaba acostumbrada a las rarezas de Emilia. Hizo el curso para sacar su carnet de conducir y cuando lo consiguió los invitó a sus padres a cenar a un lugar elegante para poder estrenar el auto. Le pasó algo extrañó cuando subió. Sintió frío y sensación de ahogo. No le dio importancia y condujo sin tener problemas. El auto era maravilloso y ella estaba segura sus condiciones como conductora. La comida corrió sin problemas. Sus padres tomaron vino, ella gaseosa porque sabía que no debía beber si iba a manejar, comieron sus platos preferidos y luego partieron de regreso a la casa. Tomarían un champagne para festejar. En el camino, Elena, le regaló a Emilia un set de maquillaje. Le dijo que la quería ver más femenina y que le encantaría que algún día le presentase un novio. Juan la reprendió y le dijo que no la apurara a Emi, que tenía toda la vida por delante. Mientras ellos discurrían sobre el tema, Emilia volvió a sentir esa especie de angustia rara, inexplicable que le hacían sentir el auto y el plástico de sus asientos. Empezó a sentir frío y prendió la calefacción. Sus padres pararon la conversación inútil que estaban teniendo y le dijeron que hacía calor, pero ella alegó que sentía frío. Juan y Elena callaron. Cuando llegaron a la casa abrieron el champagne, brindaron por el futuro de Emi y sus padres le agradecieron a la vida tanta dicha. Antes de retirarse a sus cuartos, Elena no se olvidó de recordarle, entre risas, que el set de maquillaje era también para ser usado.







    Emilia llegó a su dormitorio. Se desvistió se dio un baño bien caliente y se arropó con un pijama bien abrigado. Sabía que era noviembre, y que no hacía frío pero ella sentía un frío interno que no la abandonaba jamás. No tenía sueño, no tenía ganas de leer ni de ver televisión. Se acordó del set de maquillaje. Se levantó y lo abrió. Tenía de todo. Sombras para los párpados, diferentes tipos de pintalabios, dos tipos de correctores de ojeras, delineadores negro y café, una gama de diferentes rubores, polvos secos y volátiles, cuatro colores de bases de maquillaje, dos tipos de embellecedores de pestañas y tres colores de esmaltes de uñas. Empezó a probarse la base que le parecía más adecuada, se aplicó el corrector de ojeras, el polvo, el rubor, el delineador, el rimel y por fin el labial. Era otra persona. Se miró las uñas y eligió un rosado suave. Se las pintó con esmero. Empezó a sentir ahogo. Se miraba al espejo y se sentía de plástico. Sobre todo el esmalte. Sus uñas le daban la sensación que se asfixiaban y la asfixiaban. Se miraba en el espejo, miraba sus manos y era peor la sensación de asfixia. Se acordó del auto nuevo. La misma sensación. Bajó al garaje. Subió al auto. La asfixia era mayor. Empezó a rasgar el plástico que cubría los asientos con desesperación. Tenía un frío tremendo. Prendió la calefacción. De repente vino a su mente la imagen de una niña abandonada envuelta en plástico y papel periódico. Fue una décima de segundo, como un rayo cruzando su cabeza. Se río a carcajadas porque ahora entendía todo. Era ella. Podría deshacerse de sus problemas porque sabía los porqués. Lloraba de alegría y de tristeza. Era una mistura rara de sentimientos lo que sentía. Debía vencer el miedo al plástico, debía vencer el frío. Cambió la calefacción por aire acondicionado. Agarró con fuerza un pedazo del plástico del auto, lo enroscó alrededor de su cabeza y sintió que era libre. Pensó que las lágrimas eran todas iguales, tanto las de alegría como las de tristeza e hizo un nudo alrededor de su cuello para probar que nunca más tendría frío ni miedo al plástico, mientras sus lágrimas empañaban todo. Pero la sensación de ahogo era mayor. El plástico, entre su respiración agitada por el llanto y la emoción se le adhería aún más en el rostro y Emi se dio cuenta de lo que estaba pasando. Trató inútilmente de deshacer el nudo. Sus manos no le respondían. Eran sus uñas pintadas, pensó, porque también se estaban asfixiando.







    Un vecino la encontró a la mañana muerta. Nadie supo nunca el porqué del suicidio. Nadie supo que en realidad Emi, estaba queriendo comenzar a vivir.

    martes, 10 de mayo de 2011

    TIEMPO DE VIDA










    Los leños se van apagando poco a poco. Su crepitar se debilita hasta extinguirse en su totalidad. La mirada se pierde en lo irrecuperable.


    Laura evoca y extraña.

    Lugares, personas, entes inanimados que esperan en un estante, la caricia de esa mano amada ya sin fuerza que se llevó la finitud. Años juntos cuidándose el uno al otro. Ya no, está sola de él. La angustia se ocupa de ella y la toma para quedarse, sin tiempo de espera.

    Laura pregunta.

    Una y otra vez donde estuvieron y con quién se fueron esos años que llevan el rótulo de “Segunda Edad”. Años que pasaron de largo por su vida sin darse a conocer, sin advertirle que saltarían jugando a no volver. Mami, que suerte que el vestido del civil me lo hacés vos, un gasto menos. Ernestito tiene paperas vieja, no te vendrías a casa unos días a cuidarlo. Amor no quiero que trabajes tanto. Vivís para nosotros, desde que tuve ese maldito infarto no parás. Su familia la necesita.

    Laura está sola.

    Claro, ahora entiende, estaba distraída en tanto el tiempo pasaba. No lo veía. Ahora es todo suyo y no sabe qué hacer con él. La familia ya no la necesita. Se mueve por la casa buscando, ¿qué?...ojalá supiera. La mesa es demasiado grande para comer sola, en la cama falta el calor de otro cuerpo, el silencio que deseó tantas veces hoy molesta. Es el desasosiego. No lo conocía, lo descubre y no le gusta. Quisiera recobrar lo perdido. El ímpetu, las ganas, el impulso para no detenerse, el amor en todas y cada una de sus formas.

    Laura vida.

    Todavía es tiempo. Comienza a proyectar. Recuerda cuando le decía a su amor, proyectemos, los proyectos son vida. Toma en sus manos ese cuadro oculto que dejó hace años sin terminar, ya ni recuerda cuantos y decide darle parte de su tiempo, lo merece por la espera. Descubre los óleos secos y sonríe. También les dará vida. Siempre quiso hacer ese curso de Psicología Social y nunca pudo. Ahora puede. Laura se imagina llenando espacios vacíos, esos que la esperaron para darle sentido a su vida.


    Los leños se van apagando poco a poco. Su crepitar se debilita, Laura se levanta de un salto y corre llevando más leña para avivar ese fuego. Su fuego.

    viernes, 6 de mayo de 2011

    EL DEPARTAMENTO CONTIGUO

    – ¿Adónde querés ir hoy, Blanca?, – preguntaba él.
    – A ese lugar de luces azules, – decía ella intrigante.
    – ¿Cuál, el que está en San Telmo?
    – No, al de Palermo.
    – Ah, ya sé, “La Roccola”
    – Ese, Daniel. Yo sabía que vos te acordabas.

    Blanca seducía a su pareja en un juego muy viejo y efectivo. Al final parecía que el varón había elegido el lugar cuando había sido ella quien lo había guiado con dulzura y firmeza.

    Muchas veces iban a pasear a los parques de Palermo. No eran adolescentes pero actuaban como si lo fueran, se tomaban de la mano y se besaban sin pensar en las miradas de las señoras mayores, y bien vestidas, que paseaban caniches en las tardes de sol. Cumplían con los ritos que nunca habían llevado a cabo en sus años juveniles.

    La relación entre Blanca y Daniel fue cada vez más íntima y entrañable. Después del paseo tomaban café en una confitería del Rosedal y, como tantos enamorados, hacían el amor en un hotelito de la zona con la fuerza y la pureza de la juventud. Eran felices.

    Blanca vivía sola en un departamento alquilado pero nunca invitó a Daniel a conocerlo; lo mismo ocurría con Daniel y su departamento de soltero, jamás llevó a su novia y sabía que jamás la llevaría. Ninguno de los dos conocía el departamento del otro, esta era una pequeña espina en la relación, iban a conversar el tema y así resolverlo. Las excusas comenzaron a ser cada vez más y más molestas y así, luego de hablarlo, decidieron alquilar un departamento para los dos. Reunieron esfuerzos y consiguieron uno muy lindo y grande. Hasta tenía dos cuartos para hacer planes  a futuro cuando se presentara la ocasión de casarse y formar una familia. Se amaban y querían vivir juntos.
    Planearon una ceremonia íntima. Los testigos fueron los padres de ella y los de él, quienes vinieron del campo para la feliz ocasión. Las tres parejas fueron a cenar a un restaurante bonito aunque no demasiado elegante ni caro, festejaron así el inicio formal de la vida que iban a llevar juntos.

    Algunas veces Daniel estaba más pensativo que otras, especialmente los domingos por la tarde cuando el clima era frío y lluvioso. Blanca le preguntaba si se encontraba bien pero él contestaba con evasivas y una sonrisa.

    – ¿Qué te pasa Daniel? – preguntaba Blanca con deseos de confortarlo.
    – Nada mi amor, te quiero con toda mi alma pero a veces me asaltan pensamientos raros en los que te pierdo, en los que no estás conmigo.
    – No seas zonzo, mi vida, ¿cómo se te ocurre que me vas a perder? – preguntaba Blanca esbozando un falso enojo de luna de miel.
    – Bueno, no me hagas caso, ya se me va a pasar.

    Y realmente se le pasaba pero esa concentración de Daniel, en razonamientos e imaginaciones, molestaban a Blanca. Ella lo quería feliz como ella misma lo era. Una relación a los treinta y muchos no se encuentra a la vuelta de la esquina y un amor como el de ellos menos aún.
    El sexo era una de las armas de unión más fuertes de la pareja. Todas las noches se miraban cómplices diciendo, con “esa” mirada, mil cosas más que con las palabras, sonreían, hacían bromas, Daniel le hacía cosquillas y Blanca se sacaba la blusa como si eso evitara que él volviera a hacerle cosquillas, así se iban desnudando, jugando y riendo como es el mejor de los sexos, juguetón y pícaro.
    Dormían abrazados toda la noche y el calor de los cuerpos se mezclaba con el aroma sagrado de la pasión. Nada podía ser mejor, nada salvo los domingos por la tarde en que Daniel entraba otra vez en zona de pensamientos oscuros.

    – ¿Qué tenés en los ojos?, – preguntó Blanca.
    – Nada, ¿no ves que no es nada? – dijo Daniel escondiendo una lágrima.
    – Debe ser irritación en los ojos, todo el mundo anda así con las alergias, – mintió Blanca para no avergonzar a su amado.

    A pesar de los cuidados con que Blanca trataba a su marido le pareció que no eran suficientes; decidió que le recomendaría asistir a sesiones de terapia psicológica siempre que Daniel no se negara. No era su intención obligarlo si él no estaba de acuerdo pero también estaba al tanto de su poder de convencimiento y, seguramente, lograría hacer que él creyera que había sido su idea y no de ella.

    Daniel hizo el llamado y concertó una cita con la terapeuta. Cuando llegó el día Daniel se presentó algo nervioso pensando que ese tratamiento no resolvería su problema.
    – Buenas tardes, licenciada Plat – dijo él aparentando seguridad y aplomo.
    – Buenas tardes Daniel, – dijo ella de manera casi festiva como para romper el hielo –. Tomá asiento en el sillón.
    – Gracias.
    – ¿Tuviste problemas para llegar? – preguntó la psicóloga.
    – Para nada, había poco tránsito y llegué enseguida, – mintió Daniel que había demorado una larga hora en el colectivo 168 que daba muchas vueltas.
    – Contame, ¿qué te anda pasando?
    – No sé licenciada…
    – Llamame Silvia.
    – Bueno, Silvia, lo que me pasa es que tengo ratos de mucha melancolía, me encierro en mí mismo, pienso e imagino cosas que me gustan y otras que me molestan.
    – ¿Estás en pareja?
    – Bueno… sí… claro, con Blanca.
    – Te noto dubitativo, ¿marcha todo bien?
    – Muy bien, es una relación perfecta.
    – ¿Perfecta? ¿No te parece demasiado? – preguntó la terapeuta dudando.
    – Sí, sí, es perfecta. Blanca es la mejor mujer del mundo, es cariñosa y compañera.
    – Entonces ¿qué es lo que te pasa?
    – Tengo miedo de que todo sea nada, – dijo Daniel con gran seguridad.
    – ¿Tenés miedo de que te deje? – La licenciada Silvia Plat comenzaba a inquietarse.
    – No, para nada, no estoy seguro de que Blanca exista. – Daniel arrojó una bomba.
    – No te entiendo, ¿cómo que no exista?
    – Mis pensamientos, mis conjeturas, mis necesidades me obligan a pensar y mi soledad me hace creer en cosas que tal vez no existan.
    – Bueno, hoy dejamos acá y la semana que viene seguimos charlando.

    Para Daniel la charla con la terapeuta fue un golpe duro. Había confesado, se había confesado, más de lo que hubiera querido. Se fue caminando a su departamento de soltero sabiendo que Blanca también seguía conservando el de ella. Eran las seis de la tarde. Una vez que hubo llegado esperó a que Blanca llegara al departamento de ella.

    Daniel supo que Blanca había entrado a su departamento. Escuchó el ruido de la llave en el pasillo, la puerta que chirriaba al abrirse. Daniel siguió los movimientos de Blanca desde su departamento contiguo y gemelo en disposición y cuartos. A las ocho de la noche llegaba cansada arrastrando los pies y colgando, en una silla, la pesada cartera.
    Blanca se lavó las manos en la cocina y se secó con el repasador. Abrió la heladera y se inclinó hacia su interior, sabiendo de antemano, que nada encontraría. Daniel conocía este movimiento  gracias al portazo de heladera que Blanca daba cada noche. Encendió el televisor como ruido de fondo. Daniel encendió el televisor al mismo tiempo que su vecina tratando de encontrar rápidamente el mismo canal para que los sonidos no delataran la intromisión auditiva en la intimidad de una mujer que vivía sola, por un vecino que vivía mucho más solo que ella.
    Muchas veces Daniel estuvo a punto de salir al pasillo y tocar timbre en el departamento de Blanca, sabía que nunca iba a animarse. Muchas veces soñó con que su vecina tocaba a su puerta cansada de su soledad y conocedora, como lo era él, de la soledad de un vecino al que escuchaba pero que no veía.


    miércoles, 4 de mayo de 2011

    Pequeños milagros.

    ―Señorita Lucero, si un comerciante tiene asegurado el setenta y cinco por ciento de su mercadería y en un siniestro pierde la mitad, ¿cuánto le cubre la compañía aseguradora? ―preguntó el profesor.

    ―El setenta y cinco por ciento del cincuenta por ciento, señor ―contestó sin dudar.

    ―Muy bien ―sonrió satisfecho y mirando hacia ambos lados, agregó―: si ustedes no desean interrogar más a la alumna, por mi parte la considero aprobada.

    Ana Lucero acababa de recibirse de perito mercantil. Hubiera sido el logro más importante de su vida excepto porque su panza crecía y por primera vez no le importaba ser huérfana.

    El agua caliente de la ducha había sido lo más normal del mundo hasta que se fue a vivir a Villa Cimera y se empleó en un bar ubicado frente a la ruta y de espalda al campo. Ayudaba en la cocina y atendía las mesas a cambio de la pieza y la comida para ella y para el hijo, cuando llegara el momento. Aprendió a bombear agua, a calentarla en un tacho grande y a usar lo justo para lavarse por partes. Acostumbrada a encerar parquet, le llevó un tiempo aprender a salpicar el piso de tierra apisonada sin inundarlo, y a rociar con acaroina para espantar las moscas. Cuando las nubes no ocultaban la luna, atravesaba sin linterna el alero que bordeaba el gallinero hasta llegar al baño, un retrete en el suelo con tres paredes de adobe y una puerta de chapa para dar cierta intimidad. La madrugada previa al día en que parió a su hijo iluminó a un sapo que se le interpuso frente a la entrada. Pensó que era un buen presagio para las horas siguientes a los primeros síntomas.

    Se levantaba al alba y cargaba sin ayuda los modulares y las bajo mesadas en la chata mueblera hasta que su tía lo llamaba para almorzar. Después dormía dos horas de siesta antes de volver al chirrido de la sierra y al cepillado áspero de la amoladora, todos los días de su vida menos los domingos.

    Se llamaba Raquel y ya nadie se burlaba por ese error del juez de paz que sabía visitar los ranchos de vez en cuando para anotar nacimientos y defunciones. Aquella vuelta mandó llamar, entre confusiones y apuros, a los familiares y a quienes quisieran llegarse. Debía repartir a siete hermanos desnutridos y piojosos, después del incendio en el que habían muerto los padres. Los tíos no se enteraron hasta la vuelta a las casas, la habían elegido porque parecía la más chiquita y cuando la desvistieron para fregarla y tirar la ropita mugrienta, se dieron cuenta: era un varón.

    En tercer grado, la maestra llamó a su tía y le explicó lo inútil de seguir mandándolo. Se peleaba a trompada viva con todos los chicos sin importarle el tamaño y además, no aprendía.

    ―No habla, señora. Y es muy grandote para su edad, compare con los otros niños del grado. ¿Usted está segura que en la partida la fecha de nacimiento es correcta? ¿No será como con lo del nombre? Vea, es un niño que puede ayudar a su marido en la carpintería, aprender el oficio, aquí en la escuela se le burlan y así no prestan atención. Terminan lastimados y las madres se me quejan, ¿vio?

    Tenía todo listo para el bebé y un canasto con volado como moisés. Acostada practicaba respiración inflando el abdomen, y jadeos cortos como un perrito. Miró por la ventana y extrañó el puerto. Supo que era ajena, partiría en algún momento a buscar su lugar, pero no tenía apuro porque su hijo era el motivo para poderlo todo. Era más valiente de lo que había creído y se sorprendió al pensar que dentro de ella, él era tal cual como lo vería en unos días cuando decidiera nacer. Ana no podía controlar a la naturaleza, su capacidad de albergar la asombraba y la llenaba de heroísmo, la fuerza que le imprimía la maternidad se le notaba porque andaba de aquí para allá dejando a su paso un brillo de amor ancestral que la protegía, esta vez, de cualquier tragedia que pudiera interrumpir su vida y arrojarla al desamparo.

    ―¡Ana, hay gente! ―llamó la gringa con urgencia.

    ―Ya estoy, estaba mirando que todo esté en el bolso ―dijo mientras se ponía el delantal y se dirigía a la mesa recién ocupada por un camionero y su acompañante.

    ―¿Otra vez? Pero si ya lo revisaste chiquicientas veces, Ana. ¿Tenés todo o falta algo? ―intuyó la dueña del bar.

    ―Para él, todo –contestó con timidez mientras pasaba la rejilla a la mesa.

    ―¿Y?, si para el bebé está todo, ¿entonces?

    ―Para mí. No tengo camisón.

    El domingo se lavó y se peinó con Lord Cheselin hacia atrás. Abrochó el primer botón de la camisa, acomodó las puntas del cuello un poco voladas y se subió el pantalón ajustando el cinto; dejó las alpargatas de trabajo debajo de la cama y buscó las otras. Se despidió de su tía con un beso en la frente. Le gustaba emborracharse y tocar su guitarra en la rueda hasta la madrugada. Después, la enfundaba como podía y se volvía en la bicicleta zigzagueando.

    A veces los domingos, acompañaba al vecino en su camión, salían a la ruta y llegaban a la altura del km.26. Tomaban una grapa hasta que alguna de las chicas se desocupaba. Ya sabían que el que terminaba primero esperaba al otro en el camión. Volvían sin hablar y siempre paraban en algún boliche para un último trago antes del regreso.

    La gringa la apuraba con el motor en marcha y Ana tenía una tranquilidad inesperada. Cuando llegaron al hospital la partera le dijo que hasta el día siguiente no nacería, que se quedara porque la iban a preparar y aconsejó:

    ―Vos, gringa, volvete que a las seis abrís. Dejá a la piba, es primeriza y esto va para largo. Date una vuelta mañana al mediodía.

    Ese domingo, volvían del km. 26 y les llamó la atención que el bar de la ruta estuviera cerrado. Raquel recordó la última vez que había visto a la chica embarazada. Después de pasar el trapo a la mesa giró para buscar los vasos y fue recién ahí cuando vio la estela de luz que se desprendía de su espalda. No lo había comentado, eran cosas que nunca decía. En realidad, nunca decía nada.

    A su tía le llamó la atención que a media mañana interrumpiera la carga y saliera sin darle el beso en la frente. Algunos lo vieron pasar apurado en su bicicleta, hacia el centro y comenzaron a rumorear alguna posible indisposición de la tía. Lo mismo ocurrió cuando entró decidido a la tienda de Don Godoy, quien sin disimulo le preguntó:

    ―¿Su tía está enferma, Raquel?

    Con los ojos grandes le entregó el paquete sin decir palabra. Ana sonrió con la calma de haber atravesado el misterio convertida en la protagonista de un milagro. Era la primera persona que la visitaba y aunque no lo reconoció, la enterneció el gesto. Extendió sus brazos y orgullosa le ofreció sostener a la criatura, pero él negó con la cabeza. Entonces ella, con su instinto recién estrenado, volvió a su hijo al calor del pecho, miró el regalo como una niña sorprendida y rompiendo el papel desenvolvió el camisón.

    jueves, 28 de abril de 2011

    DESTELLOS - JORGE U. MALPELI




    Que cosa tan espléndida es la acuarela para expresar la atmósfera y la distancia, así los personajes están rodeados del aire y parece como si pudieran respirar.
    Vincent Van Gogh

    Prefería ubicarse a unos pocos pasos del carrousel, como ella llamaba a la humilde y vieja calesita de la costa.
    Aunque yo sabía que al cerrar sus ojos recordaba aquel, del quartier de Montmartre, con sus banderas rojas y azules al viento, sus bancos tapizados de seda con grandes flores, los caballos negros y blancos, nerviosos, desbocados, con sus plumas amarillas y verdes sobre sus cabezas, que subían y bajaban en infinitos giros. Y a mi mano y mi sonrisa que le soplaban un beso en cada vuelta, mientras admiraba sus despeinados cabellos rubios y su blusa blanca con los tres botones desprendidos. Y las canciones de Edith Piaf; “Je me regrette rien” los que no se lamentan de su suerte, ni de lo bueno ni de sus desgracias; o tal vez "Mon Légionnaire" de aquel soldado olvidado de la gloriosa Legión Extranjera.
    A María Cristina la había visto antes en algunas tardes de domingo en el Sacré Cour y esa vez me sentí animado para hablarle.
    Tenía puesto el mismo viejo guardapolvo amarillento, gastado, manchado de tristes y aguadas acuarelas. Pero feliz con sus pinturas y pinceles, acordando, por fin, con el papel del atril, la sombra que se le negaba de un árbol al amanecer y la transparencia de los destellos del sol que aparecían iluminando unas pocas hojas de otoño caídas sobre los brillantes adoquines parisinos.

    Ella era ante mis ojos la mas hermosa de las pintoras bohemias de la plaza y yo un argentino, errante vagabundo, eterno estudiante de filosofía. Sin amor establecido, sólo, subsistiendo en una buhardilla del pasaje numero 7 de Faubourg de Montmartre que desde su ventana, en largos y sombríos atardeceres envidiaba a las parejas que hacían cola para cenar en el bueno y barato Chartier.
    Cansado de la teorías de las ideas y del conocimiento, sociedad, política y ética, de la inmortalidad y de la simplicidad del alma de Platón, antes había abandonado la filosofía hegeliana y el estudio del socialismo francés. Cansado y aburrido de repetir el mismo manifiesto comunista de Marx o releer la teoría de la Liberación escrita desde Francia para América Latina.
    María Cristina era de Buenos Aires, después lo supe, recibida en bellas artes, que soñaba con regresar a la Argentina.
    -¿Es una acuarela, verdad? Le pregunté fingiendo interés de compra.
    Me miró sonriendo. ¿Sabés algo de pintura? Preguntó en argentino.
    -No, la verdad que no. Sólo leí el nombre en el tubo: Acuarelas Faivré .
    -Si, lo es -me dijo -estoy luchando con los destellos del sol, que me niega esta acuarela. A veces uso las Zeidan que son las mejores para la técnica que más me gusta de húmedo sobre húmedo, aunque en algunas ocasiones también trabajo con papel seco.

    No pude resistir la tentación y creo que llegué hasta su corazón, cuando le canté al oído los dolidos versos de Cadícamo y entonces ella permitió que me sumergiera en sus grandes ojos oro-verdes, que me miraban asombrados ;

    “¡Cómo habrá cambiado tu calle Corriente...!
    ¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal...!
    Alguien me ha contado que estás floreciente
    y un juego de calles se da en diagonal”

    Definitivamente abandoné la filosofía y adopté la pintura con acuarela.

    No voy a dar nombres ni cantidades. ¿Quién recuerda los amores malogrados aunque queden adentro?. Antes de conocerla había amado a otras mujeres y hasta algunos jóvenes inmorales y caballeros mayores me habían acosado sin éxito, ofreciéndome placeres sexuales indecentes.

    María Cristina tenía 30 años cuando nos enamoramos y fue no solo mi maestra en pintura sino también en el amor
    El beso largo, me decía, debes hacerlo firmemente estrechando mis labios, sin dejar un espacio vacío. -¿Cuánto dura? Yo preguntaba.
    -Hasta que te quedes sin aliento y tengas que respirar por tu nariz. Si tenés que tragar saliva -agregaba -lo podés hacer sin interrumpir el beso y también y es importante, debés cerrar tu mano izquierda en mi cuello por detrás y bajar tu brazo derecho por mi cintura tratando de acariciar mis glúteos y yo tratando de evitarlo. Después el beso largo lo cambiás por el beso a la francesa, que es el que yo prefiero. Para ellos debés cerrar los ojos –siempre cierro los ojos –la interrumpí -e introducir tu lengua -continuó -dentro de mi boca explorando mi paladar, mejillas, mis dientes, buscando que mi lengua responda a los movimientos y roces de la tuya.
    Pero vos ¿cómo sabés tanto? Me arrepentí de preguntar pero ya era tarde.
    -Ay, Ballesteros, Ballesteros, -me llamaba por mi apellido -mon amour -me dijo -yo no viví treinta años adentro de un repollo antes de conocerte..
    En aquel momento su respuesta me fastidió bastante, lo suficiente como para quedarme en silencio el resto de la tarde. Eso me pasa por preguntar –pensé. Hace tiempo que dejé de averiguar después del placer; “¿Te gustó?” por temor a que una sincera respuesta me trajera un dolor mayor.
    Por un mito, que ya pasó a ser leyenda, los hombres creíamos en la asimetría de los géneros; el femenino debía procurar llegar virgen al matrimonio, mientras que para el masculino lo conveniente era investir la mayor experiencia sexual. La felonía de la mujer, en tal caso, se pagaba hasta con la muerte. Mientras el hombre, como en alguna película del neorrealismo italiano, para salvar il suo honore manchaba las sábanas blancas en la noche de bodas con zucco di pomodoro.
    Así es que una tarde, mientras pintaba, comenzó diciendo: Ballesteros; la palabra acuarela deriva del latín aqua y se define como “pintura realizada con colores diluidos en agua usando como blanco el color blanco del papel”. El agua, mon amour siempre está presente en la acuarela especialmente para diluir los pigmentos aglutinados en goma arábiga; hay algunos pintores que utilizan como conservador ortofenilfenato de sodio...Y esto es suficiente por hoy. ¿Vamos al Chartier? Hoy quiero comer una omelet con champiñones y beber una birra Juliette aromatizada, ¿ y vos?
    -¿Ves que tenemos gustos iguales?; lo mismo -respondí.

    Fijate como yo hago; lo haré muy lentamente -me explicaba pacientemente otro día -primero fijo el papel sobre el tablero. Después trazo a lápiz suavemente la línea del horizonte, buscando la divina proporción áurea, aunque no siempre, dependiendo de lo que voy a hacer. Después y eso es lo que me gusta, tomo los pigmentos de la acuarela que voy a usar y elijo mis colores favoritos; prefiero el azul ultramar, el rojo cadmio, el oro brillante, el tierra sombra, el negro oxido, el violeta cobalto y el verde fuerte. Los diluyo y voy formando mis aguadas en tonalidades y texturas diferentes. ¿Sabés que los cuadros se leen de izquierda a derecha? como la escritura. Sé que hay otros lugares dónde se lee comenzando por la derecha, pero nosotros estamos aquí, en éste lado del mundo, donde todo empezó con Leonardo Da Vinci.
    Por eso –continuó- cuando comienzo una pintura pongo especial cuidado en esa franja de la izquierda, comenzando con pinceladas rápidas, precisas y brillantes para obtener las mejores transparencias, las mejores aguadas y los mejores matices. Como un buen libro que te atrapa desde el primer capítulo; es una pequeña trampita para atraer al observador ¿Cuándo lo descubran, me perdonarán? No sé...
    Entonces regresando a Da Vinci preguntó; -¿Conocés su dibujo el Hombre de Vitruvio?-
    -Algo... muy poco -contesté.
    -Esperá que te muestro
    Volvió al rato con un enorme libraco de tapas brillantes.
    -Aquí está -dijo -...en la página 37, también llamado el Canon de las Proporciones Humanas.
    Lo que te quiero señalar es que en su dibujo, la relación entre el radio del círculo y un lado del cuadrado es la razón áurea. ¿Te acordás? -dijo recorriendo la figura con su dedo índice.
    ¡El número de oro -exclamé -el de la divina proporción!.
    Exacto -dijo -se representa con la letra griega FI en honor al escultor Fidias y es el número irracional l,61803...
    ¿Sabías que un matemático francés afirma que encontró el FI en algunas formas arquitectónicas de la pirámide de Mikerino de Gizeh?. La misma relación está en paredes, techo y columnas del Partenón, en pinturas de Miguel Angel, Durero y el mismo DaVinci -terminó diciendo.

    Sin embargo no es el número de oro el que tengo siempre presente en mi memoria... Nos llegó la infelicidad el séptimo año a contar desde nuestro regreso a la Argentina, en el séptimo año desde que vivíamos juntos en la comarca, a orillas del río Negro.
    Ahora pienso que es el número 7, el más extraño y lleno de misterios. Los artistas y yo me cuento, lo asociamos con lo que buscamos en lo sepulto de la relación mágica que hay entre nuestras vidas y la cotidianidad. Es el número, en fin que controla el ritmo de todos los seres vivos sobre la tierra.
    Siete son los días de la semana, siete son los días de la Creación, según la Biblia. Y el Señor expulsó 7 demonios de Magdalena.
    Pero el Divino acuarelista no pudo o no quiso limpiar con solo una gota de agua pura de su regio pincel y perfectos colores, el mal abatido sobre María Cristina, precisamente en el séptimo año.
    El infarto cerebral isquémico -explicó el médico -es un evento súbito causado por la falta de irrigación sanguínea al tejido cerebral.
    No quise saber ni preguntar. Era más que suficiente.
    Por las mañanas, minutos antes del amanecer para tratar de retener los primeros destellos del sol, se situaba debajo de una farola blanca, como ofrenda distante al tiempo y lugar de aquella otra farola blanca del numero 72 de la rue de Bellville de Paris bajo la cual naciera Edith Piaf.
    Allí, en su silla de ruedas tenía todo a mano; el atril, la paleta, los pinceles, el agua y los colores.
    Repetía casi siempre el mismo paisaje. Desde la orilla sur del río dibujaba a la que tenía enfrente. Algunos sauces llorones, humildes mimbres que llegan hasta el agua, el puerto, las casas
    coloniales de tejas rojas que trepan por las calles de tierra en la otra barda hasta llegar arriba, a la imponente Iglesia con sus torres blancas. Eliminaba con rabia y sin misericordia el desubicado edificio cuadrado que se elevaba por sobre los árboles de la plaza principal. A veces agregaba algún velero anclado, el barco hundido, patos o cisnes de cuello negro, los cambios de la marea, lanchas con pasajeros y gaviotas volando que las acompañan en el cruce del río esperando las galletas que seguramente les arrojará un niño o un abuelo. Es sabido que son ellos los mejores amigos de los pájaros.
    Pero en todas sus pinturas se detenía y peleaba delicadamente vigorosa, para atrapar los vientos patagónicos, los vibrantes reflejos del sol sobre el agua o algunos finos destellos que lograban escapar de las sombras de los árboles.

    Dejaba su pintura en reposo toda la noche y la retomaba a la luz del nuevo día, observando con regocijo los brillos y transparencias, que seguramente el descanso habían mejorado.

    ¡Dejame desgraciado! ¡ Infelíz! Sos libre de irte a Paris, volvé al Sacré Cour -me dijo cuando le alcancé el pincel que había arrojado al pasto.
    -¿Porqué Dios que me dio la gracia de la pintura, me quitó las manos? ¿Qué podés hacer al lado de una enferma como yo? agregó.
    -¿Yo...a París? ...¿ y para que? –repliqué -Vos siempre serás mi única maestra; en el amor y en la acuarela, jamás, jamás podré enamorarme de otra mujer.
    Creo que presintió que ese, era su último atardecer y sollozando me dijo: -Ya no puedo más. Prometeme que mañana después del amanecer terminarás con estos destellos que hoy yo no puedo pintar, en colores oro brillante y violeta cobalto. Y regarás mis hortensias.
    -Lo prometo –dije.







    jueves, 21 de abril de 2011

    2° Concurso "Cimera" de Cuentos: Bases


    "Lo que no vemos"

    1- El concurso está abierto a quien quiera compartir su trabajo con la condición de estar registrado en el blog de Villa Cimera, ya que los textos en competición sólo podrán ser subidos desde la cuenta de sus propios autores.

    2- La temática se centrará en la idea de lo que no vemos, sin que la frase esté necesariamente incluida en el texto. Cada cuento (sólo uno por autor) no debe exceder las 2000 palabras y debe ser inédito en cualquier soporte.

    3- Modalidad: los cuentos deberán ser publicados por su autor previamente registrado en el blog de Villa Cimera ( http://www.villacimera.blogspot.com ) agregando la etiqueta/tag “2° Concurso” (en caso de duda con el procedimiento ver [*] o contactar con los administradores u otros colegas).

    4- La votación se llevará a cabo por todos los participantes registrados del blog, independientemente de su participación con trabajos en el concurso.

    5- El voto individual será enviado por correo electrónico a la dirección villacimera@gmail.com. Sólo se considerarán los votos cuyas direcciones de e-mail figuren como registradas en el blog. Los votos serán escrutados por uno de los administradores del blog para determinar los tres ganadores (primer, segundo y tercer premio) por mayoría o empate. En caso de empate, se aplicará a tal fin el orden cronológico de presentación que tuvieron los trabajos en competición.

    6- La fecha límite para participar con trabajos en el concurso es el 9 de junio de 2011 a medianoche (hora argentina) quedando fuera las obras presentadas más allá de esta fecha y hora, así como las que superen el límite de 2000 palabras.

    7- Se podrá votar según el inciso 4 y 5 desde el día 10 hasta el 12 de junio a la medianoche (hora argentina).

    8- Verificado el resultado, los cuentos ganadores serán oficialmente declarados en el transcurso del día 13 de junio.

    9- El ganador del primer premio podrá elegir dos de los cuatro libros que desee entre las obras citadas en el inciso 10. El ganador del segundo premio, podrá optar por uno de los dos restantes, definiendo así el premio para el tercer ganador. En caso de empate, se aplicará a tal fin el orden cronológico de presentación que tuvieron los trabajos.

    10- Los premios:
    - Un ejemplar de La pasión según Carmela, de Marcos Aguinis
    - Un ejemplar de El pintor de batallas, de Arturo Pérez Reverte
    - Un ejemplar de La montaña del Alma, de Gao Xingjian
    - Un ejemplar de la 1ra Antología de relatos, ensayos e ilustraciones del Premio Internacional de Editoriales Electrónicas, de autores varios.

    [*] En la pantalla de edición en la que escribe o pega su cuento, abajo, a la derecha, en el recuadro en blanco después de “Etiquetas”, escribir 2° Concurso antes de publicar el trabajo.