lunes, 13 de junio de 2011
Comentario a "Reflexiones de un lunes de junio"...
Lo que quería decir es:
"Quizas dando más tiempo para votar tengamos más participación, creo que un fin de semana es poco.
No tengo autoridad moral para criticar a nadie, ando bastante loca con el trabajo y por eso estoy escribiendo de a ratitos, nomás. Pero recuerdo bien que la discusión pr este concurso fue bastante brava y quizás por eso no hubo más participación.
¡Para la próxima, sugiero que discutamos menos y escribamos más!"
PD importante: ¿Alguien sabe cómo hacer "cortar y pegar" desde un word, por ejemplo? ¡Porque no me da ni cinco de bolilla cuando lo intento!
¡Besos a los ganadores!
¡Gracias a quien le gustó mi cuento y lo votó!
Mi agradecimiento a Greis, diosa de los sufragios.
A los ocho que votamos: qué poquitos pero ¡Presentes!
Igual creo que es para pensar: invertimos un montón de espacio decidiendo si publicábamos los cuentos con seudónimo o no, algunos defendieron mucho su postura en aquel momento y al final fue mayor el interés que despertó discutir las bases del concurso que participar escribiendo y/o votando.
Cariños para todos,
Ale.
PD: Imposible publicar en comentarios...
RESULTADOS SEGUNDO CONCURSO
(Cuentos ordenados alfabéticamente)
CERTEZAS DE UN CRIMEN __ 2
DESTELLOS ______________ 2
LOS MEDIOS _____________ 2
AQUELLO QUE NO VEMOS ___ 1
PEQUEÑOS MILAGROS ______ 1
Atendiendo al inc. 9 de las bases:
"El ganador del primer premio podrá elegir dos de los cuatro libros que desee entre las obras citadas en el inciso 10. El ganador del segundo premio, podrá optar por uno de los dos restantes, definiendo así el premio para el tercer ganador. En caso de empate, se aplicará a tal fin el orden cronológico de presentación que tuvieron los trabajos."
GANADOR DEL PRIMER PREMIO:
DESTELLOS - Presentado el 28/4 por Jorge U. Malpeli (Melipal)
SEGUNDO PREMIO:
LOS MEDIOS- Presentado el 5/5 por Adela I. Alonso
TERCER PREMIO
CERTEZAS DE UN CRIMEN- Presentado el 13/5 por Dante Balzán (Nataza)
Greis
domingo, 12 de junio de 2011
Segundo concurso
Teniendo en cuenta que solo hubo OCHO votos, pensé que sería una buena idea extender la votación por lo menos tres días más, hasta el miércoles 15.
¿Qué les parece? Les recuerdo que deben enviar su voto a villacimera@gmail.com
Greis
lunes, 30 de mayo de 2011
ACERCA DE MI ...y de aquello que no se ve.

A veces la vida nos pone frente a las cosas que queremos y en realidad no nos chocamos contra las cosas, sino contra la dura pared del error que construimos delante nuestro.
Es difícil volver al punto de partida, pero una vez que trascendimos, debemos apagar la nostalgia como se apaga la luz y quedarnos con el resultado de esa soledad, tan abstracta como ingenua, que nos damos a diario. Otra vez plantearnos objetivos, recurrir a la fuente.
En sí, somos la mitad de un problema y la mitad de una solución y nos pasa como a la luna, tenemos un lado que se conoce y otro que no se ve, y solo algunas personas -o algunas estrellas- pueden dar cuenta de eso.
Creo que esas personas -o esas estrellas- están a nuestro alcance y en lo particular me gustaría dar con una de ellas, animarnos a reconocer ese lado reservado, ese que todos tenemos y que nunca o tarde llegamos a descubrir en el otro. Ese lado creo, conduce a "eso" que todos buscamos. De hecho, nos hacemos internautas por circunstancias de ESTA NECESIDAD.
Veamos entonces de que se trata todo esto [pues siempre será para nosotros algo más que un esmerado y bien intencionado juego de palabras "gánicas" ] …a veces este juego no llevará el curso que uno espera, ni tendrá el final que uno quiere (o sí).
No importa quien este del otro lado, lo bello y lo verdadero se expresa y se percibe ...y solo ocurre este fenómeno cuando nos hacemos “receptivos”.
Marcelo (deleted) ...amigo de la palabra.
jueves, 19 de mayo de 2011
AQUELLO QUE NO VEMOS...
Fue así que esa tarde de otoño donde las hojas amarillas todo lo cubren, la encontró caminando con ese hombre que la llevada de su cintura tomada, y charlando de los encuentros fortuitos de las almas desoladas. Sin dudas sus profesiones eran opuestas pero la literatura y la sensibilidad de ambos los había conectado como sólo unos seres afortunados pueden conectar, porque han sido elegidos antes de que la razón impere, y mucho antes de que esas miradas se crucen siquiera… El calor del uno anida en el otro, y el vacio casi ni se nota cuando el otro parte porque ese calor ha entrado en lo profundo del alma cubriéndola del sabor de la presencia más allá de lo corpóreo…Por qué había elegido a ese hombre y no otro, se preguntaba, esa tarde que lo conoció con la excusa de debatir ideas, por qué su mirada le resultaba tan familiar si era la primera oportunidad en que lo veía, por qué su necesidad de escucharlo y seguir a su lado se le hacía necesario… Y allí supo que todo lo que veía no alcanzaba para darle las respuestas necesarias a su inteligencia lógica, pues su inteligencia emocional se la respondería cuando al pasar del tiempo se le sumara el primer beso en donde ella ya lo sintió suyo.
Supo desde entonces que no hay respuestas para lo que no vemos, pues el sentir a veces supera cualquier otro sentido, y la razón no puede dar más respuestas que la simple visión de lo que encuentra a sus pies, sin embargo si ahondamos en el alma, en el corazón, en la piel, ella nos dará la más simple de las respuestas, el enamorado siempre ve más allá de lo que sus ojos ven…
domingo, 15 de mayo de 2011
UN MUNDO INCONSCIENTEMENTE PARALELO. (Graciela Tórtora)
martes, 10 de mayo de 2011
TIEMPO DE VIDA

Los leños se van apagando poco a poco. Su crepitar se debilita, Laura se levanta de un salto y corre llevando más leña para avivar ese fuego. Su fuego.
viernes, 6 de mayo de 2011
EL DEPARTAMENTO CONTIGUO
miércoles, 4 de mayo de 2011
Pequeños milagros.
―Señorita Lucero, si un comerciante tiene asegurado el setenta y cinco por ciento de su mercadería y en un siniestro pierde la mitad, ¿cuánto le cubre la compañía aseguradora? ―preguntó el profesor.
―El setenta y cinco por ciento del cincuenta por ciento, señor ―contestó sin dudar.
―Muy bien ―sonrió satisfecho y mirando hacia ambos lados, agregó―: si ustedes no desean interrogar más a la alumna, por mi parte la considero aprobada.
Ana Lucero acababa de recibirse de perito mercantil. Hubiera sido el logro más importante de su vida excepto porque su panza crecía y por primera vez no le importaba ser huérfana.
El agua caliente de la ducha había sido lo más normal del mundo hasta que se fue a vivir a Villa Cimera y se empleó en un bar ubicado frente a la ruta y de espalda al campo. Ayudaba en la cocina y atendía las mesas a cambio de la pieza y la comida para ella y para el hijo, cuando llegara el momento. Aprendió a bombear agua, a calentarla en un tacho grande y a usar lo justo para lavarse por partes. Acostumbrada a encerar parquet, le llevó un tiempo aprender a salpicar el piso de tierra apisonada sin inundarlo, y a rociar con acaroina para espantar las moscas. Cuando las nubes no ocultaban la luna, atravesaba sin linterna el alero que bordeaba el gallinero hasta llegar al baño, un retrete en el suelo con tres paredes de adobe y una puerta de chapa para dar cierta intimidad. La madrugada previa al día en que parió a su hijo iluminó a un sapo que se le interpuso frente a la entrada. Pensó que era un buen presagio para las horas siguientes a los primeros síntomas.
Se levantaba al alba y cargaba sin ayuda los modulares y las bajo mesadas en la chata mueblera hasta que su tía lo llamaba para almorzar. Después dormía dos horas de siesta antes de volver al chirrido de la sierra y al cepillado áspero de la amoladora, todos los días de su vida menos los domingos.
Se llamaba Raquel y ya nadie se burlaba por ese error del juez de paz que sabía visitar los ranchos de vez en cuando para anotar nacimientos y defunciones. Aquella vuelta mandó llamar, entre confusiones y apuros, a los familiares y a quienes quisieran llegarse. Debía repartir a siete hermanos desnutridos y piojosos, después del incendio en el que habían muerto los padres. Los tíos no se enteraron hasta la vuelta a las casas, la habían elegido porque parecía la más chiquita y cuando la desvistieron para fregarla y tirar la ropita mugrienta, se dieron cuenta: era un varón.
En tercer grado, la maestra llamó a su tía y le explicó lo inútil de seguir mandándolo. Se peleaba a trompada viva con todos los chicos sin importarle el tamaño y además, no aprendía.
―No habla, señora. Y es muy grandote para su edad, compare con los otros niños del grado. ¿Usted está segura que en la partida la fecha de nacimiento es correcta? ¿No será como con lo del nombre? Vea, es un niño que puede ayudar a su marido en la carpintería, aprender el oficio, aquí en la escuela se le burlan y así no prestan atención. Terminan lastimados y las madres se me quejan, ¿vio?
Tenía todo listo para el bebé y un canasto con volado como moisés. Acostada practicaba respiración inflando el abdomen, y jadeos cortos como un perrito. Miró por la ventana y extrañó el puerto. Supo que era ajena, partiría en algún momento a buscar su lugar, pero no tenía apuro porque su hijo era el motivo para poderlo todo. Era más valiente de lo que había creído y se sorprendió al pensar que dentro de ella, él era tal cual como lo vería en unos días cuando decidiera nacer. Ana no podía controlar a la naturaleza, su capacidad de albergar la asombraba y la llenaba de heroísmo, la fuerza que le imprimía la maternidad se le notaba porque andaba de aquí para allá dejando a su paso un brillo de amor ancestral que la protegía, esta vez, de cualquier tragedia que pudiera interrumpir su vida y arrojarla al desamparo.
―¡Ana, hay gente! ―llamó la gringa con urgencia.
―Ya estoy, estaba mirando que todo esté en el bolso ―dijo mientras se ponía el delantal y se dirigía a la mesa recién ocupada por un camionero y su acompañante.
―¿Otra vez? Pero si ya lo revisaste chiquicientas veces, Ana. ¿Tenés todo o falta algo? ―intuyó la dueña del bar.
―Para él, todo –contestó con timidez mientras pasaba la rejilla a la mesa.
―¿Y?, si para el bebé está todo, ¿entonces?
―Para mí. No tengo camisón.
El domingo se lavó y se peinó con Lord Cheselin hacia atrás. Abrochó el primer botón de la camisa, acomodó las puntas del cuello un poco voladas y se subió el pantalón ajustando el cinto; dejó las alpargatas de trabajo debajo de la cama y buscó las otras. Se despidió de su tía con un beso en la frente. Le gustaba emborracharse y tocar su guitarra en la rueda hasta la madrugada. Después, la enfundaba como podía y se volvía en la bicicleta zigzagueando.
A veces los domingos, acompañaba al vecino en su camión, salían a la ruta y llegaban a la altura del km.26. Tomaban una grapa hasta que alguna de las chicas se desocupaba. Ya sabían que el que terminaba primero esperaba al otro en el camión. Volvían sin hablar y siempre paraban en algún boliche para un último trago antes del regreso.
La gringa la apuraba con el motor en marcha y Ana tenía una tranquilidad inesperada. Cuando llegaron al hospital la partera le dijo que hasta el día siguiente no nacería, que se quedara porque la iban a preparar y aconsejó:
―Vos, gringa, volvete que a las seis abrís. Dejá a la piba, es primeriza y esto va para largo. Date una vuelta mañana al mediodía.
Ese domingo, volvían del km. 26 y les llamó la atención que el bar de la ruta estuviera cerrado. Raquel recordó la última vez que había visto a la chica embarazada. Después de pasar el trapo a la mesa giró para buscar los vasos y fue recién ahí cuando vio la estela de luz que se desprendía de su espalda. No lo había comentado, eran cosas que nunca decía. En realidad, nunca decía nada.
A su tía le llamó la atención que a media mañana interrumpiera la carga y saliera sin darle el beso en la frente. Algunos lo vieron pasar apurado en su bicicleta, hacia el centro y comenzaron a rumorear alguna posible indisposición de la tía. Lo mismo ocurrió cuando entró decidido a la tienda de Don Godoy, quien sin disimulo le preguntó:
―¿Su tía está enferma, Raquel?
Con los ojos grandes le entregó el paquete sin decir palabra. Ana sonrió con la calma de haber atravesado el misterio convertida en la protagonista de un milagro. Era la primera persona que la visitaba y aunque no lo reconoció, la enterneció el gesto. Extendió sus brazos y orgullosa le ofreció sostener a la criatura, pero él negó con la cabeza. Entonces ella, con su instinto recién estrenado, volvió a su hijo al calor del pecho, miró el regalo como una niña sorprendida y rompiendo el papel desenvolvió el camisón.
jueves, 28 de abril de 2011
DESTELLOS - JORGE U. MALPELI

Que cosa tan espléndida es la acuarela para expresar la atmósfera y la distancia, así los personajes están rodeados del aire y parece como si pudieran respirar.
Vincent Van Gogh
Prefería ubicarse a unos pocos pasos del carrousel, como ella llamaba a la humilde y vieja calesita de la costa.
Aunque yo sabía que al cerrar sus ojos recordaba aquel, del quartier de Montmartre, con sus banderas rojas y azules al viento, sus bancos tapizados de seda con grandes flores, los caballos negros y blancos, nerviosos, desbocados, con sus plumas amarillas y verdes sobre sus cabezas, que subían y bajaban en infinitos giros. Y a mi mano y mi sonrisa que le soplaban un beso en cada vuelta, mientras admiraba sus despeinados cabellos rubios y su blusa blanca con los tres botones desprendidos. Y las canciones de Edith Piaf; “Je me regrette rien” los que no se lamentan de su suerte, ni de lo bueno ni de sus desgracias; o tal vez "Mon Légionnaire" de aquel soldado olvidado de la gloriosa Legión Extranjera.
A María Cristina la había visto antes en algunas tardes de domingo en el Sacré Cour y esa vez me sentí animado para hablarle.
Tenía puesto el mismo viejo guardapolvo amarillento, gastado, manchado de tristes y aguadas acuarelas. Pero feliz con sus pinturas y pinceles, acordando, por fin, con el papel del atril, la sombra que se le negaba de un árbol al amanecer y la transparencia de los destellos del sol que aparecían iluminando unas pocas hojas de otoño caídas sobre los brillantes adoquines parisinos.
Ella era ante mis ojos la mas hermosa de las pintoras bohemias de la plaza y yo un argentino, errante vagabundo, eterno estudiante de filosofía. Sin amor establecido, sólo, subsistiendo en una buhardilla del pasaje numero 7 de Faubourg de Montmartre que desde su ventana, en largos y sombríos atardeceres envidiaba a las parejas que hacían cola para cenar en el bueno y barato Chartier.
Cansado de la teorías de las ideas y del conocimiento, sociedad, política y ética, de la inmortalidad y de la simplicidad del alma de Platón, antes había abandonado la filosofía hegeliana y el estudio del socialismo francés. Cansado y aburrido de repetir el mismo manifiesto comunista de Marx o releer la teoría de la Liberación escrita desde Francia para América Latina.
María Cristina era de Buenos Aires, después lo supe, recibida en bellas artes, que soñaba con regresar a la Argentina.
-¿Es una acuarela, verdad? Le pregunté fingiendo interés de compra.
Me miró sonriendo. ¿Sabés algo de pintura? Preguntó en argentino.
-No, la verdad que no. Sólo leí el nombre en el tubo: Acuarelas Faivré .
-Si, lo es -me dijo -estoy luchando con los destellos del sol, que me niega esta acuarela. A veces uso las Zeidan que son las mejores para la técnica que más me gusta de húmedo sobre húmedo, aunque en algunas ocasiones también trabajo con papel seco.
No pude resistir la tentación y creo que llegué hasta su corazón, cuando le canté al oído los dolidos versos de Cadícamo y entonces ella permitió que me sumergiera en sus grandes ojos oro-verdes, que me miraban asombrados ;
“¡Cómo habrá cambiado tu calle Corriente...!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal...!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal”
Definitivamente abandoné la filosofía y adopté la pintura con acuarela.
No voy a dar nombres ni cantidades. ¿Quién recuerda los amores malogrados aunque queden adentro?. Antes de conocerla había amado a otras mujeres y hasta algunos jóvenes inmorales y caballeros mayores me habían acosado sin éxito, ofreciéndome placeres sexuales indecentes.
María Cristina tenía 30 años cuando nos enamoramos y fue no solo mi maestra en pintura sino también en el amor
El beso largo, me decía, debes hacerlo firmemente estrechando mis labios, sin dejar un espacio vacío. -¿Cuánto dura? Yo preguntaba.
-Hasta que te quedes sin aliento y tengas que respirar por tu nariz. Si tenés que tragar saliva -agregaba -lo podés hacer sin interrumpir el beso y también y es importante, debés cerrar tu mano izquierda en mi cuello por detrás y bajar tu brazo derecho por mi cintura tratando de acariciar mis glúteos y yo tratando de evitarlo. Después el beso largo lo cambiás por el beso a la francesa, que es el que yo prefiero. Para ellos debés cerrar los ojos –siempre cierro los ojos –la interrumpí -e introducir tu lengua -continuó -dentro de mi boca explorando mi paladar, mejillas, mis dientes, buscando que mi lengua responda a los movimientos y roces de la tuya.
Pero vos ¿cómo sabés tanto? Me arrepentí de preguntar pero ya era tarde.
-Ay, Ballesteros, Ballesteros, -me llamaba por mi apellido -mon amour -me dijo -yo no viví treinta años adentro de un repollo antes de conocerte..
En aquel momento su respuesta me fastidió bastante, lo suficiente como para quedarme en silencio el resto de la tarde. Eso me pasa por preguntar –pensé. Hace tiempo que dejé de averiguar después del placer; “¿Te gustó?” por temor a que una sincera respuesta me trajera un dolor mayor.
Por un mito, que ya pasó a ser leyenda, los hombres creíamos en la asimetría de los géneros; el femenino debía procurar llegar virgen al matrimonio, mientras que para el masculino lo conveniente era investir la mayor experiencia sexual. La felonía de la mujer, en tal caso, se pagaba hasta con la muerte. Mientras el hombre, como en alguna película del neorrealismo italiano, para salvar il suo honore manchaba las sábanas blancas en la noche de bodas con zucco di pomodoro.
Así es que una tarde, mientras pintaba, comenzó diciendo: Ballesteros; la palabra acuarela deriva del latín aqua y se define como “pintura realizada con colores diluidos en agua usando como blanco el color blanco del papel”. El agua, mon amour siempre está presente en la acuarela especialmente para diluir los pigmentos aglutinados en goma arábiga; hay algunos pintores que utilizan como conservador ortofenilfenato de sodio...Y esto es suficiente por hoy. ¿Vamos al Chartier? Hoy quiero comer una omelet con champiñones y beber una birra Juliette aromatizada, ¿ y vos?
-¿Ves que tenemos gustos iguales?; lo mismo -respondí.
Fijate como yo hago; lo haré muy lentamente -me explicaba pacientemente otro día -primero fijo el papel sobre el tablero. Después trazo a lápiz suavemente la línea del horizonte, buscando la divina proporción áurea, aunque no siempre, dependiendo de lo que voy a hacer. Después y eso es lo que me gusta, tomo los pigmentos de la acuarela que voy a usar y elijo mis colores favoritos; prefiero el azul ultramar, el rojo cadmio, el oro brillante, el tierra sombra, el negro oxido, el violeta cobalto y el verde fuerte. Los diluyo y voy formando mis aguadas en tonalidades y texturas diferentes. ¿Sabés que los cuadros se leen de izquierda a derecha? como la escritura. Sé que hay otros lugares dónde se lee comenzando por la derecha, pero nosotros estamos aquí, en éste lado del mundo, donde todo empezó con Leonardo Da Vinci.
Por eso –continuó- cuando comienzo una pintura pongo especial cuidado en esa franja de la izquierda, comenzando con pinceladas rápidas, precisas y brillantes para obtener las mejores transparencias, las mejores aguadas y los mejores matices. Como un buen libro que te atrapa desde el primer capítulo; es una pequeña trampita para atraer al observador ¿Cuándo lo descubran, me perdonarán? No sé...
Entonces regresando a Da Vinci preguntó; -¿Conocés su dibujo el Hombre de Vitruvio?-
-Algo... muy poco -contesté.
-Esperá que te muestro
Volvió al rato con un enorme libraco de tapas brillantes.
-Aquí está -dijo -...en la página 37, también llamado el Canon de las Proporciones Humanas.
Lo que te quiero señalar es que en su dibujo, la relación entre el radio del círculo y un lado del cuadrado es la razón áurea. ¿Te acordás? -dijo recorriendo la figura con su dedo índice.
¡El número de oro -exclamé -el de la divina proporción!.
Exacto -dijo -se representa con la letra griega FI en honor al escultor Fidias y es el número irracional l,61803...
¿Sabías que un matemático francés afirma que encontró el FI en algunas formas arquitectónicas de la pirámide de Mikerino de Gizeh?. La misma relación está en paredes, techo y columnas del Partenón, en pinturas de Miguel Angel, Durero y el mismo DaVinci -terminó diciendo.
Sin embargo no es el número de oro el que tengo siempre presente en mi memoria... Nos llegó la infelicidad el séptimo año a contar desde nuestro regreso a la Argentina, en el séptimo año desde que vivíamos juntos en la comarca, a orillas del río Negro.
Ahora pienso que es el número 7, el más extraño y lleno de misterios. Los artistas y yo me cuento, lo asociamos con lo que buscamos en lo sepulto de la relación mágica que hay entre nuestras vidas y la cotidianidad. Es el número, en fin que controla el ritmo de todos los seres vivos sobre la tierra.
Siete son los días de la semana, siete son los días de la Creación, según la Biblia. Y el Señor expulsó 7 demonios de Magdalena.
Pero el Divino acuarelista no pudo o no quiso limpiar con solo una gota de agua pura de su regio pincel y perfectos colores, el mal abatido sobre María Cristina, precisamente en el séptimo año.
El infarto cerebral isquémico -explicó el médico -es un evento súbito causado por la falta de irrigación sanguínea al tejido cerebral.
No quise saber ni preguntar. Era más que suficiente.
Por las mañanas, minutos antes del amanecer para tratar de retener los primeros destellos del sol, se situaba debajo de una farola blanca, como ofrenda distante al tiempo y lugar de aquella otra farola blanca del numero 72 de la rue de Bellville de Paris bajo la cual naciera Edith Piaf.
Allí, en su silla de ruedas tenía todo a mano; el atril, la paleta, los pinceles, el agua y los colores.
Repetía casi siempre el mismo paisaje. Desde la orilla sur del río dibujaba a la que tenía enfrente. Algunos sauces llorones, humildes mimbres que llegan hasta el agua, el puerto, las casas
coloniales de tejas rojas que trepan por las calles de tierra en la otra barda hasta llegar arriba, a la imponente Iglesia con sus torres blancas. Eliminaba con rabia y sin misericordia el desubicado edificio cuadrado que se elevaba por sobre los árboles de la plaza principal. A veces agregaba algún velero anclado, el barco hundido, patos o cisnes de cuello negro, los cambios de la marea, lanchas con pasajeros y gaviotas volando que las acompañan en el cruce del río esperando las galletas que seguramente les arrojará un niño o un abuelo. Es sabido que son ellos los mejores amigos de los pájaros.
Pero en todas sus pinturas se detenía y peleaba delicadamente vigorosa, para atrapar los vientos patagónicos, los vibrantes reflejos del sol sobre el agua o algunos finos destellos que lograban escapar de las sombras de los árboles.
Dejaba su pintura en reposo toda la noche y la retomaba a la luz del nuevo día, observando con regocijo los brillos y transparencias, que seguramente el descanso habían mejorado.
¡Dejame desgraciado! ¡ Infelíz! Sos libre de irte a Paris, volvé al Sacré Cour -me dijo cuando le alcancé el pincel que había arrojado al pasto.
-¿Porqué Dios que me dio la gracia de la pintura, me quitó las manos? ¿Qué podés hacer al lado de una enferma como yo? agregó.
-¿Yo...a París? ...¿ y para que? –repliqué -Vos siempre serás mi única maestra; en el amor y en la acuarela, jamás, jamás podré enamorarme de otra mujer.
Creo que presintió que ese, era su último atardecer y sollozando me dijo: -Ya no puedo más. Prometeme que mañana después del amanecer terminarás con estos destellos que hoy yo no puedo pintar, en colores oro brillante y violeta cobalto. Y regarás mis hortensias.
-Lo prometo –dije.
jueves, 21 de abril de 2011
2° Concurso "Cimera" de Cuentos: Bases
"Lo que no vemos"
1- El concurso está abierto a quien quiera compartir su trabajo con la condición de estar registrado en el blog de Villa Cimera, ya que los textos en competición sólo podrán ser subidos desde la cuenta de sus propios autores.
2- La temática se centrará en la idea de lo que no vemos, sin que la frase esté necesariamente incluida en el texto. Cada cuento (sólo uno por autor) no debe exceder las 2000 palabras y debe ser inédito en cualquier soporte.
3- Modalidad: los cuentos deberán ser publicados por su autor previamente registrado en el blog de Villa Cimera ( http://www.villacimera.blogspot.com ) agregando la etiqueta/tag “2° Concurso” (en caso de duda con el procedimiento ver [*] o contactar con los administradores u otros colegas).
4- La votación se llevará a cabo por todos los participantes registrados del blog, independientemente de su participación con trabajos en el concurso.
5- El voto individual será enviado por correo electrónico a la dirección villacimera@gmail.com. Sólo se considerarán los votos cuyas direcciones de e-mail figuren como registradas en el blog. Los votos serán escrutados por uno de los administradores del blog para determinar los tres ganadores (primer, segundo y tercer premio) por mayoría o empate. En caso de empate, se aplicará a tal fin el orden cronológico de presentación que tuvieron los trabajos en competición.
6- La fecha límite para participar con trabajos en el concurso es el 9 de junio de 2011 a medianoche (hora argentina) quedando fuera las obras presentadas más allá de esta fecha y hora, así como las que superen el límite de 2000 palabras.
7- Se podrá votar según el inciso 4 y 5 desde el día 10 hasta el 12 de junio a la medianoche (hora argentina).
8- Verificado el resultado, los cuentos ganadores serán oficialmente declarados en el transcurso del día 13 de junio.
9- El ganador del primer premio podrá elegir dos de los cuatro libros que desee entre las obras citadas en el inciso 10. El ganador del segundo premio, podrá optar por uno de los dos restantes, definiendo así el premio para el tercer ganador. En caso de empate, se aplicará a tal fin el orden cronológico de presentación que tuvieron los trabajos.
10- Los premios:
- Un ejemplar de La pasión según Carmela, de Marcos Aguinis
- Un ejemplar de El pintor de batallas, de Arturo Pérez Reverte
- Un ejemplar de La montaña del Alma, de Gao Xingjian
- Un ejemplar de la 1ra Antología de relatos, ensayos e ilustraciones del Premio Internacional de Editoriales Electrónicas, de autores varios.
[*] En la pantalla de edición en la que escribe o pega su cuento, abajo, a la derecha, en el recuadro en blanco después de “Etiquetas”, escribir 2° Concurso antes de publicar el trabajo.