Nadie puede evadir los pasos de ese corazón, que corre callado y carnicero. Ahí, donde no crece el dolor, donde no llega la sal, tu y yo buscaremos un hueco, para estar juntos. Hagamos con nuestras manos un nido duro, librado de culpas. Juguemos a querernos mucho, sin aturdir al verbo, y sin faltar a la verdad. Aquí ...en esta ciudad roída, donde todo enloquece, y se pierde.
El coro se hallaba ahí detrás, entonando la bella canción. De pronto llegó la cena. Y fue la primavera, recurrente y erótica, que se insinuó. Otra vez [una vez más].
domingo, 30 de septiembre de 2012
ESTIGMAS DEL AYER
(Un cuadro y un texto de Alejandro Costas)
Amanece. En la luna, un antepasado en contemplativa calma. Nos visita.
Un cacique, la tristeza y la melancolía en su rostro por un pasado arrebatado
con violencia. No descansa. Fue testigo de una matanza indiscriminada, por la
que aún nadie rindió cuenta.
Sabotearon una inmensa cultura y la extirparon injustamente del
continente. Con maldad infinita les impusieron nuevas normas de conducta, una
organización distinta y un Dios nuevo en el que no creían. Una cruz a la que
debían abrazarse. Y todo a la fuerza. A pura coacción y crueldad. Por imposición
violenta.
Los conquistadores, muy desapegados a las normas mínimas de higiene,
trajeron males propios del primer mundo. Los nativos, inermes, no sólo fueron
diezmados por intermedio de la violencia, sino por las enfermedades que
contrajeron, desconocidas hasta la honorable visita española. Se adueñó de ellos
la gripe, la tuberculosis y la viruela. Conocieron los catarros, las afecciones
pulmonares y las enfermedades venéreas. Se sucedieron epidemias y pestes. Y
pensar que creyeron que eran enviados de los dioses…
Para los aborígenes, la tierra no les pertenecía. Eran ellos los que
pertenecían a la tierra. Distinta concepción tenían los europeos quienes
pensaban que todo y todos les pertenecían, por el simple hecho de haberlo descubierto…
Cuanta más violencia, dolor y sometimiento desataba el conquistador, más
recompensa tenía de los Reyes de Europa. Cuanto más sangriento era y más daño
causaba, más jerarquía y reconocimiento adquiría. Curiosa
moral…
Almas crédulas, ayer, diezmadas. Aniquiladas. Avasalladas. Indios
sometidos al tormento, al atropello, a la barbarie. Sus descendientes de tez
morena y ojos pardos, hoy, sumidos en la indiferencia, tan cruel como aquella
conquista.
Aborígenes, cultura perdida. Final abrupto. Azotados injustamente.
Descubrir América? O… saquear América. Someter América. Esclavizar
América.
Pueblos originarios… cultores de la ciencia, el arte, la astronomía…
Agricultores pacíficos. Sabiduría infinita. Respeto supremo por las fuerzas de
la naturaleza. Dueños de un territorio del que hicieron un culto.
Como un falso reflejo en el agua, las tres carabelas de Colón. Con ellas
comenzó todo; con ellas terminó todo…
Dioses del ayer, como rayos, nos recuerdan sus inofensivas luchas, la
más ardua de todas: sobrevivir a la memoria. Son huellas del pasado. Son
estigmas del ayer…
Indios, Indígenas, Aborígenes, Pueblos originarios, Nativos, Naturales,
Autóctonos… simples eufemismos para no decir víctimas.
Colonización, descubrimiento, conquista, encuentro de dos culturas…
cuánto cuesta mencionar la palabra genocidio!
www.alejandrocostas.com.ar
PD: Alejandro me envió el cuadro y el texto por mail para que lo pusiera en nuestro blog. Si hacen click sobre la pintura, podràn apreciar los detalles que Alejandro describe en el texto. Espero que les guste como a mí.
Las respuestas afectuosas siempre serán razón y motivo de nuestras alegrías. Aunque cierta contravención parece existir, cuando alguien es llamado al retiro. En verdad, solo hay tres voces que pueden ser merecedoras del silencio: la voz de la poesía, la voz de la música y la voz del amor. Y no me creas tan poco cariñoso por esta forma de tregua; de hecho, eres testigo mudo, y mereces mi alianza. PERO, SI TÚ ME OBLIGAS A QUEDARME SIN TI… ¿NO TENGO DERECHO YO A DEJARTE SIN MI?
[A veces me concedo libertades. Y con ellas voy adonde quiero].
La mañana
estaba fresca. Ya no llovía pero ahora se sentía el viento frío del sur.
¡Adela!
-gritó Rocío, al mismo tiempo que
sostenía en su mano, el mate recién cebado. Al escuchar la respuesta de su
hermana continuó -anoche me levanté a las cuatro y al mirar por la ventana, lo
vi. Allí estaba de nuevo.
¡Ay, Rocío,
Rocío! ¿Se puede saber a qué mierda te levantás a las cuatro? -preguntó Adela.
-Me parece
que el Rozerem no me hace nada, voy a tener que cambiar de píldoras -reflexionó
Rocío en voz alta -y si no duermo bien, ando todo el día hecha una boluda. Pero
eso no es lo que quería contarte, si no que lo descubrí otra vez, al pobre
infeliz esperando en la vereda, frente al cabaret, por la calle Tres Sargentos.
¿Y qué
tiene de especial? -cuestionó Adela, y agregó – desde que falleció tu marido y
viniste a vivir conmigo, lo hemos visto varias veces, muy de madrugada, adosado
a esa pared.
-Lo que
tiene de especial, es que anoche llovía a cántaros sobre Buenos Aires -replicó
Rocío. Vi como corría el agua por la Tres Sargentos arrastrando todo a su paso,
hacia el bajo y casi se lo lleva a él también. ¿Te acordás que siempre estaba
fumando? ¡Ja! anoche la lluvia le
prohibió el cigarrillo! Te aseguro que de lejos, lo encuentro parecido al
finadito. Lo distinto es que mi marido usaba sombrero y hubiera podido fumar
bajo la lluvia ¿No te parece?.
-Dejate de
joder. Roci, si él jamás te esperó de madrugada y menos bajo la lluvia -apuntó
Adela.
-Eso es
cierto -admitió Rocío. Y yo tampoco “laburaba” en algún “pirigundin” cuando me
conoció. Y quedó abstraída, recordando, quizás, lo joven que era en aquel
tiempo, cuando entró a trabajar en el consultorio.
¡Pero que
“metedura” tiene con la mina esa! ¿Te acordás cuando la vimos la primera vez?
-preguntó Adela.
-“Sola,
fané y descangayada, la vi esta madrugada salir de un cabaret”, como dice el
tango, tal cual. ...¿Vos viste el auto importado del que se la levantó? Antes
de subir, le tiró dos besos al pobre tipo, uno para cada mejilla, al modo de
Sabina.
-“Fiera
venganza la del tiempo, que te hace ver deshecho, lo que uno amó” ¡Cómo me
gusta ese tango! y afirmó -todavía algo tendrá, que le gusta tanto a los
señores....
Qué querés
que te diga, a mí ese hombre, me da pena. Ni siquiera lo conozco, ni he visto
su sonrisa, pero esta noche no tomo la pastilla y mañana, aunque haya agua en
la calle -dijo Rocío -te juro que bajo y me lo levanto.
Esta Noche Me Emborracho. Tango – 1928 Enrique Santos Cadícamo._________________
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Hay vacilaciones que nos ponen impacientes. Eternas dudas sin resolver. Cuestiones que nunca serán aclaradas. Misteriosas delicias, que subsumen. Dos líneas en el tiempo, dos mundos paralelos, dos dimensiones encontradas. Y la eterna sensación de que estamos confinados a pasar juntos por lo mismo, pero en diferentes momentos. Bien vale una mirada piadosa, sobre todo aquello que nos resulte paradojal...
Siempre habrá una melodía capáz de rescatarte de esa agónica inquietud [de percibir silencios]
La mujer
entró casi corriendo a la oficina. El trajecito verde, el peinado impecable y
el maquillaje cuidado no alcanzaban para disimular completamente la tensión de
su rostro. Mientras se sentaba con un suspiro y encendía la computadora, su
secretaria le alcanzó el te de hierbas, como todas las mañanas.
Tres
jóvenes se aproximaron a su escritorio y le dieron el reporte del día. Hablaron
por turnos y el ceño de la mujer se fruncía cada vez más.
-¡NONO NONO
NONO NO! ¿Cómo que está faltando la pintura rosa? ¿Y ahora me avisan? ¡Llamen a
la fábrica a ver qué pasó! A ver, dame esos papeles. ¡Chicos, faltan cinco días!
Tenemos que resolver los problemas, no causarlos. ¡Ay! Me van a volver loca. Myriam,
querida ¿me alcanzarías otro té? Gracias.
Entre un ir
y venir de faxes, reclamos y gritos, el día terminó cuando ya hacía rato que el
sol se había escondido.
Día P menos 4
-El coro va
a ensayar en el auditorio, avisen a Seguridad que los dejen pasar... -Con un vestido
color limón y una chaqueta al tono, el cabello recogido con una cinta blanca, la
mujer iba y venía en un mar de teléfonos, carpetas y asistentes que trataban de
llamar su atención -. ¿Sequía? ¿Dónde? No podemos permitirnos una sequía.
Comunicame con el Departamento de Regadío. ¡Petrucci! ¿Qué pasó con el agua en el área uno? Bueno,
me lo solucionan. ¡YAAAAAAA! Myriam,
traeme más té por favor.
Día P menos 3
Sentada en
su escritorio,los puños de la mujer se iban cerrando lentamente mientras los
ojos se ajustaban como la mira de un rayo laser. Un cadete se alejaba con paso
rápido previendo el estallido.
-¡ROOOOODRIGUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEZ!
¿Qué es esto que me informan que todavía no nos entregaron los pimpollos? ¡Te
ocupás de esto ya mismo! Esta noche los quiero todos colocados, ¿entendiste?
TODOS. Mañana antes de entrar voy a pasar a revisar y mejor que no falte ninguno,
¿estamos? ¡Myriam, otro té!
Día P menos 2
El stress
le había dibujado ojeras que llegaban casi a las rodillas. El maquillaje era un
recuerdo y la ropa, una arruga viva. Agarraba el teléfono como si lo quisiera
estrangular.
-Ajá...
Msé... ¿Sabés qué pasa? Yo tengo que entregar pasado mañana y si vos no me das las cosas a tiempo, me
atraso. Y no puedo atrasarme ¿soy lo suficientemente clara? No-pue-do. ASÍ QUE ME ENTREGÁS LA PINTURA ROSA HOY MISMO
O TE OLVIDÁS DE NOSOTROS PARA LA PRÓXIMA TEMPORADA. -Colgó con un golpe furioso-
¡MYRIAM! ¡¿PARA CUANDO ESE TÉ?!
Día P menos 1
El pelo
parecía la melena de un león electrocutado y tomaba agua como un beduino
perdido en el desierto para poder seguir dando instrucciones con voz ronca. Con
una carpeta en la mano, iba tachando las tareas pendientes de una lista. La
secretaria la seguía con una taza de té en la mano, ya fría.
- ...OK... Coro,
OK. Pimpollos, OK. El rosa... ¡Menos mal! ¡OK! ¿El área uno cómo quedó?
Localizame la zona por satélite. ¿A ver? Bien, bien. -De pronto le cambió la
cara- ¿Por qué la zona sur no tiene amarillo? ¿QUÉ PASÓ CON EL AMARILLO? ¡Ah!
Gracias, siempre me olvido de ajustar el color de la pantalla. Myriam, largá
esa taza y llamá al técnico para la semana que viene. ¡Qué nervios! ¡Todos los
años es lo mismo! ¿Es que NUNCA podemos llegar tranquilos? -El tono cambió
hasta convertirse en un canto melodioso-. Chicos... ¡Gracias! Sé que fueron
unos días de locos y que mi humor no fue el mejor, pero llegamos. Mañana al
amanecer los espero a todos para el lanzamiento. Vayan, descansen. Se lo
merecen. Yo todavía tengo que ir a la peluquería, a la manicura, a la modista, al
pedicuro y a la masajista. Vayan, vayan. ¡Gracias!
Al día
siguiente, el "Día P", cuando la claridad empezaba a insinuarse por
el este, allí estaban todos reunidos, listos para el gran evento.
Un coro de
jilgueros y cardenales comenzó a entonar una melodía de Vivaldi.
Con la
túnica de seda, que disimulaba la falta de dobladillo al mezclarse con una
alfombra de pétalos multicolores, el gesto relajado en una sonrisa que era toda
calma y bienestar, las uñas brillantes recién pintadas y su cabellera roja
ondeando en la brisa de la mañana, como si no hubiera estado en la peluquería
hasta apenas una hora antes, la Primavera se deslizó por el primer rayo de sol
que alumbraba el área uno y dio orden de que se abrieran las flores.
Como todas las noches, poco antes de cenar, María encendió la lámpara del pequeño jardín. Al instante, un insecto comenzó a girar a su alrededor. Luego se acercó otro, y otro, y otro más.
Como todas las noches, poco antes de cenar, María creaba un universo.
Gentes, seguimos renovando. Cambié la foto, porque creo que la que estaba ya no nos representa, y la reemplacé por un cuadro del artista argentino Alejandro Costas que se llama "El pueblo que nació de aquella melodía". Generosamente Alejandro me autorizó a ponerla en nuestro blog. ¡Muchisisisisisisisisisisisimas gracias Alejandro! Les recomiendo visitar su página (está el link acá al costadito, en el cuadro de "Reconocimiento") y ver el resto de sus obras, una más linda que otra. Espero que les guste el cambio. Greis
El ómnibus
detenido en un hotel de Retiro espera a
treinta mujeres españolas que
llegaron a Buenos Aires para participar del IIº Congreso por los Derechos Cívicos de la Mujer. Habían
contratado para esa tarde de sábado,
una visita guiada a la bóveda del Cementerio de la Recoleta
dónde descansan los restos de María Eva
Duarte.
Ubicadas las damas en sus respectivos asientos, la guía tomo el micrófono y dijo:
-Hola Buenas tardes. Les doy la bienvenida a Buenos Aires. Yo soy
Nancy , el es Mario y las voy a
acompañar al Cementerio de la Recoleta para ver la Bóveda 42 de Evita, como la
llamamos los argentinos y el mundo.
Entonces el bus se llena de tango. Por sobre los
acordes del bandoneón que perteneció al Gordo Troilo, y que los hace el mismo Piazzolla, se escucha
la voz de Eladia:
ARGENTINA -
BUENOS AIRES
“Me sucedo en su sangre,
lo adivino.
Y presiento en mi voz, su
propio eco.
Esta voz que una vez, me
sonó a hueco
Cuando le dije; Adiós “Nonino.”
El ómnibus tomó hacia el centro y dobló por Balcarce .
-Esta es la Plaza de Mayo y a la derecha la Casa Rosada
- dijo la guía.
-¡Ese es el balcón de
Evita! -exclamó una pasajera y con
preciosa voz y buen acento español
comenzó a cantar:
“No llores por mi
Argentina,
mi alma está contigo.
Mi vida entera te la
dedico
no te alejes, te necesito...”
A Evita la vi en el año 47
en la Plaza Oriente de Madrid -dijo una
mujer mayor -y agregó -siempre recuerdo cuando le contestó a la
señora del caudillo “su marido no es un gobernante por los votos del Pueblo
sino por imposición de una victoria”
Solo se animó a romper el
silencio una de las señoras al preguntar mirando la Plaza de Mayo vacía -¿Y las Madres? -Los jueves -respondió
Nancy, -pero no se olviden que ahora
vivimos en democracia...ya casi no vienen...
-¡Pues si,
que esas mujeres tenían coraje ...y otra cosa! -exclamó la española.
El bus dobló por la
calle México. -Esa era la Biblioteca Nacional
-señaló la guía -Jorge Luis
Borges fue su director durante muchos
años y precisamente allí escribió su poema “Dones,” cuando resignado
se dio cuenta que se estaba quedando ciego...
Nancy tenía sus ojos
azules abrillantados cuando en un susurro,
casi para sí, recitó;
“Nadie rebaje a lágrima o
reproche
esta declaración de la
maestría
de Dios, que con magnífica
ironía
me dio a la vez los libros
y la noche.”
“De esta ciudad de libros
hizo dueños
a unos ojos sin luz, que
sólo pueden
leer en las bibliotecas de
los sueños
los insensatos párrafos
que ceden
las albas en su afán. En
vano el día
les prodiga sus libros
infinitos,
arduos como los arduos
manuscritos,
que perecieron en
Alejandría”.
Recorrió el bus
la calle Junín hasta detenerse
en el 1760. -Bien, aquí estamos
señoras, en el cementerio de la
Recoleta. Construido sobre tierras
donadas por Juan de Garay, segundo
fundador de la ciudad de Buenos Aires a Rodrigo Ortiz de Zárate. Luego se
instaló aquí el convento de los frailes recoletos... –Sí, descansen en Paz – le tradujo a una española que leía en
latín “Resquiescant in Pace” por encima de su hombro.
Cuando quiso retomar el
relato ya las mujeres entraban al cementerio.
Avanzaron por la calle
central sin detenerse ante el Cristo Redentor.
Algunas se persignaron.
Esta bóveda de enfrente pertenece a la familia
Roverano -dijo Nancy -allí
pueden ver la escultura que representa a un joven inmigrante, uno de los
tantos que poblaron Argentina.
-Parece un gallego, ¿Roverano era español ? preguntó una
señora. -No lo sé - dijo la guía -pero en Buenos Aires hay un pasaje llamado Roverano y está en la
Avenida de Mayo. Ese es un paseo que
les recomiendo hacer -agregó –caminar
por la más española de todas las
avenidas.
-Finalmente el féretro con
el cuerpo trashumante de Evita descansa
aquí, en Argentina -dijo Nancy -en la bóveda 42, que pertenece a su familia.
Permanecieron un instante
en absoluto silencio. Después algunas rezaron el Padre Nuestro y el Ave María
al mismo tiempo que colocaban flores rojas y amarillas y celestes y blancas.
Con sincera devoción cada una tocó con sus manos la imagen de
Evita, tal como lo hacen los peregrinos en Santiago de Compostela tocando la estatua del Santo.
Una
de las mujeres preguntó: - ¿Hay fantasmas en el cementerio?
-Sí
señora -respondió Nancy -pero
no por esta zona. ¿Vamos
saliendo?
Otra vez en el bus un tango de la gata Varela, que se
deja y no se deja, dice con su voz grave como un do de bandoneón ;
Ya da la noche a la cancel
su piel de ojera
Ya moja el aire su pincel
y hace con él la primavera
¿Pero qué?
si están tus cosas pero tú
no estás
porque eres algo para
todos, ya
como un desnudo de
vidriera...
¡Luche a tu lado, para ti,
por Dios y te perdí!
El bus enfila hacia el
bajo.
Dobla por Leandro N. Alem
hacia el hotel.
En un
paredón escrito con gruesas letras en tinta negra se lee: “Viva el Che”. Y con tinta roja, roja “Todo está guardado en la
memoria”.
Un poco apresurado, pero después de tanta lluvia quería poner algo primaveral (por eso también le "cambié la cara al blog").
Espero que les guste este paseo por la infancia
Y por si quieren algo más serio, les dejo el vals de Strauss "Voces de primavera"