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viernes, 2 de diciembre de 2011

Sobrevolando Consignas


Bandada de recuerdos

Vuelan juntas, conversan. Cuando dejan de reír, de contarse cosas, temen y hacen silencio. Entonces se escucha el viento y el aleteo.

Cerca está la bruma, la oscuridad, los golpes con las nubes cargadas, no son la fuente del temor. Por eso siguen volando juntas, porque saben porqué callan y cuando es el momento de volver a contarse y reírse con algo.

Por sus ojos comprendí que me mentía

De pronto, por sus ojos comprendí que me mentía. Y caí en la cuenta que a mi también se me debe notar que miento todo el tiempo.

Los días felices

Encuentro gente que enumera mis días felices. Como siempre ocurre, son cosa que les quedaron grabadas a ellos por algo admirable o imposible de revivir por si mismos, las vidas ajenas suelen tener un brillo o una luz característica que nunca las abandona.

martes, 9 de agosto de 2011

Sobrevolando Consignas (2)


Inevitable Declinación

Le iba mal, increíblemente mal, de una manera indescriptible, como para avergonzar a quien tiene un repertorio con las peores desgracias.

Pero las modas no perduran y lentamente hubo ganados por el descreimiento, la duda y cerca del final lo peor, la indiferencia.

En plena declinación, a punto de pasar a otra cosa, lo salvó el asombro.

Se acabaron los Porotos.

Escuchó una voz que le decía: Una sola oveja dondequiera encuentra hierba.

¿Se habrá arrepentido?

El día que desapareció el Obelisco.

Así se promocionaba. Pero la gente quedó extasiada cuando lo reflejó un espejo deformante colosal. Se olvidaron del espectáculo de la desaparición.

Negocio redondo para el mago, por un fallido consiguió un éxito. Se entusiasmó.

En el primer punto de una gira que iba a ser mundial, fue abucheado y en medio de un escándalo suspendió la representación.

Otro público, otro obelisco.

Cuando llora el Limonero

No se mueve ni una hoja pero cada gota que cae al suelo es una palabra al lado de la otra: “Si venís a consolarme ya no hay mal que consolar…”

domingo, 7 de agosto de 2011

Sobrevolando Consignas (1)


El Lápiz de Corcho

Érase un lápiz que negábase a escribir nada sólido que hubiera de permanecer. No tuvo más remedio que elegir la soledad y entregose a la pasión solipsista de la escritura sin ton ni son.

La Muerte de la muerte

Muerte, no nos abandones, no nos prives del recato, del silencio, del murmullo de la melodía que viene por ráfagas de una luz distante.

Un Amor puede ocultar otro

Alejado de mi por kilómetros de olvido a veces escucho su ruego. No contesto. En sueños me observo exigiéndole que no me moleste, hay mil reencarnaciones posibles y no es su hora. Me contesta que solo hay diez y voy por la novena.

Autorretrato de un Tímido.

Soy la viva imagen de mi tío Francisco. Que es decir la de mi padre. No me pregunten como era. ¿Acaso no les sobra con mi pinta estrafalaria sin falsos aditamentos?

lunes, 1 de agosto de 2011

Museo del Ingenio y la Producción Cimereña



























Con libros de lectura como este de 1914, se educaron bisabuelos y tatarabuelos de los actuales Cimereños.

Vaya con estas imágenes, un ejemplo de lo que despliegan las 240 páginas al ansia de saber de los alumnos, y a la pasión por formar las generaciones del mañana de aquellos maestros.

Visítenos en nuestro local temporario de la estación en el horario de 14 a 18 hs.

La Comisión de Fomento.

“Mens Agitat Molem”

jueves, 21 de julio de 2011

Museo del Ingenio y la Producción Cimereña







































En nuestra villa se han instalado imprentas desde las más lejanas épocas. Nos cuentan testigos o parientes de aquellos, que el desarrollo floreciente tomó impulso a partir de los llamados a principios del siglo XX “semiimpresos”.

Empresas editoras importantes facilitaban a las menores, casi siempre pequeños talleres, páginas, diez o más, impresas de un solo lado con publicidad mas fotos y otras filigranas imposibles para sus modestos medios. Tenían el otro lado para volcar la información local y la difusión comercial de su clientela. El resultado era atractivo, deseable para el lector, con la ventaja de abaratar el papel hasta en un 50% por la misma disponibilidad que el otro en blanco (caro de por sí).

De ese incentivo a la pequeña industria, derivó el desarrollo de algunos que lo aprovecharon bien, pertrecharon sus talleres con lo último en maquinaria y hasta lograron de manera directa encargos importantes de firmas hoy de renombre.

De 1925 es el ejemplo, se trata de una compañía de chocolates que eligió Cimera para la impresión de miles de librillos que acompañarían en un mismo plano de importancia las cajas de sus delicias. Una idea excelente.

Chocolates y lectura, conjunción placentera de todo tiempo y lugar.

Pasen y vean.

¡Felicidades en su día a todos nuestros numerosos amigos!

La comisión de fomento.


miércoles, 13 de julio de 2011

Museo del Ingenio y la Producción Cimereña

En oportunidad de anunciar en este sitio de la existencia de nuestro museo, un lector que se identificó como Lulú manifestó su deseo de conocer más del simpático librito de estudios en exposición.

Sabemos de la experiencia sin par del contacto directo con este objeto único que todavía denominamos libro, aún así copiamos para ella y otros interesados si los hubiera algunas páginas.

Esperamos que les sea de provecho mientras preparamos algunas otras vistas que quizás despierten vuestra curiosidad.

La Comisión de Fomento.






domingo, 3 de julio de 2011

Museo Del Ingenio y La Producción Cimereña





Es un simpático museo, por el momento con unas pocas vitrinas y materiales que van acercando generosos lugareños y hasta antiguos habitantes que eligieron otrora destinos distantes para instalar su nuevo hogar. Su ubicación provisoria es el de la antigua oficina de cargas de la estación ferroviaria.

Para la ocasión, inaugurando esta muestra fotográfica de las existencias, presentamos las denominadas por su autor “m.y m.”, fallida denominación de origen para las “manzanas mínimas” creadas por el productor frutícola Donars. No pudo patentar su creación con ese nombre por estar protegida la denominación por una importante compañía de alimentos. Desde entonces luchó (sin suerte) por evitar que sus diminutas “Malus domesticas” fueran bautizadas como “manzanitas”. Se exportan a varios países del orbe y a pesar de los descalabros financieros internacionales la demanda se sostiene apoyada en una combinación de factores entre los que no se descarta lo singular y exclusivo de la variedad botánica conseguida.

El segundo ejemplo se encuentra en la sala B y se trata de un banquito construido en 1915 con el envase de madera de un producto de ultramarinos, como se puede comprobar en una de las tres fotografías. El resultado es una pieza plegable de hermosa factura y de enorme interés. Saludemos a este fascinante constructor que culminó su obra en un receso invernal del colegio y contando solo 8 años de edad.

También acercamos otra pieza interesante, se trata del libro de texto usado en 1915 por aquel jovencito llamado a edad tan temprana al gusto por el personal diseño y construcción de objetos prácticos y armoniosos.

Comisión Vecinal de Fomento.

viernes, 3 de junio de 2011

CAP.11: DE COMPRAS

Dora, la enfermera, ama viajar al pueblo grande distante 100 km para respirar otro aire que el de la villa. Le gusta ser invitada por el vecino de mesa , el adicionista del restaurant, y hasta por el médico de emergencias que en ocasión de un accidente callejero, conoció y fue quien mas le duró.

Pasó del interés por el despliegue y la destreza, a la charla animada personal con el médico joven, aspecto desaliñado del intelectual convencional y bien parecido.

Un tipo raro para la villa pero no infrecuente para la ciudad.

Apenas intimar y pasarlo divertida, el muchacho dibujaba volutas hacia el techo de la habitación y se despachaba entre otras contra las vulgaridades que trascendían de las confesiones de Dora.

“Los ignorantes prefieren a menudo no saber que lo que prejuzgan como trompadas,martillazos, palazos, son solo muescas,elevaciones,rupturas naturales necesarias para el movimiento de los huesos”.

Hoy Dora suele dormirse recordando la enumeración erótica de los cálidos accidentes que su anatomía reservaba para esas manos fuertes y esa boca húmeda.

“Troquiter mayor del húmero,fosa intraespinosa del omóplato, trocánter mayor del fémur,escotadura ciática mayor, tuberosidad isquiática…”

Pero Dora está en la villa,es una de tantas que se corresponde en el gesto y el ademán con cualquiera de la villa.

Entonces no se resiste cuando escucha que la nena muerta en el incendio fue vista paseando en la capital de la mano de Ernesto, bajando una escalera del shopping.Que vestía zapatitos flamantes,pantalones pinzados recién comprados.

Contra las recomendaciones del noviecito médico,despechada quizás, agrega que sí,que a ella también le pareció verlos y no solo a ellos, también a la vieja, tomando los tres café en el Habana, retrocedió y ya no estaban, Pero de espaldas en un cajero automático no podría ser otro que Ernesto y la ¿Brigit?, una espalda inconfundible…

Mas tarde se arrepiente aunque como adicta irrecuperable gozó con los ojos desorbitados de los oyentes.

Al día siguiente le dio resaca culpable.

Se sintió una estúpida.

martes, 22 de marzo de 2011

SOLIDÄO

-Te falta educación vocal, no manejas bien el aire y en tu puta vida hiciste escalas ni siquiera calentaste haciendo doremi, pero tenés impostación natural y buen oído. Hay cosas que ya no vas a poder hacer como por ejemplo cazar esta nota después de esta, ¿oís? No es por cabeza dura o que de golpe se te fue el oído a la mierda, claro que no…Bueno en realidad algo de eso hay, ¿Sabés lo que es la sinapsis? ¿Si? Bueno, todo se relaciona con todo, como se suele decir el uso hace al órgano, algo así, venís mas o menos bien haciendo escala y de golpe no entendés, te desconectás igual que la mujer que entró antes que vos y no cazaba una porque tiene un cigarro en la oreja. La pobre, bah, pobre relativamente, nunca hizo sinapsis porque lo de ella no es esto, quiere esto, ama esto pero sus células se encargaron de otra cosa, hicieron sinapsis otras, estas durmieron o, que se yo, nunca las tuvo. La desgracia es que yo no puedo decirle eso, yo tengo que decirle que lo suyo es cuestión de trabajo, esto queda entre nosotros. Tarea imposible, vos podés hacer un puente eléctrico para traer luz a una habitación que no tiene instalación, pero acá no hay tutía. Con ella no puedo hacer como el doctor Frankenstein y cambiarle las cuerdas vocales, porque el problema no tiene un pito que ver con eso, se trata de conexiones, y pura química, una cosa extraordinaria, la gente, nosotros, no tenemos idea de la cantidad de procesos complejos y sutiles que son el alma y el cuerpo de esta nota cuando conseguís emitirla. ¿Pero a qué iba? Sí que en vos esta nota y seguido este sostenido, se te perdió, lo perdiste. Si se fue, se perdió, entonces será como un diente que perdiste. Y si es una muela que tiene una carie y con un conducto la salvamos, veremos.
Pero no te preocupés con las maquinas se simula casi todo. Estamos hablando de lo que es, de lo que está, porque si no terminamos siempre hablando de resultados mediados no por la propia técnica sino por una técnica ajena y entonces chau, dejemos de existir, dejemos acotado lo real a un escenario lírico, al piano del living de casa,a la ducha. ¿Se entiende?
-Entiendo, y que hay del repertorio…
-El repertorio lo trabajás de a poco si querés algo pulido que saque lo mejor de vos y, fundamental, el arreglo. Del arreglo depende la sobrevivencia de una versión, empezamos con dos, los temas siguientes irán mas rápido, son poco frecuentados estos dos que te elegí de acuerdo a lo que vos pedís y lo que yo juzgo de lo que podés realmente, blablabla, trabajamos limpio para que en el vivo no cambie demasiado blablablabla, tu actitud blablabla, “Llorando por dentro” y “Solidäo”.
“Llorando por dentro” no es que no me gustó, me pareció que no cumplía con la exigencia de ser una canción poco frecuentada por los músicos de esta época, pero no quise discutir. El contrato ya estaba firmado. El hombre sabía su trabajo, apabullaba con su determinación y elegí dejarme llevar.
Putié a Tina primero pero después fui justo y entonces me putié a mí. Yo era el culpable.
¿ Porqué no hacerlo a mi manera en lugar de deslindar en otro/a que se supone que tiene conocimiento del medio porque aparece el imperativo social del especialista y debo transitar los caminos reconocidos?
¿No es suficiente acaso con participar de comidas institucionales en los que debo hacer hincapié en el conocimiento de los territorios que no me son permitidos y pido entonces perdón por el atrevimiento de incursionar aunque me chupen un huevo los supuestos prestigios?
Recurrir a Tina no me pareció una buena idea y me amargó toda la tarde.
También casi todo el día siguiente. Digo casi todo porque al mediodía todavía obnubilado por la bronca, me puse a repasar la historia.
Yo quería hacer un disco con veinte canciones.
Un día de invierno del año pasado no podía decir una frase completa por la ronquera que me afectaba. No puedo tomar nada que tenga cubos de hielo y de visita en lo de Gerardo la novia me sirvió un whiskey con tres tremendos cubos de hielo sin siquiera preguntarme como lo quería.
La ronquera me duró lo suficiente como para pensar que disponía de una buena voz y algún día dejaría de tenerla. ¿Por qué no grabar un disco? Y con canciones, buenas canciones que o ya pocos cantan o hay generaciones nuevas que se criaron sin ellas. Y ahí aparece Tina, que trabaja de administrativa en una productora independiente y el rollo conocido. Como cuando escribí un ensayo sobre la capacidad de regeneración en el mundo vegetal y se me ocurrió acercarle el borrador a un tipo con una abundante producción. Me lo devolvió con tantas correcciones y consideraciones sobre como encarar tal tema y eliminar tales capítulos (además de reemplazarme toda la bibliografía) que habiendo perdido toda motivación cancelé el proyecto.
Antes dije que me amargó CASI todo el día siguiente.
Es que de pronto caí en que “Solidäo” de Dolores Durán yo no la conocía. Me puse a buscar.
Una canción perfecta que hasta yo había olvidado. Desde el primer acorde me sentí de nuevo en el barrio de Botafogo en Río donde fuimos a vivir a principios de los años 60. Yo no paraba en casa porque siempre mamá lloraba por la ausencia de mi impiadoso padre que saltaba de mujer en mujer y nunca traía a casa ni un ramo de flores. Mi madre gastaba la púa interminablemente con esta canción. Y hasta acompañaba la letra a los gritos desde el patio del consorcio cuando tendía la ropa. Y también cuando lloraba acostada boca abajo en la pieza oscurecida.
Pero mi madre ya se olvidó o por lo menos así parece; me dice no recordarla cuando le coloco los audífonos.
Me dice que tiene sueño, me devuelve los audífonos, me pide que baje la persiana y se acuesta boca abajo.
Fuera del cuarto también hace calor, este mes de marzo porteño parece carioca.
http://www.youtube.com/watch?v=WR59yE0w2P8